Texto por
>> Ana Clara Duarte Gavião

Los ancestros de Roosevelt Cassorla fueron expulsados de Andalucía en 1492 por la Inquisición católica. Allí aún existe la ciudad Cazorla. La fuga hacia los Balcanes y la supervivencia por casi 500 años como una minoría orgullosa de las tradiciones sefardíes, entre ellas el idioma español, forman parte de sus mitos infantiles. A los cuales se agregó la saga de la migración de sus padres a América (Argentina y Chile) y las adversidades que enfrentaron al integrarse, pero sin someterse, a grupos mayoritarios.

Cassorla nació en Temuco, Chile. La pérdida precoz de su padre lo obligó a emigrar, a los 7 años de edad, a São Paulo – Brasil. Como extranjero, revivió las batallas míticas transgeneracionales. Su nombre, Roosevelt, dado por su padre en honor al presidente que enfrentó a los nazis, se convirtió en el estigma positivo – tendría que luchar, siempre, contra factores letales. El autor cuenta que esa omnipotencia fue modificada creativamente mediante el análisis personal, transformando su exagerada capacidad de indignación en poder y humor que, según él, son lo suficientemente creativos “cuando no retoman su rasgo saboteador”. Cassorla valora, en esos aspectos, la cultura sefardí.

La medicina era la elección profesional obvia para lidiar con el sufrimiento y la muerte. Curar a enfermos, sin embargo, era muy poco. Había que “curar” a la Sociedad y en esa lucha Cassorla estaba acompañado por muchos otros jóvenes idealistas que se unieron a las recetas ideológicas supuestamente infalibles.

Se dedicó a la Salud Pública y luego fue profesor en el Departamento de Medicina Preventiva y Social de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNICAMP (Universidad Estadual de Campinas). Profundizó sus estudios en Epidemiología y Ciencias Sociales aplicadas a la Salud e implantó el primer Programa Comunitario de esta universidad en la década de 1970. Como se vivía la dictadura militar en Brasil, trabajar con la comunidad era una actividad considerada sospechosa – tanto por la derecha como por cierta izquierda. En su candidez de joven, Cassorla se sentía atrapado. Por esa sensación buscó el análisis personal. Desde entonces su curiosidad por fenómenos emocionales se volvió una prioridad.

Durante sus estudios de Psiquiatría y Psicoanálisis, hizo su transferencia al Departamento de Psicología Médica y Psiquiatría, en la misma Facultad de Ciencias Médicas. Tras coordinar el sector de Medicina Psicosomática y ejercer la docencia en Psiquiatría y Psicología Médica, sustentó su Doctorado en 1981 con la tesis “Jóvenes que intentan suicidarse”.

Ese tema lo acompañaba desde el curso de medicina donde se cuestionaba el maltrato, por el equipo de salud, de las adolescentes estigmatizadas como “histéricas” que intentaban suicidarse. Realizó un estudio epidemiológico tipo caso-control, donde los casos fueron comparados con jóvenes supuestamente normales y jóvenes con diagnósticos psiquiátricos sin pensamientos de suicidio. Cassorla consideraba que su estudio epidemiológico estadístico era muy pobre comparado con la parte de su tesis que relataba los casos clínicos.

Gracias a sus investigaciones planteó la hipótesis que las “histéricas” sufrían, en realidad, de temores de aniquilamiento y que reaccionaban cuando una relación simbiótica defensiva amenazaba con romperse. Sin saber, el autor fue conducido a lo que, posteriormente, sería su asunto predilecto: Cómo las estructuras defensivas se constituyen y se manifiestan controlando el objeto, tanto en la fantasía como en la realidad. Estos aspectos serán desarrollados, posteriormente, en estudios sobre hechos ocurridos en el campo analítico, pero Cassorla los extiende también a relaciones grupales y sociales más amplias.

Ante esta experiencia el autor abandona los estudios epidemiológicos cuantitativos y se dedica a estudios cualitativos y psicoanalíticos. Asume el liderazgo en la creación de un Curso de Postgrado en Salud Mental, el primero en el país donde una Facultad de Medicina acepta profesionales no médicos. Cassorla es orientador de tesis y publica los libros: “¿Qué es el suicidio?” (1984), “Sobre la muerte: estudios brasileños” (1991) y “Sobre el suicidio: estudios brasileños” (1991), estos como recopilación de trabajos, muchos de ellos de sus alumnos asesorados.

Paralelamente se dedica a la interconsulta médico psiquiátrica y a la coordinación de grupos Balint, actividades que abandona, gradualmente, por la dedicación que exige el psicoanálisis clínico, pero Cassorla no interrumpe su último grupo Balint, vigente desde hace 12 años, con los mismos médicos. Considera esta actividad una de las más gratificantes.

El autor realizó estudios de postdoctorado en la universidad de Barcelona, y asistió también a la Sociedad Española de Psicoanálisis. En 1989, en Brasil, se sometió a convocatoria para Professor Livre Docente y en 1993 para Professor Titular. Paralelamente, se formaba como psicoanalista.

En 1983 inició su formación psicoanalítica en la Sociedad Brasileña de Psicoanálisis de São Paulo (SBPSP)[1]. Se volvió Miembro Asociado (1989), Miembro Efectivo (1992) y Analista Didacta (1997). Paralelamente participó del Núcleo de Psicoanálisis de Campinas, donde vive, actualmente Grupo de Estudios de IPA[2]. En 2003 dejó su cargo universitario para dedicarse enteramente al psicoanálisis, pero sigue colaborando con la universidad como Profesor Titular Invitado. Mantiene sus actividades de supervisor de Residentes de Psiquiatría y de un Servicio que creó en 1996 orientado a la atención de estudiantes de Medicina que enfrentan problemas emocionales. Este Servicio actualmente atiende a todos los estudiantes, practicantes y residentes del área de Salud de la Universidad.

Cassorla tiene, hasta el momento (junio de 2016), 118 publicaciones en Revistas Científicas y 70 capítulos de libros. Sus principales trabajos fueron publicados en el libro “O psicanalista, o teatro dos sonhos e a clínica do enactment”, en portugués, por la editorial Karnac. La versión en inglés está siendo preparada. Es uno de los editores del libro “Advances in Contemporary Psychoanalytic Field Theory: Concept and Future Development” junto con  Montana Katz y Giuseppe Civitarese. Asimismo, tiene otros tres libros publicados.

Fue premiado 8 veces por textos psicoanalíticos por la Universidad, por las Federaciones Latinoamericana y Brasileña de Psicoanálisis, y por la International Psychoanalytic Association. Entre los premios que ha recibido se cuentan el “Parthenope Bion Talamo Prize”, en la Conferencia Bion in Boston (2009) y el “Best Research Paper on Symbolization”, en el Congreso de IPA del 2013, en Praga.

El autor es miembro del Consejo Editorial de 6 revistas psicoanalíticas, y el Consejo Latinoamericano del International Journal of Psychoanalysis el Consejo de la revista Psychoanalytic Quarterly, en español. Es miembro del Comité Asesor del Diccionario Enciclopédico de Psicoanálisis, que está siendo elaborado por IPA y uno de sus autores. Es Fellow del College del International Journal of Psychoanalysis. Es Profesor, Supervisor y Analista Didacta de SBPSP y del Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Campinas (GEPCampinas). En este Grupo es Secretario de Calificación y Evaluación Didáctica. Es también Asesor y Profesor de Cursos de Especialización. Ha colaborado con varias Sociedades psicoanalíticas brasileñas y de América Latina y, también, como invitado para impartir seminarios en Grupos de Estudio del Instituto Latinoamericano de Psicoanálisis (ILAP).

Además de Profesor, Supervisor y Analista Didacta de la SBPSP, es Asesor y Profesor de varios cursos de especialización. Fue, en varias ocasiones, miembro de las Comisiones de Enseñanza, de Calificación de Miembros y de Calificación de Didactas de su Sociedad. Fue también Miembro de los Comités de Investigación de FEPAL[3] y de la Federación Brasileña de Psicoanálisis. Cassorla siente una satisfacción especial por haber sido escogido padrino por el primer grupo de candidatos de la Sociedad Psicoanalítica de Minas Gerais.

Cassorla concluye su relato advirtiendo sobre el peligro que corre el psicoanalista de dejarse dominar por dogmatismos y adicciones a escuelas o grupos psicoanalíticos “dueños de la verdad”. Señala que el psicoanalista debe estar siempre alerta para identificar los sabotajes a la capacidad de pensar. Cassorla se preocupa también por la idealización del psicoanálisis. Y cita la afirmación atribuida a Bion: “un ladrón analizado posiblemente se volverá un mejor ladrón”.

[1] Solo la sigla será utilizada en otros pasajes del texto.

[2] Asociación Internacional de Psicoanálisis.

[3] Federación Psicoanalítica de América Latina.

Las principales contribuciones de Cassorla al pensamiento psicoanalítico contemporáneo se caracterizan por la sistematización del campo teórico sobre el concepto de enactment, relacionado con conceptos actuales de contratransferencia e identificación proyectiva y con la evolución en técnica favorecidos por la teoría del pensamiento de Bion. Inevitablemente, Cassorla tuvo que profundizarse en el estudio de los procesos de simbolización, y su interés en la teoría de la técnica lo ha llevado a trabajar con las vicisitudes de estos procesos en el campo analítico.

Seguimos en sus textos la metapsicología de Freud evolucionando en la literatura psicoanalítica para alcances microscópicos de fenómenos intersubjetivos en áreas lesionadas traumáticamente, con la capacidad de simbolización dañada. Sus formulaciones instrumentalizan el acceso a esas áreas más profundas y adoloridas de la mente, como muestra el conjunto de sus reflexiones acerca del trauma.

Comenzando por revisiones conceptuales sobre enactment, el autor explora sus orígenes en la clínica de las neurosis hasta los avances más recientes en la clínica de las psicosis y borderline.

Resumiendo, desde el punto de vista de la técnica, se evidencian aproximaciones entre el enfoque intrapsíquico clásico y la visión contemporánea de la intersubjetividad; las primeras ideas de Freud sobre transferencia como repetición o acting y la valoración de la contratransferencia y de los enactments; la comunicación por asociación libre/atención fluctuante y por identificación proyectiva/rêverie; la regla de la abstinencia y la persona “real” del analista; influencias del vértice moral y mayor libertad en el vértice investigativo.

En términos metapsicológicos vemos las relaciones entre sueños, función-alfa, el soñar del sueño y de la vigilia, pulsión de muerte, compulsión a la repetición, reversión de la función-alfa, el complejo de Edipo, luto y melancolía y los aprisionamientos fusionales de los enactments.

Entre sus aportes originales, destacan:

  • El concepto de “identificaciones proyectivas cruzadas”.
  • El modelo del teatro en la sala de análisis.
  • Semántica del término enactment: del descriptivo al conceptual.
  • Clasificación de los enactments: normales y patológicos, crónicos y agudos.
  • Los conceptos de “sueño-de-dos”, “no-sueño” y “no-sueño-de-dos”. [1]
  • El concepto de “función-alfa implícita”.
  • Vicisitudes de los procesos de simbolización y de no-simbolización.
  • La importancia de la persona “real” del analista.
  • La validación clínica en psicoanálisis.

 

a) Primeras realizaciones

La producción científica del autor revela características del “estigma del nombre Roosevelt” en sus diversas líneas de investigación, es decir, el interés por las manifestaciones de la pulsión de muerte y por la creación de continente para elaborarlas.

Vemos tales motivaciones ya en sus primeros estudios académicos sobre suicidio (1978, 1979, 1980, 1983, 1984, 1985, 1987, 1988, 1989, 1991, 1995, 1997, 1998, 2000, 2004, 2005, 2010), reacciones de aniversario (1982, 1986, 1991, 2010), muerte y terminalidad (1983, 1991, 1992, 1995, 1999, 2001, 2003, 2004, 2007, 2009, 2010), mitos (1991, 1993, 1995, 1996, 1998, 1999, 2003, 2005, 2007, 2008, 2010), sociedad (1984, 1992, 1997, 1998, 2000, 2002, 2005, 2010), estudios técnicos (de 1991 a 2011), así como en las teorización inicial sobre lo que, posteriormente, serán considerados enactments en la clínica para adolescentes (1982, 1983, 1985, 1991, 1995, 1997).

Desde los 80 y más sistemáticamente en la última década Cassorla profundizó sus investigaciones sobre identificación proyectiva y comunicación inconsciente entre los miembros de la díada analítica.

 

b) Identificación proyectiva e identificaciones proyectivas cruzadas

En un artículo de 1997[2] se evidencia la riqueza de elaboración del autor sobre la turbulencia emocional del adolescente, estableciendo las bases para la clínica borderline: los conceptos de identificación, identificación proyectiva e identificación introyectiva culminan en la conceptualización de las “identificaciones proyectivas cruzadas”.

En las relaciones objetales precoces las identificaciones introyectivas con el “pecho bueno” son indispensables para el sentido de cohesión del self. Cuando predominan las identificaciones con los “objetos malos”, se intensifican las fantasías de eliminarlos a través de descargas, restringiendo el interjuego proyectivo-introyectivo a un funcionamiento evacuativo movido por identificaciones proyectivas[3].

Al enfocarse en los efectos de esas relaciones objetales primigenias en la adolescencia – la última oportunidad para una reestructuración, generalmente – el autor evidencia que repercute durante toda la vida.

Considerando la formulación kleiniana de la identificación proyectiva como fantasía esquizoparanoide, donde las partes indeseadas del self y de los objetos internos son separadas y controladas en el objeto dentro del cual son proyectadas, Cassorla enfatiza que calificativos como “excesiva”, “masiva” o “patológica” no se refieren a cantidades, sino a su naturaleza primigenia, omnipotente y a la finalidad sádica, destructiva.

También considera la calidad de comunicación de la identificación proyectiva, que estimula al receptor a notar las emociones del emisor, base de la empatía. Retoma conceptos como “contraidentificación proyectiva” de Grinberg[4], “identificaciones concordantes y complementarias” de Racker, “continente-contenido” de Bion, entre otros.[5]

La denominación “identificaciones proyectivas cruzadas” surge de la aguda percepción clínica ante las externalizaciones/internalizaciones de elementos beta, con roles de emisor/receptor que simultáneamente se invierten. Estos procesos son comunicativos, pero, cuando son masivos, involucran intrusión, fusión. La noción de “cruzamiento” realza la intersubjetividad del fenómeno, mucho más “intrincado” y veloz que un simple “ping-pong” de afectos.

Observamos el cuidado del autor en diferenciar contraidentificaciones proyectivas (reacciones del analista sin interferencia de sus conflictos personales) e identificaciones complementarias (reacciones del analista involucrando conflictos propios), aunque “… no siempre podamos tener la seguridad absoluta de que no están entrando en juego también la ansiedad y conflictos del profesional.”, afirma (1997, p. 649). Las confesiones contratransferenciales son contraindicadas, por la sobrecarga inútil al paciente.

 

c) El teatro del análisis

En 2003[6] el cine, la literatura y el teatro sirven como modelos para pensar qué ocurre entre los miembros de la díada analítica, particularmente lo último por implicar el “aquí y ahora”, escenas “en vivo”, donde todo puede suceder.

Cassorla nos muestra que el modelo del teatro ya estaba presente en la concepción freudiana de la transferencia como resistencia, por la cual el paciente repite y actúa (acts out) en lugar de recordar. Citando a McDougall, el autor nos remite a la famosa paciente Anna O. que se refería a sus fantasías como “teatro particular”, donde el “rol” atribuido a Breuer lo dejó muy asustado.

El psicoanálisis de niños concebido por Klein a través de la valoración de los personajes reales o imaginarios personificados en sus bromas es integrado al modelo, así como las posiciones esquizoparanoide y depresiva, que profundizan la comprensión de las actuaciones omnipotentes y maníacas.

La teoría del pensamiento de Bion se analiza en varios aspectos, tales como la diferencia entre la personalidad psicótica y la no psicótica en la observación de elementos beta actuados.

Cassorla identifica en los primeros modelos freudianos del analista como pintor, escultor, arqueólogo, cirujano, militar, espejo y jugador de ajedrez la transición de la visión del analista más activo a otra donde la actividad de la díada empieza a ser reconocida. La descripción del “objeto externo de fantasía” de Strachey y el concepto de “campo analítico” de la pareja Baranger se destacan como precursores del moderno abordaje intersubjetivo.

Otras referencias: la valoración de la contratransferencia de Heimann, “tercer analítico” y “posición autista-contigua” de Ogden, “narrativas y personajes en el campo analítico” de Ferro, transferencia como “situación total” y “reclutamiento de la mente del analista” de Joseph, “role-responsiveness” de Sandler.

La originalidad de Cassorla en la apropiación de la literatura, aunada a la práctica clínica, le permite crear un modelo técnicamente fecundo: la analogía entre la función analítica y los lugares ocupados simultáneamente por el analista en el “teatro del análisis”, de personaje, espectador, coautor, director, iluminador e crítico, revelando la complejidad que implica el manejo de la técnica psicoanalítica.

La atención fluctuante, rêverie y comunicación pre-verbal conducen a la observación participante del analista, exigiendo disciplina, autoconocimiento y evitación de la obstrucción por memoria y deseo. La “intuición psicoanalíticamente entrenada” – como fue denominada por Sapienza – es indispensable para aprehender aspectos que luchan por ser simbolizados y que “emergerán en las entrelíneas, en la música o ruido del discurso, en los gestos más grandes o minúsculos, en la mirada, en los olores y en todo cuanto entra por los sentidos, además de la indescriptible manifestación de los afectos…” (2003, p. 372, V. nota de pie de página 8).

 

d) Conceptualización y clasificación de los enactments

El modelo del teatro y su articulación con la literatura psicoanalítica convergen en el tema del enactment, etimológicamente asociado a actings, actuación, dramatización, etc. Mientras, las connotaciones despectivas y cierta imprecisión semántica justifican la profundización realizada por el autor. Sus ponderaciones evolucionan gradual y principalmente en cuatro estudios, tres publicados en el International Journal of Psychoanalysis en 2001, 2005, 2008 y otro en la Revista Latinoamericana de Psicoanálisis (FEPAL) en 2010, donde muestra su gratitud a los autores pioneros de la región del Río de la Plata.

Inicialmente, el término enactment surge entre autores de lengua inglesa en su acepción coloquial o descriptiva, refiriéndose a externalizaciones de aspectos del funcionamiento mental, principalmente del paciente. Cassorla adopta un sentido más específico, fijando externalizaciones de ambos miembros de la díada. La diferencia del acting out es resaltada: donde el analista observa sin enredarse, mientras que en el enactment el analista es llevado por sus puntos ciegos.

El enactment empieza a ser elaborado como concepto, introduciendo el pensamiento cassorliano en las nuevas corrientes psicoanalíticas intersubjetivistas, más precisamente en el campo de la teoría de la técnica. Su estilo esencialmente clínico aparece en formulaciones teóricas siempre fundamentadas en experiencias analíticas detalladamente relatadas, con énfasis en la mente del analista.

El modelo propone el enactment como “puesta en escena” con las adjetivaciones “de la díada” y “patológica” enfatizando las descargas mutuas y la paralización. En síntesis, el enactment conceptual de Cassorla se refiere al proceso intersubjetivo de identificaciones proyectivas cruzadas patológicas. Cuando es posible notar el valor comunicativo de las identificaciones proyectivas, provisionalmente obstructivo, el enactment es considerado “normal”.

Las correlaciones con la “compulsión a la repetición”, “formación de compromiso” y “elementos beta en busca de pensadores” muestran la dimensión interpersonal de esas fuerzas paralizantes, donde la “colocación en escena patológica de la díada” clama por comprensión y, paradójicamente, la bloquea.

El adjetivo “patológico” se debe a la masividad de las identificaciones proyectivas, por tanto el enactment está más presente en análisis de psicóticos y borderlines, aunque la creciente visibilidad de la mente primigenia ya permita reconocerlo, aun sutilmente, en cualquier análisis.

La relativización de la noción de patología característica del pensamiento psicoanalítico forma parte de las formulaciones de Cassorla, más precisamente en la distinción que establece entre enactments crónicos y agudos.

El enactment concebido como interacción simbiótica exhibiendo traumas precoces no simbolizados es considerado crónico debido a la repetición inconsciente, durante la cual el vínculo analítico se fortalece hasta que la individuación se vuelva tolerable, como en la “simbiosis necesaria” de Mahler o en la función-alfa de Bion. Cassorla entiende el enactment crónico como parte de la “historia natural del proceso analítico” en el trabajo con aspectos borderline.

La recurrencia de enactments crónicos rotos abruptamente lleva a la conceptualización del “enactment agudo” como intensificación de identificaciones proyectivas masivas cruzadas generando un impase incómodo, con la persona “real” del analista inevitablemente expuesta. Esta forma abrupta corresponde a la concepción de enactment más frecuentemente adoptada en la literatura, lo que evidencia la pertinencia de las proposiciones de Cassorla para la aprehensión del fenómeno como proceso. El autor constata en abundante material clínico que la agudización del enactment crónico – denominada “Momento M”- ayuda a deshacerlo, justamente por romper la simbiosis idealizada de la díada, recuperando la función analítica. Se hace evidente el aspecto productivo de los enactments y cierto vaciamiento de la connotación patológica, con asociaciones a la “ansiedad-señal” de Freud y al “cambio catastrófico” de Bion.[7]

Vemos que la paradoja descarga/comunicación, propio de las identificaciones proyectivas, se extienden al campo intersubjetivo del enactment, realzando su potencialidad transformadora. Posteriormente el autor considerará el enactment agudo como la transformación de la situación traumática en pensamiento, ocurriendo “en vivo” en el campo analítico.

Podemos decir que el “terreno común” de la contratransferencia señalado por Gabbard ha sido fertilizado por las ideas de Cassorla, por estar arraigadas a la autopercepción interna, en los derivados contratransferenciales descubiertos por los enactments.

En suma, el controvertido debate sobre las concepciones principales del enactment – 1ª) falla del analista y pérdida de la función analítica versus 2ª) persona “real” del analista y evolución del proceso analítico – avanza en sentido integrador a un modelo sostenido por la paradoja normalidad/patología y por el movimiento dialéctico implícito.

Las contribuciones de Cassorla “ponen en escena” a la persona del analista menos asustada, menos mecanicista y más articulada teóricamente. La contratransferencia y sus clásicas controversias pasan a concentrarse en la microscopia de la sesión analítica.

 

e) El trauma, no-sueño-de-dos y la función-alfa implícita

La aprehensión de la transferencia-contratransferencia como unidad intersubjetiva pone la mente del analista en el centro de la observación clínica contemporánea, curiosamente como hizo Freud en 1900 en su primer modelo de mente elaborado a través de la interpretación que publicó de sus propios sueños. El desprendimiento y ética al relatar conflictos personales y profesionales en el análisis del sueño con su paciente Irma, denominado “sueño modelo”, inauguran la vida onírica del analista como fundamento metapsicológico para elaborar las experiencias emocionales vividas en la clínica.

Bajo las sofisticadas “lentes intersubjetivas”, los sueños regresan al centro de la investigación clínica, con la persona “real” del analista soñante y no soñante. Según Cassorla: “… El psicoanálisis actual vuelve a  la vida onírica, y a la falta de vida onírica.” (Resaltados míos, 2009, p. 9)[8].

El autor teoriza con transparencia clínica e introduce, metodológicamente, sus dificultades contratransferenciales en el estudio del enactment, remetiéndonos al estilo freudiano, incluso por la autenticidad de su estilo propio, cassorliano, de ejercer la medicina y “soñar” sus teorías.

A partir de 2005, el autor profundiza el abordaje sobre la inducción mutua y la descarga de contenidos brutos no mentalizados, sin pensabilidad.

La autopercepción interna y la valoración del aspecto comunicativo de los enactments se asocian a las ideas de Freud sobre experiencias emocionales sin “representación de palabra”, “migración a figurabilidad” y “sueño inconsciente de vigilia”, utilizadas por Bion. El concepto de “pictograma afectivo” de Rocha Barros enriquece la reflexión: imágenes visuales fuertemente evocativas – escenas analíticas – como primera forma de representación mental.

El soñar como prerrequisito del pensar lleva a Cassorla a la concepción del “teatro analítico” como “sueño-de-dos”. El trabajo de resoñar en otras vertientes los sueños del paciente permite al analista transformar defensas que circulan por la red simbólica, entrando en escena sus características personales, únicas. Al comunicar su sueño expelido por el sueño del paciente, el analista le ofrece nuevas posibilidades de conexión para resoñar ese resueño y así sucesivamente, como sugiere Meltzer.

Cuando la capacidad del paciente para soñar está dañada, la díada es llevada al área psicótica, extendida en este modelo también a áreas traumatizadas arcaicas sin representación, probablemente superpuestas al inconsciente no reprimido de la segunda tópica freudiana. Son elementos que no pueden ser recordados ni olvidados, pues nunca existieron psíquicamente, lo que no significa que no causen sufrimiento. Al contrario, el dolor de la inexistencia está en la base de los enactments, encubierta por defensas violentas.

El paciente externaliza el trauma no simbolizado descargando afectos, síntomas y vacíos que invaden al analista, estimulando más su capacidad de sentir que de oír, y su “no-sueño” a ser transformado en sueño por la función-alfa. En 2005[9] el autor justifica el término “no”:

Cuando las percepciones externas e internas del paciente no pueden adquirir calidad psíquica y, por tanto, son elementos brutos (elementos beta), éstas sirven solamente para ser eliminadas a través de identificaciones proyectivas masivas, no siendo propicias para el pensamiento. La denominación no-sueño es el producto de esas identificaciones proyectivas masivas. El no, calificativo, parte del presupuesto que la negación de algo introduce la posibilidad de su afirmación. Es decir, un no-sueño es un sueño potencial que no ocurrió, pero que podrá ocurrir, si encuentra una mente continente, soñante, pensante. (Resaltados del autor, p.530).

El enactment crónico también es visto como expresión de la “reversión de la función-alfa”, con ataques del paciente a la función-alfa del analista, revirtiendo sus sueños en “no-sueños”. El analista es capturado por tramas paralizadas, “antisueños” o “no-sueño-de-dos”, sin darse cuenta.

En la dialéctica de los fenómenos, Cassorla considera su coexistencia en un espectro continuado englobando sueño « no-sueño reflejos de elementos-alfa « elementos-beta y símbolos verbales « no-símbolos. La díada analítica, por más paralizada que esté, puede contar con canales paralelos al área obstruida, en donde la función-alfa del analista permanece activa imperceptiblemente, pudiendo ser llamada, por tanto, “función-alfa implícita”.

Simbolizar el trauma implica revivirlo en los enactments. Como advierte el autor, no significa que el enactment sea recomendable ni que deba justificar las fallas del analista, sino que cuando la pérdida provisoria del vértice psicoanalítico es inevitable, se necesita paciencia, cierta dosis de “masoquismo normal”, “capacidad negativa”, como en la relación madre-bebé.

Cuando las interpretaciones del contenido no tienen utilidad, el efecto comunicativo del enactment puede sobreponerse al resistencial, reflejando la formación de símbolos en estatus nascendi. En la analogía con el teatro, la idea de ser en la escena en vez de saber sobre ella se articula a “at-one-ment”, “aprender con la experiencia” y “hacer provechoso un mal negocio”, de Bion.

Se constata una doble reversión de perspectiva: 1a) el enactment crónico, confundido con sueños o no-sueños siendo soñados, empieza a ser percibido como no- sueño-de-dos y 2a) el enactment agudo, al principio visto como no-sueño, es percibido cómo transformaciones en sueños.

Al ser insoportable alterar la percepción debido al dolor subyacente, es posible que los enactments sutiles sean prolongados indefinidamente y, en el extremo más dañino, estarán presentes elementos afectivos brutos como corrupción, propaganda perversa, dogmatismos, transformaciones en alucinosis disfrazadas de conocimiento, el “-K” de Bion.

En 2008[10] tenemos una nueva formulación para el reclutamiento de la mente, denominada “efecto Orton” (asociada al personaje de Borges)[11], donde el paciente intuye aspectos perversos del analista. La recomendación técnica, preventiva, es considerar el aumento de interés del analista por la realidad externa como un indicador de colusión, con riesgo de ruptura ética.

En la obra “The analyst’s implicit Alpha-funcion, trauma and enactment in the analysis of borderline patients” (2008) Cassorla presenta una síntesis, con siete funciones de los enactments crónicos: 1. Congelar el trauma, 2. Inmovilizar al analista para no traumatizarse nuevamente, 3. Usar al analista como “escudo protector”, 4. Posibilitar el contacto profundo inconsciente entre los miembros de la díada, 5. Reconstruir las partes lesionadas de la mente, 6. Permitir que transcurra el tiempo necesario para el procesamiento y 7. Permitir la utilización de la función-alfa implícita del analista.

En un artículo de 2009[12] Cassorla profundiza la clínica de los no-sueños y especula sobre los ataques al trabajo de simbolización, describiendo la continuación de áreas con diferentes grados de representación simbólica.

 

f) Edipo, luto, percepción y simbolización

Los puntos ciegos del analista en los enactments que lo llevan a “abrir los ojos” estimulan al autor a sumergirse en el mito de Edipo y en el clásico “Luto y melancolía” de Freud. En 1993[13] la “vista gorda” ya era estudiada en la narrativa del mito, llena de disimulaciones de la verdad. Los textos de 2007[14] y 2008[15] relacionan el trabajo de elaboración del trauma al de elaboración del luto, por la pérdida de un ideal de analista y de la relación dual, simbiótica.

Las correlaciones entre escenas de Edipo y de los enactments dilucidan impases analíticos y el propio mito, relatado por Cassorla detalladamente: homicidio precipitado por la víctima en la encrucijada de Tebas, interpretación con crueldad de Tiresias, rêverie hostil y arrogancia en el oráculo, monstruosidad y sufrimiento de la Esfinge, reacción de aniversario en la peste que asoló la ciudad, etc.

Admitiendo un componente maníaco intrínseco al enactment (negación del dolor traumático), el autor se refiere a la “necesidad de dejar de ser Narciso para ser Edipo”, asociando al PS«D bioniano. La indiscriminación self-objeto está relacionada con la teoría de la formación de símbolos de Segal, quedando claro que los factores personales del analista serán más exigidos cuanto menor sea la capacidad de simbolización del paciente.

El modelo del “ahogado” es paradigmático: el paciente traumatizado se aferra a la mente del analista tal como un ahogado se aferra a su salvavidas. Mientras la díada permanece paralizada, ocurre una “inyección” de función-alfa implícita. Cuando se recupera la capacidad de soñar ocurre la separación traumática en que “se traga mucha agua”, pero ya se puede nadar. El enactment crónico, paralizante, se transforma en enactment agudo, peligroso, pero vital para el crecimiento.

En el artículo “El analista, su paciente adolescente y la estupidez en el campo analítico”[16] (que obtuvo el Premio Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, de FEPAL) Cassorla retoma esos aspectos, destacando cómo las vicisitudes pulsionales de la adolescencia y la reviviscencia de los conflictos edípicos se manifiestan a través de descargas que, volviendo al analista contratransferencialmente “estúpido”, bloquean el proceso analítico. Cassorla profundiza el estudio del proceso de desprendimiento del adolescente. En términos técnicos, cuando esa “estupidez” es identificada y comprendida, se abre espacio para la resignificación de hechos traumáticos, deshaciendo los bloqueos. En este artículo Cassorla enfatiza la importancia de no patologizar aspectos de la adolescencia “normal”, siempre turbulenta, y cómo diferenciarla de cuadros que, en el futuro, se revelarán como configuraciones borderlines estancadas. Cassorla nos muestra, en este trabajo, que los adolescentes Narciso y Edipo revelan dos tipos de estupidez como resultado de su imposibilidad de vivir la relación triangular (Narciso) y de la necesidad de revertir la relación dual (Edipo). Las consideraciones técnicas se analizan desde las intervenciones hipotéticas de los “analistas” Eco, Tiresias y sacerdotes del templo de Apolo. Cassorla ha explorado, en varios trabajos, aspectos de la adolescencia, donde estudia cómo tales aspectos son puestos en el campo analítico y, al mismo tiempo, revelan las vicisitudes de los procesos de simbolización. Para él la familia debe participar en el proceso terapéutico.

El estudio de la “estupidez” resultó del estímulo de los editores de la revista Psychoanalytic Quarterly quienes le invitaron a contribuir en un número especial dedicado a Bion. Cassorla aprovecha las ideas de Bion para discutir aspectos técnicos que se revelan cuando el campo analítico es bloqueado y la díada permanece ciega a lo que ocurre[17]. En este trabajo Cassorla nos muestra cómo los brasileños “digerimos” el pensamiento de los países colonizadores y lo regurgitamos modificado – el modelo caníbal descrito por el escritor Oswald de Andrade. El Editor de la Revista se refiere a este modelo en la presentación de los textos. Las contribuciones de Cassorla han transformado y ampliado, de manera reconocida internacionalmente, ideas y conceptos clásicos. Ese texto fue publicado en portugués[18] y también será publicado en la edición en español de la misma revista.

El estudio de áreas no simbolizadas se amplía en otros trabajos. En la discusión del caso Ellen, de la sesión “El analista trabajando” del International Journal of Psychoanalysis[19] Cassorla se sirve de la descripción de los movimientos motores sutiles entre los miembros de la díada analítica para mostrar cómo el proceso de simbolización se desarrolla. Los aspectos arcaicos del carácter que también se manifiestan a través de actos motores – sutilmente expuestos en el campo analítico – se estudian en un texto que resulta de un Encuentro, en 2015, que homenajeaba a Green y Ogden[20].  El trabajo “In search of symbolization”[21]  (premiado por IPA) fue también publicado en portugués[22]  y español[23].

Cassorla siempre relaciona sus ideas y descubrimientos a la clínica. Su espectro sueño «no-sueño se muestra útil en términos técnicos. En el capítulo 8 de su libro, Cassorla concluye la descripción de una situación clínica en la que él “soñó los vacíos de la paciente”, de la siguiente forma[24]:

Pienso que el analista trabaja, al mismo tiempo, en todas las áreas mentales. Las interpretaciones en el área simbólica suponen a un analista presente que, al mismo tiempo, ayuda a simbolizar y a crear estructuras mentales. Su trabajo, por tanto, también beneficia a áreas psicóticas y traumáticas. Y, cuando el analista trabaja en el área de simbolización deficitaria, también está estimulando la red simbólica existente en el área no psicótica. De esta forma los traumas podrán ser recordados y resoñados (aquella parte de los traumas que había sido simbolizada, pero reprimida), reconstruidos y soñados (aquella parte que había sido transformada en no-sueños psicóticos) y construidos y soñados en la relación (aquella parte de la mente primordial que nunca sería recordada).” (p. 115).

 

g) El campo analítico y los dos principios

Recientemente Cassorla recibió dos invitaciones honorables. Montana Katz, de Nueva York, lo invitó a ser uno de los participantes de un Encuentro, en Cambridge, donde 12 renombrados analistas analizaron trabajos propios sobre el Campo Analítico. Asimismo, Cassorla fue invitado para ser uno de los directores de la International Field Theory Association, donde divide ese cargo con Giuseppe Civitarese y Montana Katz. Para ese encuentro escribió un trabajo en el que describe el campo analítico como el campo de los sueños (y de los no-sueños)[25]. En este texto Cassorla sostiene que cada analista crea su propio campo a partir de sus teorías técnicas implícitas y explícitas. Cassorla describe su propio vértice: la ampliación y la restricción de la capacidad simbólica de la díada, observándose el desarrollo de sueños y de no-sueños. La observación participante del analista contribuye a la complejidad del campo, tal como Cassorla muestra en los párrafos siguientes:

Siendo el campo producto de la capacidad de observación del observador se hace evidente que este, el observador, influye en los hechos observados.  Por tanto, el observador forma parte del campo. La observación “objetiva” pierde su lugar y el observador, como participante del campo, tendrá que aprender a objetivar su subjetividad.

Pueden identificarse reglas que determinan el funcionamiento de los campos. Los principios de la incertidumbre y de la incompletud nos muestran que la observación será siempre provisoria, incierta, parcial y transitoria.   Aquello que es observado, mientras es observado, ya se ha transformado, tanto por estar en constante movimiento como por que el propio proceso de observación ya ha transformado lo observado. No será posible, tampoco, decidir sobre el grado de influencia del observador en lo que es observado y viceversa. La supuesta parálisis del campo muchas veces no es nada más que la parálisis de la capacidad del observador para transitar por diversos vértices de observación. (p. 1)

Todos los trabajos analizados en los eventos de la IFTA (International Field Theory Association) se encuentran en la página web de la Asociación, incluyendo los videos de los debates.

La IPA viene publicando libros y analizando los trabajos seminales de Freud (IPA Freud Series). Cassorla fue invitado por los editores del texto sobre “Los dos principios del funcionamiento mental” (Gabriela Legorreta y Lawrence Brown) para contribuir analizando su propuesta sobre el “soñar la sesión analítica”[26]  como una búsqueda de la “reserva natural” que Freud propone en su estudio sobre fantasear: el analista busca, activamente, un estado entre el principio del placer y el de la realidad, para tener acceso a los diversos tipos de no-sueños de sus pacientes.

Actualmente Cassorla, motivado por el incremento del fanatismo, del prejuicio y del terrorismo, viene dedicándose al estudio de la perversión y, en particular, de la mentira. Su estudio, ampliado a hechos sociales, parte de la mentira en el campo analítico. De esta forma, regresa a sus preocupaciones iniciales: el estudio de las sociedades y de los grupos humanos; aunque sabe que el psicoanálisis es una rama del conocimiento muy limitado para comprender hechos tan complejos, corriendo los riesgos inevitables de volverse “estúpido”, contaminado por ideologías estancadas.

En 2015 Cassorla fue uno de los elegidos por IPA para el espacio “Meet the Analyst”, en el Congreso de IPA realizado en Boston. Allí fue presentado por Jay Greenberg, de Nueva York, y tuvo la oportunidad de debatir sus ideas con los participantes. Y, en 2016, fue invitado a formar parte del Comité Organizador del I Congreso de Psicoanalistas del Idioma Portugués, realizado en Lisboa. Entre sus actividades, utilizó el modelo del Working Party “Microscopía de la Sesión Analítica”, tema del próximo ítem.

 

h) Validación en psicoanálisis

El valor científico del psicoanálisis es una preocupación permanente para  Cassorla, pero siendo consciente de que los métodos cuantitativos tradicionales de validación no se aplican a variables “rebeldes”, como las psicoanalíticas. Por mucho que tratemos con “compulsión a la repetición”, los objetos psicoanalíticos nunca se repiten exactamente de la misma forma.

La clínica y la investigación psicoanalíticas no escapan a las dificultades metodológicas comunes a todas las ciencias, es decir, la influencia inevitable de la subjetividad del investigador en la manera de mirar los fenómenos o “hacerse de la vista gorda.”

La “microvalidación” que ocurre en la sesión, observando las reacciones del paciente a las “publicaciones” (interpretaciones) del analista, o, como diría Freud, a sus “construcciones”[27]. La “macrovalidación” viene a posteriori, publicando en supervisiones, seminarios, congresos y revistas científicas, reescuchando el propio escuchar. Entendiendo el “ensayo y error” como propio del método psicoanalítico, se diluye la connotación negativa del error.

En 2003[28], Cassorla elige una mayor proximidad a la “regla de la abstinencia” como criterio diferencial entre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica, reafirmando la importancia de la espontaneidad para la identidad analítica, en oposición al sesgo moralista generalmente asociado a la idea de neutralidad.

El tema de la validación vuelve en 2012[29], en una propuesta original para probar hipótesis, comparando material clínico publicado en periódicos por autores de diferentes culturas psicoanalíticas: Yardino (América del Sur), Sapisochin (Europa-España), Ivey (África del Sur) y Bateman (Reino Unido).

Ponderando sobre limitaciones y alcances del estudio, el autor pone a prueba su modelo teórico sintetizado en el artículo, y concluye:

El proceso de validación profundizó la visión de los hechos clínicos, particularmente con relación a: 1) oscilación entre enactments agudos y crónicos, 2) malestar y culpa del analista e 3) influencia de factores de su personalidad en las configuraciones descritas. Las hipótesis teóricas fueron confirmadas y ampliadas no solo con relación a vicisitudes del trabajo del sueño en áreas traumáticas, sino también con relación a defensas tipo piel fina y piel gruesa y con relación al escuchar a través del desvío contratransferencial. (2012, p. 53).

El sistema conceptual de Cassorla agrega valor didáctico y objetividad a la subjetividad del analista.

Como comentó Donald Moss en el reciente Congreso del IPA en México (Panel del Comité de Investigación Clínica, 2011), la visión de Cassorla es profunda y elaborada, abierta al fenómeno de la “sorpresa productiva” y a las dimensiones de desarrollo, estructurales y clínicas. En términos estilísticos, Moss se refiere a la belleza del texto cassorliano remetiéndola a cuadros renacentistas, por la extraordinaria fuerza y convicción narrativas, conciliadas con un auténtico compromiso científico en la investigación clínica.

 

i) La transmisión del psicoanálisis y el Working Party “Microscopía de la Sesión Analítica”

Cassorla siempre se involucró en la enseñanza. Siendo aún estudiante de Medicina se mantenía como profesor de Ciencias y Matemática en cursos de educación para adultos. En la universidad coordinó varias actividades didácticas y siempre ha sido uno de los profesores más queridos. Lo mismo viene ocurriendo en sus actividades de transmisión del psicoanálisis. Ha impartido cursos en los Congresos Brasileños y Latinoamericanos de Psicoanálisis los cuales son muy concurridos.

En 2008, al participar del Congreso de IPA, en Chicago, Cassorla fue invitado a presentar material clínico en el Working Party “La escucha de la escucha” coordinado por Haydee Faimberg y Antonio Corel. Volvió a Brasil entusiasmado con la actividad y se propuso utilizarla, modificada, como Seminario Electivo en la Sociedad de São Paulo. Ayudado por Ana Clara Duarte Gavião, Cassorla viene impartiendo ese seminario hasta el momento, con excelentes resultados.

Gradualmente, Cassorla y Gavião, a partir de sus experiencias docentes, fueron introduciendo modificaciones en el modelo inicial. En un determinado momento se dieron cuenta de que, poco a poco, habían desarrollado otro modelo de Working Party, aunque manteniendo las contribuciones originales de Faimberg. En 2012 la FEPAL les invitó a Cassorla y Gavião a ofrecer ese WP en el Congreso de FEPAL, en São Paulo. Lo mismo pasó en todos los Congresos Brasileños y Latinoamericanos posteriores. La Federación Brasileña de Psicoanálisis (Febrapsi) y la Latinoamericana (FEPAL) oficializaron, entonces, el WP “Microscopía de la sesión analítica”.

Este modelo de WP discute las sesiones analíticas en detalle, microscópicamente. Se invita al grupo a “soñar” trechos de la sesión. Cuando esos “sueños” se aproximan a hechos seleccionados se propone que el grupo “sueñe” intervenciones. De las interpretaciones se seleccionan algunas y el grupo intenta identificar las teorías implícitas que les llevaron a proponer tales intervenciones. Enseguida, se comparan esas intervenciones con las realizadas por el analista presentador del material, y así, sucesivamente, en los trechos siguientes.

La evaluación de los participantes, efectuada después del encuentro grupal, muestra que la actividad ha sido muy útil para pensar el psicoanálisis. Los participantes afirman que sufrieron transformaciones con relación a su manera de trabajar y con relación a sí mismos. Cassorla y Gavião han sido invitados a realizar el WP en varias Sociedades y Grupos Psicoanalíticos brasileños y latinoamericanos.

Gradualmente se ha constituido un equipo coordinador y la intención del grupo es que el WP “Microscopía” se difunda por América Latina y sea realizado por coordinadores entrenados.

Actualmente el equipo está realizando investigaciones en las que pretende descubrir qué factores hacen que determinadas interpretaciones surjan en el grupo de los WP y su relación con las teorías implícitas. Parte de esas investigaciones fue estimulada por proyectos de la FEPAL. Algunos de esos resultados serán presentados en el Encuentro del Comité de Investigación Clínica de IPA, en 2016.

[1] Originalmente en portugués “sonho-a-dois” (“não-sonho-a-dois”). En inglés “dream-for-two” (“non-dream-for-two”).

[2] Cassorla (1997). “No emaranhado de identificações projetivas cruzadas com adolescentes e seus pais”. Trabajo premiado en el  XVI Congreso Brasileño de Psicoanálisis.

[3] La multicausalidad y la concepción freudiana de “series complementarias” son referenciales para entender el desarrollo de la personalidad.

[4] Cassorla (1992), contiene una entrevista realizada con Grinberg, en Madrid.

[5] La evolución de sus ideas  tomando en cuenta las contribuciones de otros autores es una característica de los trabajos de Cassorla. El lector interesado podrá consultar a esos autores a partir de las Referencias encontradas en sus artículos, citados al final de este capítulo.

[6] Cassorla (2003). “Estudo sobre a cena analítica e o conceito ‘Colocação em cena da dupla’ (enactment)”.

[7] Un ejemplo clínico expresivo del enactment agudo o “Momento M” se encuentra en la reacción enérgica del analista después de meses de colusión sadomasoquista, aumentando el tono de voz y golpeando la mano con fuerza en el brazo de su asiento, descrito en detalles en Cassorla (2005) “From bastion to enactment: the non-dream in the theater of analysis”, traducido al español en Cassorla (2010).

[8] Cassorla (2009). “O analista, seu paciente adolescente e a psicanálise atual: sete reflexões”.

[9] Cassorla (2005). “Considerações sobre o sonho a dois e o não-sonho a dois no teatro da análise”.

[10] Cassorla (2008). “Identificação precoce de obstruções do campo analítico: a pessoa real do analista e o efeito Orton”. Trabajo presentado en el Congreso de FEPAL en Santiago, 2008, disponible en www.fepal.org.

[11] Borges, JL (1954). “O impostor inverossímil Tom Castro”. In Borges, J. L. História Universal da Infâmia.  Lisboa: Assiria e Alvim, 1982, p. 27-36.

[12] Cassorla (2009). “Reflexões sobre não-sonho-a-dois, enactment e função alfa implícita do analista”, Galardonado con el Premio “Parthenope Bion Talamo” en el encuentro “Bion in Boston 2009”.

[13] Cassorla (1993). “Complexo de Édipo, vista grossa, curiosidade e catástrofe psicológica”, trabajo premiado en el XIV Congreso Brasileño de Psiconálisis.

[14] Cassorla (2007). The analyst, his ‘mourning and melancholia’, analytic technique, and enactment”.

[15] Cassorla (2008). “Desvelando configurações emocionais da dupla analítica através de modelos inspirados no mito edípico”.

[16] Cassorla (2013). “O analista, seu paciente adolescente e a estupidez no campo analítico”.

[17] Cassorla (2013). “When the analyst becomes stupid: an attempt to understand enactment usind Bion’s theory of thinking”.

[18] Cassorla (2016). “Quando o analista se torna estúpido: tentativa de compreensão do enactment utilizando a teoria do pensamento de Bion”.

[19] Cassorla (2014). “Discussion of the case of Ellen”.

[20] Cassorla (2015). “Simbolizando aspectos primitivos: especulações sobre o arcaico do caráter”.

[21] Cassorla (2013). “In search of symbolization: the analyst task of dreaming”.

[22] Cassorla (2014). “Em busca da simbolização: sonhando objetos bizarros e traumas iniciais”.

[23] Cassorla (2013). “La simbolización y el trabajo de sueño del analista”.

[24] Cassorla (2015). “O psicanalista, o teatro dos sonhos e a clínica do enactment”.

[25] Cassorla (2016). “Dreams and non-dreams: a study on the field of dreaming”.

[26] Cassorla (2016). “Dreaming the analytical session: between pleasure principle and reality principle”.

[27] En “Construções em análise” Freud (1937) propone el análisis de psicóticos para investigar áreas “enterradas”, no simbolizadas, pero vivas, actuadas en la transferencia, reconociendo que los delirios y alucinaciones contienen aspectos comunicativos (“verdad histórica”), así como los síntomas neuróticos y los sueños. Autores intersubjetivistas, como Cassorla, han aportado a los avances en la investigación clínica (“arqueológica”) propuesta por Freud, que ya señalaba la factibilidad de análisis del trauma.

[28] Cassorla (2003). “Procedimentos, colocação em cena da dupla (‘enactment’) e validação clínica em psicoterapia psicanalítica e psicanálise”.

[29] Cassorla (2012). What happens before and after acute enactment: an exercise in clinical validation and broadening of hypotehesis, artículo que será publicado en el International Journal of Psychoanalysis.

Recientemente, con la finalidad de profundizar temas para este capítulo, tuve una larga conversación con Cassorla. Entre varios asuntos estimulantes, motivados por su conocimiento siempre actualizado de la literatura psicoanalítica, recordó la expresión “ecuación personal” utilizada por astrónomos y adoptada por Freud para referirse a la influencia inevitable de la personalidad del analista en la aprehensión de los fenómenos observados y, consecuentemente, a la relevancia de su análisis personal.

Luego asocié al término “bias” que aparece en el texto sobre el “efecto Orton” mencionado arriba (p. 13), usado en estadística para referirse justamente al sesgo o tendenciosidad del investigador. Cassorla asocia bias a la persona “real” del analista y, por tanto, a aquello que es propio  de su personalidad y que lo diferencia de los demás analistas; como sexo, edad, raza, religión, ideología política, vivencias, etc., factores que modulan su visión del mundo. Describe varias situaciones clínicas, demostrando cómo los enactments, colusiones obstructivas, no-sueño-de-dos o reclutamientos implican la capacidad del paciente para intuir y “estimular” aspectos perversos del analista.

En esta asociación libre de ideas que comparto con el lector, vemos la relación entre concepciones psicoanalíticas clásicas y el desarrollo que viene siendo propuesto por Cassorla, donde la interferencia de la subjetividad del analista no sólo es valorada, sino reconsiderada específicamente en su vulnerabilidad a fuerzas destructivas antianalíticas. La díada “real” analista-analizado es captada por la identificación con objetos arcaicos sádicos y por defensas maníacas que deterioran la función analítica, induciendo a la hipervaloración de la realidad externa y a la ceguera en el plano no sensorial.

Como vimos en apartados anteriores, tal profundidad lleva siendo investigada por más de tres décadas, en diversos contextos, especialmente en aquellos configurados por manifestaciones contundentes de la pulsión de muerte, cuyo valor didáctico será aquí explorado.

Fue interesante oír a Cassorla contar un poco sobre su historia, resumida en el apartado biográfico, de donde vale destacar las “batallas míticas transgeneracionales”, la pérdida precoz del padre y el estigma asociado a su nombre Roosevelt: “luchar, siempre, contra factores letales”. Con sus raíces de identidad marcadas por una gran indignación, el autor admite haber descubierto en el análisis personal recursos para transformarla en humor y poder creativo. De hecho, son notables la creatividad y el entusiasmo en su vasta producción académica y psicoanalítica.

En su juventud, el médico sanitarista y psiquiatra se dedica a la problemática del suicidio, realizando estudios epidemiológicos en cuyo tratamiento de datos ya muestra una fuerte inclinación hacia la aprehensión de fenómenos psicológicos y socioculturales, más allá de lo evidente, postura hasta entonces infrecuente en este campo de investigación. Sin desconsiderar los cuadros endógenos y otras explicaciones convencionales del intento de suicidio (como “chantaje emocional”), Cassorla se interesa por la complejidad de los factores involucrados – relacionales, afectivos y pulsionales – por ejemplo, “familias actuadoras”, “simbiosis”, “fusión”, “omnipotencia”, “acting out”, incluyendo dimensiones inconscientes de las contrareacciones agresivas de profesionales del equipo de salud, tan frecuentes en la atención de emergencia al paciente suicida.

Al valorar el aspecto comunicativo del acto suicida como “pedido de auxilio” pese a la autodestructividad, Cassorla explicita la coexistencia de los deseos de morir y de vivir, aportando al desarrollo ético del trabajo interdisciplinario, además de sembrar el campo de la metapsicología del trauma donde viene cosechando sus más recientes formulaciones teóricas y técnicas.

Ejerciendo funciones clínicas, docentes, de supervisión, interconsulta y consultoría, en hospitales de universidad y en otras instituciones de enseñanza y de salud, Cassorla fundamenta, en varias publicaciones, su crítica a la postura paternalista, omnipotente y omnisciente de profesionales del área. Con sensibilidad y convicción el autor introduce en el debate académico el tema de la “persona real del profesional de salud”, aún sin utilizar, en esa época, tal denominación. Sus reflexiones sobre impotencia ante la realidad de la enfermedad y de la muerte y las defensas inconscientes de los equipos de salud esclarecen el aspecto defensivo de ese tipo de opción profesional.

En sus estudios sobre terminalidad y finitud, Cassorla construye un modelo con las principales fantasías inconscientes sobre la muerte, desde las terroríficas, persecutorias, generalmente relacionadas a temores de aniquilamiento, autocastigo, incluso las agradables, frecuentes en pacientes suicidas, como la ida a un mundo paradisíaco, reencuentro con personas queridas muertas, encuentro con figuras idealizadas (Dios o análogos) o vuelta al útero materno, como una especie de alumbramiento invertido.

Aún antes de iniciar su formación psicoanalítica en la SBPSP, el autor publica, en 1982, un interesante artículo sobre “reacciones de aniversario”, donde desarrolla una refinada reflexión metapsicológica sobre la distinción entre la atemporalidad del inconsciente y la noción inconsciente de tiempo del ego. La compulsión a la repetición está correlacionada con la necesidad del paciente de controlar dolores y conflictos insoportables del luto, reviviendo la experiencia del trauma. En el relato de casos clínicos el autor se refiere a un “pacto de negación” entre psicoterapeuta y paciente, tamaña la angustia experimentada transferencial y contratransferencialmente.[1]

Claramente, las teorías posteriores sobre enactment y no-sueño-de-dos contienen formulaciones valiosas de esos primeros estudios.

Como trabajé muchos años en hospital universitario como psicóloga y psicoanalista, en actividades clínicas, de enseñanza, de investigación y administrativas, tuve contacto con algunos textos de Cassorla dedicados al área de la salud que me fueron muy instructivos. Recuerdo que durante esas lecturas pensaba: “Qué bueno, un autor que transmite conocimientos psicoanalíticos de forma original, ¡consistente y profunda, sin clichés!” Adopté algunos como referencia para clases e intercambios interdisciplinarios, sin siquiera imaginar que conocería al autor personalmente y sería su alumna en la SBPSP, como sucedió después.

Siempre me llamó la atención la facilidad con que Cassorla vuelve aplicables los conceptos psicoanalíticos complejos, aportando a que profesionales de otras áreas observen aspectos inconscientes en sus relaciones cotidianas de trabajo. Por ejemplo, la descripción de la función-alfa, sin nombrarla, en el apartado “Lidiando con el paciente”[2]  en un capítulo del libro sobre interconsulta psiquiátrica en un hospital general:

Tanto con el paciente, con el médico asistente y otros profesionales de la salud, así como con los familiares, hay que establecer un vínculo emocional. Este está constituido de lo que llamaremos “Conversación”. Conversar, en este contexto, significa ofrecerse como ser humano, oyente, dispuesto a recibir no solo palabras, sino también sentimientos. Así, la charla puede ser verbal o no verbal. Los psicoanalistas utilizan un modelo llamado “continente”, que implica la presencia de un ser humano que va a dejarse invadir por los sentimientos y emociones que no pueden ser pensados por el paciente, generalmente de contenido terrorífico. Ese ser humano “digerirá” esos contenidos impensables y los devolverá, adecuadamente, “pensados”. (2002, p. 359)

El pensamiento psicoanalítico del autor concilia principios éticos, claridad y profundidad, fundamentados por experiencias emocionales vividas en el propio análisis y en la clínica, en situaciones humanas con las cuales el interlocutor puede identificarse. Esto indica que la resistencia al vértice psicoanalítico en el área de salud (u otras) pueden surgir de dificultades de comunicación de los propios psicoanalistas, no raro atrapados en argots o racionalizaciones que poco o nada ayudan, por si no estorban.

Si consideramos que la observación psicoanalítica corresponde a una especie de “zoom” en aspectos intersubjetivos de las relaciones humanas, podemos reconocer que el setting psicoanalítico es esencialmente interno, o sea, depende del espacio mental del analista y de su “intuición psicoanalíticamente entrenada” mucho más que del ambiente externo o de teorías desconectadas de las experiencias.

En ese sentido, es curioso cómo las elaboraciones teóricas de Cassorla dedicadas a settings extra analíticos, institucionales o a diversos contextos sociales son valiosas no sólo para el público lego, sino también para el psicoanalista, ya que los principios son los mismos del “escenario” clínico.

Tenemos un ejemplo bien humorado en “Que no hacer en un trabajo comunitario en salud mental” (1983), donde es posible pensar ¡“que no hacer en un trabajo psicoanalítico”! El autor examina la interferencia del modelo autoritario-paternalista en el fracaso de acciones comunitarias de profesionales de salud mental, comparando programas creados para la comunidad (autoritarios), donde no hay suficiente apertura para comprender sus demandas reales, y programas creados con la comunidad (democráticos), donde se escuchan sus necesidades.

Equivale, en el campo analítico, a la diferencia entre el sesgo moralista del analista, dogmatismos (parte psicótica) y la mirada intersubjetiva dedicada a la relación entre los miembros de la díada analítica, con libertad para construir en conjunto el conocimiento analítico.

Es perfectamente comprensible la apreciación del autor por grupos Balint. Los beneficios obtenidos de la visión psicoanalítica en la calidad de la asistencia de diversas especialidades médicas son innegables, al proponerse que el médico perciba los propios sentimientos movilizados por su paciente, por identificación proyectiva, como ocurre en la relación analítica y en la vida. Esa sensibilización es facilitada por el conocimiento profundo de Cassorla sobre el fenómeno de las “identificaciones proyectivas cruzadas”, permitiéndole compartir tales conceptos de manera coherente, inteligible, como se vio previamente.

El autor presentó en un Congreso Latinoamericano de Medicina Psicosomática, en 1985, un trabajo sobre interconsulta, en el cual dialoga con el modelo organicista y clasificatorio vigente. Lo que también pude observar en diversas situaciones en el hospital general donde trabajé[3], Cassorla apunta: la falta de preparación del interconsultor para el abordaje psicodinámico, incluyendo psicólogos; el discurso estereotipado o el “psicologismo desenfrenado”; la psicoterapia psicoanalítica recomendada indiscriminadamente, como panacea; confusión entre conocimiento intersubjetivo sobre la relación médico-paciente e “interpretación” inapropiada del médico solicitante de la interconsulta.

Reorientando esas ideas al setting psicoanalítico, podemos admitir entre nosotros, psicoanalistas, repeticiones automáticas de conceptos, transformándolos (en alucinosis) en rótulos, dogmas e “interpretaciones desenfrenadas” del paciente. El raciocinio lineal, causal, simplista está relacionado con el principio del placer y puede atrapar al psicoanalista, ser humano como cualquier otro profesional.

En 2009[4] Cassorla retoma el problema del dogmatismo, en un texto de estilo innovador y divertido: presenta sus comentarios sobre una supervisión de Bion a través de un diálogo imaginario entre él (Cassorla) y el “Fantasma de Bion” sobre cuestiones relacionadas al psicoanálisis como “objeto interno”, expresando el humor crítico del propio Bion. Ese texto fue publicado en 2015 en un libro editado por Howard Levine y Giuseppe Civitarese[5].

Un episodio que representa la libertad para incluirse personal y científicamente en sus estudios fue publicado en el capítulo “El médico anestesiado y sus defensas maníacas” (2007)[6], basado en un hecho ocurrido en un curso de postgrado en anestesiología. Después de aceptar una invitación para impartir clases sobre aspectos emocionales relacionados con la anestesia, Cassorla sufre un accidente de coche, donde pierde la conciencia y necesita cirugías ortopédicas. El autor describe minuciosamente sus oscilaciones emocionales, desde miedos hasta el amor por la familia, y mejoras en la autoestima por las inesperadas visitas del personal del trabajo. Recobrado, considerando el desinterés por teorías psicoanalíticas característico de alumnos anestesistas, Cassorla relata en su clase la propia experiencia como paciente accidentado y “anestesiado”, abriendo canales efectivos de interlocución interdisciplinaria.

Vemos la importancia del análisis personal o autoanálisis del analista para la identidad psicoanalítica, y de la formación psicoanalítica dedicada a la persona “real” del analista y su “ecuación personal”. Sin embargo, la complejidad de la enseñanza-aprendizaje del psicoanálisis no ofrece garantías de calidad, ni para el psicoanálisis clínico, ni para el aplicado, problema que también preocupa al autor.

En una mesa redonda de un Encuentro de Psicología en 1984, Cassorla aborda la enseñanza de la psicoterapia psicoanalítica en analogía con la imposibilidad de enseñar a alguien a vivir: “Este punto es básico: no se enseña terapia psicoanalítica. Se vive el proceso, pasándose por él.”, afirma el autor. Considerando el continuum entre psicoterapia psicoanalítica y psicoanálisis, en función del grado variable de compromiso con la regla de la abstinencia[7], el origen de las estereotipias está en el miedo a lo desconocido, a la autenticidad, generando “caricaturas de gente” o “dictadores de cómo vivir”.

Los textos sobre Sociedad traen dimensiones sociales de la autodestructividad humana, como la cultura del narcisismo, las guerras, persecuciones raciales, religiosas, suicidios colectivos y el poder permanente de los medios de comunicación y de la publicidad dando la ilusión de que pensamos, cuando en realidad estamos reclutados por “las modas”. Situaciones terriblemente destructivas en la propia historia del movimiento psicoanalítico muestran que grupos de psicoanalistas no son mejores (pudiendo ser hasta peores) que otros grupos científicos o políticos.

En la interface entre psicoanálisis, psiquiatría y sociología Cassorla realiza estudios sobre pánico, investigando estados mentales primitivos a partir de hipótesis freudianas sobre “neurosis de angustia” y “neurosis actuales”, donde la angustia no estaría relacionada con ninguna representación mental y sería el resultado de una estasis de la libido. El autor revisa diversos estudios recientes, incluso biológicos, verificando semejanzas con las proposiciones de Freud. Conceptos psicoanalíticos como “ansiedad de desbordamiento”, “disolución”, “defensas autísticas”, “identificación adhesiva”, muestran cuestiones del trauma y de la obstrucción de la capacidad de simbolización, a los cuales el autor se dedica cada vez más.

En realidad, Cassorla ya se interesaba por el tema del pánico durante su formación en la SBPSP, habiendo presentado una valiosa experiencia clínica en su segundo informe de supervisión, en 1988. En estudios posteriores, vemos la evolución de la teoría de la técnica dedicada a la clínica borderline, como en este capítulo de 2005, donde cita a Álvarez[8]:

(…) Siempre, pero más aún con pacientes con dificultades de simbolización, el analista debe permitirse una valiente escucha receptiva, así como una actitud firme con relación a las proyecciones terribles manifestadas por el paciente, es decir, ante su desesperada necesidad de hacer con el analista aquello que sintió que le fue hecho, para poder procesarlas, transformarlas. La oportunidad de que ocurra algo nuevo dentro del paciente es importante. Y, para esto, el analista debe estar involucrado emocionalmente: tolerar la no comprensión y tomar conciencia de los propios sentimientos con relación al paciente, así como de sus cambios en cada momento. (p. 525).

En ese mismo capítulo, Cassorla alega que el supuesto aumento de la incidencia de las “patologías actuales”, con dificultades de simbolización, podría estar relacionado con un circuito retroalimentador donde el narcisismo socialmente venerado se conecta al mimetismo, superficialidad, desconsideración, no pensamiento y búsquedas sensuales, o sea, a aspectos del funcionamiento primitivo.

Recientemente, el autor se refiere al no-sueño como un estado mental similar al totalitarismo, régimen de “mentes reclutadas”, sin pensamiento propio[9].

Vemos que el no-sueño-de-dos y el “no-sueño-de-muchos” están en la pauta de diversos trabajos de Cassorla, en variados contextos y épocas, germinando ideas para pensar el trauma, partiendo siempre de la autopercepción interna y de la autocrítica, como individuo y grupo (o dúo). Las incursiones del autor en el campo de la mitología también reflejan su visión dialéctica de la subjetividad/intersubjetividad.

Así, se vuelve impracticable una descripción lineal de la evolución del pensamiento psicoanalítico de Cassorla, siendo necesario considerar la atemporalidad del inconsciente y su “función-alfa implícita” permanentemente operando, principalmente en áreas intocables, “anestesiadas”, cuidadosamente exploradas por el autor.

Una cuestión central del modelo cassorliano parece estar en la imprevisibilidad del reclutamiento de la mente del analista, ya que el fenómeno se deriva de la comunicación inconsciente de dolor traumático insoportable, irrepresentable, en la relación con objetos perversos, corruptos. Las idealizaciones del psicoanálisis y de la función analítica acaban frustrándose cuando la díada analista-analizado percibe su pacto de “no análisis”, sus evasiones, lo que no es nada agradable. En compensación, el potencial transformador de la función-alfa del analista, aun siendo opacado por la colusión, termina ganando evidencia.

En la conferencia citada, Cassorla presenta el modelo del ventrílocuo: el analista identificado con temores arcaicos del paciente no se percibe “hipnotizado”, sometido, como un muñeco controlado por el ventrílocuo (paciente), temporalmente repitiendo, actuando, siendo el paciente no soñante. El teatro del análisis transformado en teatro de marionetas…

Cuando menos se espera, se manifiesta un enactment agudo y el “susto” reactiva la red simbólica desvitalizada (enactment crónico/función-alfa implícita). La díada analítica retoma el “teatro del imprevisto”, con escenas humanas. Se percibe, incluso, que en los “bastidores” había un “director creativo” y un “iluminador perspicaz” aguardando el momento oportuno para reanimar la trama, apoyados por el “crítico sensato”, presente en la “platea”…

Con tantos modelos y “sueños”, la clínica del trauma se va beneficiando de los instrumentos teórico-técnicos propuestos por Cassorla que, de algún modo, pueden abreviar la “vista gorda a la piel fina” de la díada analítica.

Dejo al lector en compañía de la “persona real del autor” y de su fertilidad psicoanalítica, con uno de los temas que le interesa más profundizar: la comunicación inconsciente entre los miembros de la díada analítica. Enseguida fragmentos de un material clínico publicado en 1998[10]:

Estábamos en mayo y la paciente (que había iniciado el análisis durante una irrupción psicótica) sufría mucho, demostrando claramente su miedo a enloquecer. Atribuía ese sufrimiento a una fantasía consciente, bastante intensa, de que el analista la abandonaría en octubre. La paciente tenía conciencia de la irrealidad de su fantasía, ya que no existía ningún hecho que alimentara su sospecha. Como la idea no salía de su mente, el analista y la paciente vivieron meses de perplejidad y sufrimiento, presos de objetos confusionales y confusionantes, sintiéndose influenciados por el deseo de entender lo que estaba ocurriendo, con dificultades para tolerar la ignorancia. (…)

En una sesión, el analista tuvo una “revelación”: se acordó de que estaba embarazado (junto con su mujer, concretamente), y que su hijo o hija nacería en octubre. (…)

Esa imagen [de un bebé excluido, en la situación edípica] se fue fortaleciendo, juntamente con la del nacimiento de mi bebé, y ésta acabó predominando, sin salir de mi mente. Esta “pedía” ser descifrada. (…)

Después de un silencio de reflexión, María [la paciente] me dijo: “Gracioso, cuando entré hoy vi tu barriga y pensé: Roosevelt está embarazado…” Y echó a reírse. (…)

[Pie de página] Muchas otras hipótesis y teorías me surgieron todos estos años, que van más allá del carácter concreto del embarazo. (…) (p. 106-9)

[1] Cassorla (1982). “A importância da identificação das reações de aniversário”.

[2] Cassorla (2002). “A morte e o morrer”. In Botega, NJ (2002).

[3] Hospital das Clínicas da Faculdade de Medicina da Universidade de São Paulo.

[4] Cassorla (2009). “Comentários à Supervisão A34 de Bion” presentada en una reunión científica en la SBPSP, para ser publicada.

[5] Cassorla (2015). “Commentary on Supervision A34”.

[6] Cassorla (2007). “O médico anestesiado e suas defesas maníacas”. In Cataldo Neto, A. et al.

[7] V. estudios sobre validación, p. 18 arriba.

[8] Cassorla (2005). “Abordagem psicodinâmica do paciente ansioso”. In Eizirik et al. (2005).

[9] Cassorla (2010) “Recrutando mentes: o analista, seus falsos sonhos e a tentação totalitária”. Conferencia dada en el VII Encontro de Psicanálise do Núcleo de Psicanálise de Campinas e Região, a ser publicada.

[10] Cassorla (1998). “Objetividade, confidencialidade, e validação: três problemas e uma surpresa na apresentação de material clínico”.

Artículos publicados en revistas científicas

  1. CASSORLA, R.M.S. (2016). “O campo analítico como campo do sonhar”. Revista de Psicanálise da Sociedade Psicanalítica de Porto Alegre, no prelo.
  2. CASSORLA, R. M. S. (2015). Afinal, o que é esse tal enactment? Psicanálise – Revista da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre, 17, p. 147-165.
  3. CASSORLA, R. M. S. (2014). Discussion of the case of Ellen. International Journal of Psycho-Analysis, v. 95, p. 93-102.
  4. CASSORLA, R. M. S. (2014). Em busca da simbolização: sonhando objetos bizarros e traumas iniciais. Revista Brasileira de Psicanálise, v. 48, p. 141.
  5. CASSORLA, R. M. S. (2014). Afinal, o que é esse tal enactment? Reverie: Revista de Psicanálise, v. 7, p. 17-35.
  6. CASSORLA, R. M. S. (2014). A reverie nesta arte da psicanálise – Resenha. Revista Latinoamericana de Psicopatologia Fundamental, v. 17, p. 940-942.
  7. CASSORLA, R. M. S. (2013). Afinal, o que é esse tal enactment? Jornal de Psicanalise (São Paulo), v. 46, p. 183-198.
  8. CASSORLA, R. M. S. (2013). When the analyst becomes stupid: an attempt to underestand enactment using Bion’s theory of thinking. Psychoanalytic Quarterly, v. 82, p. 323-360.
  9. CASSORLA, R. M. S. (2013). O analista, seu paciente adolescente e a estupidez no campo analítico. Calibán-Revista Latinoamericana de Psicanálise, v. 11, p. 43-64.
  10. CASSORLA, R. M. S. (2013). La simbolización y el trabajo de sueño del analista. Revista de Psicoanálisis de la Asociacion Psicoanalitica de Madrid, v. 69, p. 75-109.
  11. CASSORLA, R. M. S. (2012). A capacidade de sonhar e a ética do psicoterapeuta. Revista Brasileira de Psicoterapia, v. 14, p. 1-12, 2012.
  12. CASSORLA, R. M. S. (2012) Transferindo aspectos inomináveis no campo analítico: uma aproximação didática. Revista de Psicanálise da Sociedade Psicanalítica de Porto Alegre, v. 19, p. 61-74.
  13. CASSORLA, R. M. S. (2012). What happens before and after acute enactment: an exercise in clinical validation and broadening of hypotehesis. International Journal of Psychoanalysis 93:53-80.
  14. GAVIÃO, A. D. & CASSORLA, R. M. S. et al. (2011). A delicadeza no campo analítico: estudando contratransferência e enactment pela internet, Jornal de Psicanálise, S. Paulo, v. 44, n. 81, p. 203-222.
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  16. CASSORLA, R. M. S. (2010). A leste do Éden: loucura, feitiço e suicídio. Revista Brasileira de Psicanálise, v. 44, p. 147-157.
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  20. CASSORLA, R. M. S. (2009). O analista, seu paciente adolescente e a psicanálise atual: sete reflexões. Revista de Psicanálise da Sociedade Psicanalítica de Porto Alegre, v. 16, p. 261-278.
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  99. CASSORLA, R. M. S. (1984). Jovens que tentam suicídio. Características demográficas e sociais. Um estudo comparativo com jovens normais e com problemas mentais-I. Jornal Brasileiro de Psiquiatria, Rio de Janeiro, v. 33, n. 1, p. 3-12.
  100. CASSORLA, R. M. S. (1984). Características das famílias que tentaram suicídio em Campinas, Brasil: um estudo comparativo com jovens normais e psiquiátricos. Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, Buenos Aires, v. 30, p. 125-134.
  101. CASSORLA, R. M. S. (1984). O narcisista, branca de neve e o poder em nossa sociedade. Estudos de Psicologia (Campinas), v. 1, p. 93-100.
  102. CASSORLA, R. M. S. (1984). Jovens que tentam suicídio. Antecedentes mórbidos e de condutas autodestrutivas. Um estudo comparativo com jovens normais e com problemas mentais-II. Jornal Brasileiro de Psiquiatria, Rio de Janeiro, v. 33, n. 2, p. 93-98.
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  111. FRANKLIN, J. O.; CASSORLA, R. M. S. & KARNIOL, I G. (1980). Algumas características do atendimento em pronto-socorro psiquiátrico que mantém convênio com a Previdência Social. Revista da Associação Brasileira de Psiquiatria, S. Paulo, v. 2, p. 202-206.
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  114. CASSORLA, R. M. S. (1979). Suicídio e adolescência: 1. Incidência, histórico e fatores suicidógenos. Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, Buenos Aires, v. 25, p. 288-295.
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  116. CASSORLA, R. M. S. & VÁRIOS. (1972) Plano de Ensino de Ciências da Saúde numa Rede de Serviços-Programa de Paulínia. Boletin Fepafem, Washingon, v. 11, n. 2, p. 0-0.
  117. CASSORLA, R. M. S. (1972). O sujeito-sujeito. Reflexão (Campinas), Campinas, v. 2, p. 57-67.
  118. CASSORLA, R. M. S. (1968). Prognóstico do hipotiroidismo na infância. Medicina e Cultura, S. Paulo, v. 23, n. 2, p. 101-118.

Livros

  1. MONTANA KATZ, S.; CASSORLA, R. M. S. & CIVITARESE, G. (2016) (Eds). Advances in Contemporary Psychoanalytic Field Theory: Concept and Future Development. London: Karnac.
  2. CASSORLA, R. M. S. (2015). O psicanalista, o teatro dos sonhos e a clínica do enactment. London: Karnac, 2015. (Versão Inglesa em 2017).
  3. CASSORLA, R. M. S. (1998). Da morte: estudos brasileiros. 2ª ed. Campinas: Papirus. 286 p.
  4. CASSORLA, R. M. S. (1998). Do suicídio: estudos brasileiros. 2ª ed. Campinas: Papirus. 277 p.
  5. CASSORLA, R. M. S. (1992). O que é suicídio. 4ª ed. S. Paulo: Brasiliense. 72 p.

Capítulos de livros

  1. CASSORLA, R. M. S. (2016). Dreams and non-dreams: a study on the field of dreaming. In MONTANA K.; CASSORLA, R.M.S. & CIVITARESE, G. (Editors). Advances in Contemporary Psychoanalytic Field Theory: Concept and Future Development. London: Karnac, in press.
  2. CASSORLA, R. M. S. (2016). Quando o analista se torna estúpido: tentativa de compreensão do enactment utlizando a teoria do pensamento de Bion. In: ROCHA BARROS NETO, A. M. & ROCHA BARROS, E.M. (Orgs.). O Psychoanalytc Quarterly: Artigos contemporâneos de psicanálise. Volume 2. 1a , São Paulo: Escuta, p. 31-73.
  3. CASSORLA, R. M. S. (2016). Dreaming the analytical session: between pleasure principle and reality principle. In: LEGORRETA, G. & BROWN, L.J. (Org.). On Freud’s “Formulation on the Two Principles of Mental Functioning”. London: Karnac, p. 85-104.
  4. CASSORLA, R. M. S. (2015). Commentary on Supervision A34. In: LEVINE, H.B. & CIVITARESE, G. (Org.). The W. R. Tradition. Londres: Karnac, p. 73-77.
  5. CASSORLA, R. M. S. (2015). Em busca da simbolização: o trabalho de sonho do analista. In: LEVINE, H.B., REED, G.S. & SCARFONE, D. (Orgs.). Estados não representados e a construção de significado. Londres: Karnac, p. 197-213.
  6. CASSORLA, R. M. S. (2015). Simbolizando aspectos primitivos: especulações sobre o arcaico do caráter. In: CANDI, T. S. (Org.). Diálogos Psicanalíticos Contemporâneos: o representável e o irrepresentável em André Green e Thomas H. Ogden. São Paulo: Escuta, p. 273-300.
  7. CASSORLA, R. M. S. (2014). Cuando el analista se vuelve estúpido: enactment como manifestación de dificultades en el el proceso de simbolización. In: MARUCCO, A.V. (Org.). Metapsicologia: Una clínica con fundamentos. Buenos Aires: APA Editorial e Lugar Editorial, p. 95-121.
  8. CASSORLA, R. M. S. (2014). Prefácio. In: CHUSTER, A; SOARES, G. & TRACHTENBERG, R. (Orgs.). R. Bion: A obra complexa. Porto Alegre: Sulina, p. 11-21.
  9. CASSORLA, R. M. S. (2014). O analista, seu paciente adolescente e a psicanálise atual: sete reflexões. In: VOLICH, R.M.; RANÑA, W. & LABAKI, M.E.P. (Orgs.). Psicossoma V: Integração, Desintegração, Limites. São Paulo: Casa do Psicólogo, p. 237-254.
  10. CASSORLA, R. M. S. (2014). O que acontece antes e depois do enactment agudo? Um exercício de validação clínica e ampliação de hipóteses. In: Comitê Editorial (Org.). Livro Anual de Psicanálise. Escuta, v. 28-1, p. 77-101.
  11. CASSORLA, R. M. S. (2013). In search of symbolization: the analyst task of dreaming. In: LEVINE, H.B.; REED, G.S. & SCARFONE, D. (Org.). Unrepresented states and the construction of meaning: clinical and theoretical contributions. London: Karnac, p. 202-219.
  12. CASSORLA, R. M. S. (2013). Reflections on no-dreams-for-two, enactment and the analyst’s implicit alpha-funciton. In: LEVINE, H.B. & BROWN, L.J. (Org.). Growth and turbulence in the container-contained: Bion’s continuing legacy. London and New York: Routlege, p. 151-176.
  13. CASSORLA, R. M. S. (2012). Sonho sem sombras e sombrações não sonhadas: reflexões sobre experiência emocional. In: REZZE, C.J.; MARRA, E.S. & PETRICCIANI, M. (Org.). Afinal, o que é experiência emocional em psicanálise? São Paulo: Primavera, p. 195-232.
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  16. CASSORLA, R. M. S. (2012). Reflections on non-dreams-for-two, enactment and the implicit alpha-function of the analyst. In: LEVINE, H & BROWN, L. Growth and Turbulence in the Container and Contained. London: Taylor Francis/Routledge.
  17. CASSORLA, R. M. S. (2012). Sonho sem sombras e sombrações não sonhadas: reflexões sobre experiência emocional. In: PETRICCIANI, M. et al (Org.). Experiência Emocional e Bion. Paulo: Editora Primavera. .
  18. CASSORLA, R. M. S. (2010). Édipo, Tirésias, o oráculo e a esfinge: do não-sonho às transformações em sonho. In: REZZE, C. J.; MARRA, E. S. & PETRICCIANI, M. (Org.). Psicanálise: Bion. Teoria e clínica. São Paulo: Vetor, p. 110-131.
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  21. CASSORLA, R. M. S. (2009). Transtorno de pânico e estados primitivos de mente. In: FRANÇA, M. T. B. & HAUNDENSCHILD, T. R. L. (Org.). Constituição da vida psíquica. São Paulo: Hirondel, p. 169-202.
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  65. CASSORLA, R. M. S. (1991). Apresentação. In: Dias, M. L. (Org.). Suicídio: testemunhos do adeus. Paulo: Brasiliense, p. 0-0.
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  70. CASSORLA, R. M. S. (1983). Uma provável história natural da tentativa de suicídio em jovens. In: Knobel, M. & Saindenberg, S. (Org.). Psiquiatria e Saúde Mental. Campinas: Autores Associados, p. 289-294.