Texto por
>> Esther Romano

Luis Kancyper nació en Buenos Aires en 1943. Cursó sus estudios primarios y secundarios en escuelas públicas. Perteneciente a una familia de clase media judía eskenazi, llegó a ser maestro de hebreo. Atraído por la actividad escénica fue, no sólo actor y autor, sino director de obras teatrales para niños y padres en esa lengua a los quince años de edad. Desde la adolescencia se inclinó hacia el  estudio de la literatura universal y de las religiones comparadas.

Se graduó de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Su marcada vocación por el estudio y la práctica del psicoanálisis con niños y adolescentes lo acercó, en sus primeros pasos, al Servicio de Psicopatología de Lanús, dirigido por el Dr. Mauricio Goldenberg y luego por el Dr. Valentín Barenblit. Estuvo junto a Aurora Pérez, coordinadora del Departamento de Niños, quien en esos tiempos ya cuestionaba el encuadre clásico del análisis infantil y había comenzado a innovar técnicas terapéuticas incluyendo a los padres en estrategias vinculares.

Su ingreso a la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), años más tarde, fue encarado con entusiasmo y rigurosidad, incorporando información sistemática de las obras de Sigmund Freud, Melanie Klein, Donald Winnicott y Jacques Lacan. Se ligó estrechamente con Willy y Madé Baranger, realizando un estudio concienzudo de los desarrollos de ambos, manteniendo con ellos un espacio de interlocución sobre sus propios intereses de investigación en psicoanálisis, tanto en el orden clínico como en el metapsicológico a lo largo de todos estos años. En el presente, mantiene con Madé un espacio periódico dedicado al cotejamiento, e incluso confrontación, de ideas y escritos psicoanalíticos.

Desde su inserción en el campo de la cultura, Kancyper se ha abocado, desde su temprana juventud, al estudio de los mitos bíblicos y griegos, interiorizándose, también, en el conocimiento de obras literarias, enriqueciendo de manera notable sus escritos psicoanalíticos.

Por sus valiosos aportes al Psicoanálisis ha sido galardonado con el Premio Sigouney en el año 2014.

 

Es autor de los siguientes libros:

  • Jorge Luis Borges o el Laberinto de Narciso, Editorial Paidós, 1989
  • Resentimiento y Remordimiento, Editorial Paidós, 1991. Ampliado y reimpreso por Editorial Lumen, 2006. Traducido al Portugués, Ressentimento e remorso, Editorial Casa do Psicologo, 1994. Traducido al italiano, Il risentimento e il rimorso, Editorial Franco Angeli, 2003.
  • La confrontación generacional, Editorial Paidós, 1997. Ampliado y reimpreso por Editorial Lumen, 2004. Traducido al Portugués, Confrontaçao de geraçoes, Editorial Casa do Psicologo, 1999. Traducido al Italiano, Il confronto generazionale, Editorial Franco Angeli, 2000.
  • Clínica psicoanalítica de niños y adolescentes, Editorial Lumen, 1998. Compilado con Leonardo Goijman
  • Volviendo a pensar con Willy y Madeleine Baranger. Nuevos desarrollos. Compilador y co-autor, Editorial Lumen, 1999
  • Jorge Luis Borges o la pasión de la amistad, Editorial Lumen, 2002. Traducido al Italiano Jorge Luis Borges o la passione dell’amicizia, Editorial Borla, 2006.
  • El complejo fraterno, Editorial Lumen, 2004. Traducido al italiano Il complesso fraterno , Editorial Borla, 2008.
  • Adolescencia: el fin de la ingenuidad, Editorial Lumen, 2007.
  • Resentimiento terminable e interminable, Editorial Lumen, 2010.
  • Amistad: una hermandad elegida, Editorial Lumen, 2014

Más de noventa publicaciones en revistas científicas especializadas en Alemania, Argentina, Brasil, Colombia, España, Inglaterra, Italia, México, Perú y Uruguay. En el año 2005 fue seleccionado por la IPA para participar en el libro Verdad, realidad, y el psicoanalista: Contribuciones latinoamericanas al psicoanálisis, Editorial IPA, Londres, 2005, y para publicar en el Internacional Journal of Psicoanálisis, Volume 87, Number 1, February 2006.

Sus temas principales de investigación se han centrado en torno al afecto y el poder, el resentimiento y el remordimiento, la clínica de niños y adolescentes, el complejo fraterno, la confrontación generacional y el estudio concienzudo de la obra de Jorge Luis Borges.

Estos temas son de interés en las Sociedades Psicoanalíticas de América Latina y de Europa. Desde 1996 ha sido invitado para dictar seminarios, supervisiones y participar en jornadas en las sociedades psicoanalíticas de Bogotá, Guadalajara, Lima, Montevideo, Porto Alegre, Río de Janeiro, San Pablo, Panamá y Santiago de Chile. En Europa es anualmente invitado a Barcelona, Bérgamo, Bologna, Milán, Pádova, Pavia, Roma, Torino y Verona.

En su posicionamiento ante el psicoanálisis Luis Kancyper se plantea a sí mismo, e invita a compartir con los otros, la aventura de hallar nuevos caminos en los basamentos metapsicológicos. Propicia, con ello, fundamentar las mutaciones de la subjetividad que se suscitan en estos tiempos, a lo que podría agregarse la promoción de un viraje, urgente y necesario, hacia una ética de la solidaridad.

Está casado desde hace cuarenta y cuatro años con Judith Kononovich, también psicoanalista de APA.  Han tenido dos hijos. Tienen dos nietitos a los que les dedican su tiempo amorosamente.

Luis Kancyper practica el tennis.

En el marco de sus ideas desde el psicoanálisis, la seriedad en los estudios de los textos de Freud, Klein, Winnicott y Lacan se ponen de manifiesto a lo largo de toda su producción teórica, desde sus publicaciones iniciales hasta sus últimos libros. A todo lo largo de su obra pueden leerse los enlaces con sus saberes sobre los textos bíblicos, la mitología y su fruición por los grandes autores de la literatura universal: Kafka, Borges, Güiraldes.

Como punto de partida de sus reflexiones están los desarrollos de Freud sobre el origen de la organización social y de la cultura humana –Tótem y Tabú (1913)-, en que se describe el poder omnímodo del padre de la horda primordial, su acceso a todas las hembras, la alianza de los hermanos dándole muerte y el consiguiente establecimiento del orden reglado: la prohibición del incesto.

Ya en los inicios de sus desarrollos teórico-clínicos traza como hilo conductor, en el desentrañamiento de las relaciones de amor y odio (tróficas y fanáticas), los ‘lugares’ del rencor, del resentimiento, del remordimiento y del sabor amargo de la resignación. Incursiona en la impronta de las sagas familiares materna y paterna en la confrontación generacional, registrando el pulso de la adolescencia como período clave.

El sustento en su trabajo psicoanalítico lo conduce a ratificar sus hallazgos en la mitología, en la literatura y en lo social. Los elementos que cobran progresivamente más fuerza en sus teorizaciones son las ligadas a las fratrias: luchas francas con rivalidades y celos, luchas de dominio y subordinación, de alianzas protectoras ante el despotismo parental.

El vínculo fraterno es jerarquizado como núcleo central en la organización del psiquismo humano con una intensa densidad teórica, dejando atrás la noción que entiende a dicho vínculo como articulador-pasador entre Narciso y Edipo. Su nudo gordiano guarda las raíces del fratricidio.

A lo largo de este capítulo me propongo acompañar el camino recorrido por Luis Kancyper en ese desanudamiento, reconociendo los elementos que lo componen con unas pocas reflexiones acotadas.

Es en la Torah en donde se distingue la marca del primer asesinato: Caín matando a Abel. Ciertas lecturas revisionistas apuntan a que, en la raíz del fratricidio, la rivalidad se centraba en los celos por el amor de Eva.

En el Zohar hay relatos en que los hermanos se perciben como:

  • hijos expuestos al castigo por el pecado de Adán y Eva expulsados del Edén;
  • Abel en la lucha territorial desde la pretensión de que su rebaño pastara en el campo de Caín, desafiando la posesión del antro materno;
  • Caín habría pretendido homologar al Poderoso al echar simiente, creando vida vegetal; y por ello no fue reconocida la ofrenda de sus frutos.

Kancyper centra la mirada, en cambio, en los celos entre los hermanos ante la desigualdad de la preferencia paterna. Aporta otros ejemplos paradigmáticos, como aquel que se juega en la relación entre Jacob y Esaú ante Isaac; por otra parte, la unión entre hermanos ante José denota, así mismo, la pregnancia del odio fraterno.

En consonancia con la cosmovisión bíblica, rastrea, ya en su primer trabajo “La venganza, una aproximación psicoanalítica”, las huellas del encono y el rencor. Es en dicho artículo en donde inicia su abordaje sistemático de la temática del complejo fraterno, que será profundizado en desarrollos posteriores.

Afirma que la idea de complejo comprende modos de satisfacción pulsional que se enlazan a cadenas representacionales, en donde lo particular y no idéntico determina tramas inconcientes de procesamiento de los lazos familiares. Mientras que el complejo edípico se corresponde con la triangularidad, el complejo fraterno corresponde al pasaje del uno al dos.

Si desde la óptica psicoanalítica se sancionan como pilares centrales el narcisismo y el complejo edípico, el lugar del complejo fraterno es jerarquizado por Kancyper como elemento fundante y estructurante. Con ello se diferencia de lecturas en que ‘lo fraterno’ resulta un derivado de la rivalidad edípica; o bien, tal como refiere Paul-Laurent Assoun, el complejo fraterno sería solamente un ‘pasador’ entre el narcisismo y el Edipo.

A continuación, trazaré ciertos lineamientos de algunos de sus textos,  esbozando las ideas centrales de “La confrontación generacional”, “Borges, la pasión de la amistad” y “Adolescencia: el fin de la ingenuidad”.

 

La confrontación generacional (2000).

Cabe considerar que la idea del influjo intergeneracional o transmisión generacional tiene afinidad con la planteada por autores psicoanalíticos de la escuela francesa como René Kaës, Jean-José Baranes, Piera Aulagnier, Didier Anzieu y Haydée Faimberg. Las afinidades o diferencias son de distinto tenor.

La demarcación elaborada y ahondada por Kancyper, en términos de  “confrontación generacional”, pone el acento en la promoción de la identidad de los sujetos y la liberación de la servidumbre narcisista. La misma surge de la superación de las identificaciones familiares alienantes, a través de procesos de desidentificación e historización, con la consiguiente resignificación de las relaciones familiares, distinguiendo la dupla amor-resentimiento.

Resulta crucial el período en que la estructura familiar es puesta ‘en jaque’ ante la turbulencia generada por el adolescente en su tránsito hacia una existencia propia e individual. Es interesante la descripción de las modalidades parentales en que, por los conflictos con sus respectivas familias de origen, coercionan a los hijos con mandatos alienantes, logrando, las más de las veces, efectos paradojales.

Kancyper delinea ciertas tipologías parentales, tales como: blandos, adolescentes, serviles, distraídos, hacedores-sobrevivientes que se posicionan en el rol de víctimas, convirtiendo a sus hijos en verdugos.

Si bien prevalece en su obra la figura central de la simbiosis padre-hijo, también hallamos en ella otros campos dinámicos intergeneracionales signados por relaciones menos narcisistas, en las que prevalecen padres que han alcanzado a procesar, en cierta medida, sus propios duelos relacionados con la omnipotencia, la inmortalidad y la especularidad en la dimensión parento-filial. Señala nuestro autor que, así como los padres son necesarios para que el niño acceda a configurar su propia estructura edípica, también lo son para que ellos mismos (los hijos), a través de un gradual y laborioso trabajo de elaboración psíquica, logren desasirse de la desmesura del originario poder parental por ellos detentado.

 

Jorge Luis Borges o la pasión de la amistad (2002).

Kancyper, mediante el recorrido y el análisis de diversos textos borgeanos, presenta gradientes de la caída progresiva del sentimiento de la omnipotencia parental, a través del pasaje gradual del ‘amor al poder’ al ‘poder del amor’ de padres a hijos.

De “Animales de los espejos”, en que Borges denuncia el carácter autoritario de ciertos padres, Kancyper remarca el despertar de las voces de rebelión de los subordinados, reunidos solidaridariamente para contrarrestar el abusivo poder intergeneracional. En “El Centauro”, la metáfora de la figura centáurica remite al entramado transitorio, de carácter fusional y ambigüo, de la relación paterno-filial, medular en el proceso de desasimiento de la unión simbiótica con la madre a través de la función estructurante de un padre aliado al hijo.

Los diferentes ‘lugares’ del padre, en los que se considera el ligamen preedípico, y en donde queda subrayada la simbiosis padre-hijo, son elaborados por Kancyper en “La memoria de Shakespeare” a través de sus personajes.

En dicho libro el autor diferencia, en el ejercicio del poder, formas de servidumbre o liberación. A su vez, investigando  los  dinamismos psíquicos que configuran la memoria y el olvido, Luis Kancyper dilucida y enumera cuatro tipos de memoria: del rencor, del pavor, del dolor y del esplendor.

En la memoria del esplendor la dimensión pasada ilumina el presente y el futuro, en un encuentro mágico pregnado de un sentimiento oceánico; se trata de una memoria plena de alegría, belleza y vivencia de inmortalidad. Pasado, presente y futuro, en tanto tiempos supeditados a la cronología, no son contradictorios.

En la memoria del pavor las dimensiones del tiempo pasado y del tiempo futuro son barridas: las reminiscencias traumáticas empantanan el presente y el futuro con un pertinaz sentimiento de desconfianza. Encuentro, en esta noción de memoria del pavor, ecos del sentimiento prevalente de inquietud que ya Winnicott vinculara con la inseguridad y el miedo al derrumbe que, proyectado en el futuro, calca simétricamente las ansiedades primitivas ligadas a la inermidad inicial del humano.

En la memoria del rencor prevalece la esperanza reivindicatoria; la injusticia del pasado ‘hipoteca’ el presente y el futuro, mientras que los remordimientos obnubilan el presente de modo manifiesto u oculto. Se reconoce en las obras borgeanas “Funes el memorioso” y en la ya citada “La memoria del Shakespeare”.

Nos detendremos en este cuento tardío de Borges, en que el personaje Hermann Soergel recibe la memoria agobiante de Shakespeare, que lo invade, permaneciendo acantonado, rendido y sufriendo en un laberinto narcisista y masoquista, como si hubiera sido programado para la obediencia y la sumisión. Su problema no es querer recordar, se trata más bien de no poder olvidar, impedido de anular un poder identificatorio parental opresivo. Hermann Soergel, al aceptar la propuesta de llegar a ser el portador de la memoria de otro, se posiciona en el lugar de un primogénito receloso de otros intrusos acechantes, permaneciendo viscosamente adherido a un padre-Dios, como su único y legítimo continuador. Es abrumado por una infatigable búsqueda de permanencia como el único y perfecto doble: inmortal, especular e ideal del padre. Del privilegio de ser ‘el elegido’ se desprende un atractivo estímulo sublimatorio, así como una trampa narcisista coartadora de la salida exogámica. Resalto el valor clínico de las anteriores aseveraciones, avalando la importancia del desasimiento del laberinto narcisista y edípico ligado a la autoridad parental, camino que se transita desde el trabajo elaborativo de las identificaciones distorsivas, herederas de predecesoras situaciones traumáticas.

En la memoria del dolor, en que el pasado no es olvidado sino reconocido, aún cuando no sea posible su recuperación y cambio, existe resignación, aceptando ese pasado como experiencia de otrora, fertilizando el momento presente y dando lugar a un futuro posible no necesariamente idealizado.
Las sucesivas deconstrucciones y construcciones, que plasman la identidad de los sujetos, sabemos, se tramitan en el curso de los tratamientos psicoanalíticos. Más adelante veremos, en el material clínico del caso de Pablo, publicado en el reciente libro “Resentimiento terminable e interminable” (2010), cómo se ilustra, precisamente, el trabajo elaborativo en torno a la confrontación generacional y el reconocimiento de la alteridad en los vínculos fraternos. Tal como se desarrollara en el acápite referido a “La memoria de Shakespeare”, se patentiza en Pablo la identificación masiva con el deseo ajeno impuesto y su misión de redimirlo; luego se presencian los procesos transformativos de historización ligados a su cambio psíquico.

 

El complejo fraterno (2007).

Es abordado con ricas referencias literarias e históricas, diferenciando las confrontaciones fraternas patológicas de las normales.

Kancyper parte, en la conformación de su idea de “complejo fraterno”, de la definición que Laplanche y Pontalis (1971) proponen en relación al complejo, en términos de “un conjunto organizado de representaciones y de recuerdos dotados de un intenso valor afectivo, parcial o totalmente inconsciente”.

Nuestro autor establece la presencia del doble especular, gemelo-reflejo, como el punto de origen del complejo fraterno, aún en la condición de hijo único, conflictuado ante el hermano imaginario. La idea de “vasos comunicantes”, relativa a la fantasía de equiparación en el vínculo de sangre, apunta al acceso a un afecto parental igualitario. Se remarca la vivencia de desasosiego ante la caída del poderío del primogénito, ‘su majestad, el bebé’, frente a la intrusión por el nacimiento del segundo hijo.

La arbitrariedad parental, que establece desigualdades en el otorgamiento de  afecto y privilegios, está en la raíz de los conflictos, marcando diferencias, tales como la predilección hacia el primogénito por parte del padre y del ‘benjamín’ por parte de la madre.

La orientación teórica de Kancyper articula lo interpsíquico con lo intrapsíquico.

Desde el nivel intrapsíquico, el peso de las identificaciones alienantes está determinado por el predominio de Eros o de Tánatos. La reacción rencorosa del sujeto a las identificaciones alienantes sufre así el influjo de su propia dotación pulsional.

Especial marca tiene el peso identificatorio de los hermanos antecesores muertos o minusválidos, así como también se remarca la importancia de los procesos de desidentificación e historización.

A las ‘confrontaciones fraternas’ Luis Kancyper opone la idea de lazos de solidaridad, fuente de los sentimientos amistosos y sociales. Quedan delimitadas en los vínculos fraternos las siguientes cuatro funciones:

-Sustitutiva: Se presenta como una alternativa para reemplazar y compensar funciones parentales fallidas.

-Defensiva: Responde a un proceso de desplazamiento, encubriendo conflictos edípicos y/o narcisistas irresolutos. En muchos casos, se elude y desmiente la confrontación generacional.

-Elaborativa: Coadyuva en la elaboración del complejo de Edipo y del narcisismo, tramitando el desasimiento del poder vertical detentado por las figuras edípicas. En la clínica, la fijación a traumas fraternos es alimento de una atormentada rivalidad con sus semejantes.

-Estructurante: Se ubica en un papel organizador de la vida anímica del individuo, de los pueblos y de la cultura. Influye sobre la génesis y el mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos, en la constitución del superyó e ideal del yo, y en la elección del objeto de amor.

En el trabajo clínico, la importancia del reconocimiento, en el psicoanalista, de sus propios referentes identificatorios parentales y fraternos se hace imperativo.

Interesa leer en los análisis la particular interacción de los componentes narcisísticos, edípicos y fraternos, con la mira puesta en reconocer las identificaciones de las que el sujeto es portador.

A las confrontaciones fraternas se opone la idea de lazos de solidaridad, fuente de los sentimientos amistosos sociales. En la historia de los pacientes se resaltan las rivalidades fraternas que dividen el campo familiar. Aunque también surgen lazos de solidaridades que permiten a los hijos hallar el modo de enfrentar la confrontación con los padres.

Toda la dinámica familiar vuelve a repetirse en análisis in situ en esas condiciones. En la transferencia el analista personifica, no solamente una función parental, sino también una función fraterna, elemento éste constitutivo del ‘grano de arena’ de los últimos desarrollos que Kancyper promueve sobre la amistad de transferencia.

De este modo se lee que toda la transferencia simétrica, gemelar, resulta incluida en el modelo propuesto por Kancyper, construyendo así una propuesta por la que se amplían las fronteras del trabajo psicoanalítico, con nuevos  puentes entre la teoría, la clínica y la  técnica.

 

La adolescencia. El fin de la ingenuidad (2007).

En la afirmación categórica “lo que se silencia en la infancia suele manifestarse a gritos en la adolescencia” se resalta lo tumultuoso de la confrontación generacional en esa etapa.

De gran importancia son las desidentificaciones alienantes y la necesidad de procesar duelos: cambios corporales, desidealización de las imagos parentales maravillosas. También ‘el dolor de ya no ser’ el hijo maravilloso que satisface los anhelos parentales y la consecuente pérdida de seguridad familiar y ambiental, enmascarada con la contrapartida de conductas de riesgo y desafío.

El proceso madurativo posiciona al adolescente como implacable en sus críticas, desnudando secretos y rigideces familiares. Así, el adolescente en su tendencia a la transgresión promueve -y requiere- puesta de límites. En el mejor de los casos, crean coyunturas en que, silenciosa o estrepitosamente, se depone el poder abusivo intergeneracional.

 

Amistad de transferencia (2011).

Corresponde a un trabajo elaborado por Kancyper, en donde la amistad es definida como una hermandad elegida, que no está impuesta por los lazos sanguíneos, aún cuando pueden en ocasiones filtrarse elementos conflictivos narcisistas, parentales y fraternos.

Trazando referentes pertenecientes a la cultura helénica (Aristóteles, Plutarco y Cicerón) en términos del ‘elogio de la amistad’, el autor apela al sentido de la amistad como una forma de amor en que la intimidad mantiene la distancia, reconociéndose la alteridad y la posición deseante del otro más allá de uno mismo. La mirada comprensiva del otro es reaseguradora, propiciando la afirmación identitaria.

Desde el análisis de los fenómenos transferenciales y contratransferenciales, Kancyper distingue la vertiente fraterna: el clima distendido y confortable, característico de la amistad de transferencia, y sigue, a su vez, la línea freudiana de la relación interactuante con el otro, otro confirmatorio del ego que implica su propia construcción desde la cercanía como auxiliar, como modelo, como rival u oponente.

En la incapacidad de compartir, subterránea a la soledad inefable, el otro remeda una utopía, haciendo emerger, con esto, sentimientos de depresión, desconfianza, resentimiento y rencor. La amistad, sin dependencia, en el marco de la intersubjetividad, supone una energía pulsional ligada a un objeto afín para compartir. Se encuentra satisfacción en la alegría del otro y se mitiga el dolor del sufrimiento y la pérdida. Estos desarrollos han sido publicados (2014) en el libro “Amistad: una hermandad elegida”

Me propongo delimitar, a continuación, ciertos elementos relacionados al impacto de su pensamiento en el medio psicoanalítico contemporáneo. En el curso de una entrevista realizada a Kancyper en CEAPIA (Porto Alegre, Brasil, 2004) es destacado cómo, en la revisión de su propia ingenuidad, el ya-no-niño y aún no-joven-adulto desafía el silencio de la ingenuidad defensiva de los adultos. La confrontación resulta una apertura para la construcción  ininterrumpida de las respectivas identidades individuales, fraternas y sociales.

En el curso del año 2011, en Washington, en ocasión de la presentación de la versión traducida al inglés Resentment terminable and interminable, se recoge, entre los elogiosos comentarios de su libro, una fiel síntesis de los diferentes tipos de memorias: las correspondientes al rencor, el terror, el miedo y la ligada a la transformación creativa.

Se diferencia, en la condición de estar habitado por el rencor, el germen del resentimiento y la victimización, los anhelos de venganza, sin posibilidad de duelar los daños de su pasado. En la memoria del terror, la traumatización y las frustraciones, habita el temor a enfrentar -en el futuro- nuevas experiencias dolorosas, lo que redunda en una visión fatalista del futuro. Ante la aceptación del dolor de la pérdida y las frustraciones del pasado aparece la resignación que posibilita la apertura hacia un futuro benigno posible.

En el contexto de las supervisiones ofrecidas en Milán, en octubre de 2004, se recogen las siguientes impresiones dadas por Marco Maccio junto con Dina Vallino, sobre el inicio de la vinculación con Kancyper en los 90: por un lado establecen correlatos entre el interés por los fenómenos de grupo, desde los desarrollos de Freud en Psicología de las Masas y análisis del yo (1921), remarcando la importancia del concepto de complejo fraterno como factor decisivo en la comprensión de dichos fenómenos, diferenciados de los referidos al complejo edípico y trazando correlaciones entre los desarrollos de Kancyper con los de René Käes y, en Italia, con los de Franco Fornari. Se subraya la estirpe freudiana de sus desarrollos, remarcando como ideas-base la noción de compulsión a la repetición, el análisis de los componentes intrapsíquicos (intrasubjetivos) de cada uno de los integrantes de la fratría y, por extensión, de toda la familia, complementándose dinámicamente con  lo relacional-intersujetivo. Se destaca el carácter innovador resultado de la integración de ambos niveles.

Los comentadores sintetizan claramente el capítulo sobre El malentendido, destacando el lugar del ‘unicato’ en la referencia a la obra de Camus Caligula.

El concepto de ‘unicato’ implica el reino del Uno, de Lo Único, el Absoluto, alimentando fantasías de omnipotencia e inmortalidad. En el unicato la detentación del poder es homologable al despotismo del padre de la horda primitiva.

La influencia de sus ideas se encuentra en la obra de otros autores, como por ejemplo en los conceptos originales de la colega argentina Paulina Landolfi, quien acuerda con el planteo de Kancyper de que el hermano es, al mismo tiempo, el primer-prójimo y el primer-enemigo constitutivo del pasaje de lo familiar a lo siniestro, heimlich-unheimlich. Se destaca la condición insidiosa de la culpa fraterna y el lugar que juegan los engramas fraternos, en tanto introyectos en la estructura del superyó.

Por otra parte, desde la resonancia de los desarrollos de Luis Kancyper en el seno de la APA, están las valiosas contribuciones aportadas por el colega Jorge Schwartzman quien, amén de los elementos subrayados por otros autores, siendo poseedor de una rica cultura, enfoca también los estudios ligados a los textos bíblicos, así como la obra literaria de Borges y Kafka. En cuanto al Camus autor de ‘Calígula’, se detiene en el lugar del ‘unicato’, concepto poco usual, de base política, subrayando el discurso de amor al poder absoluto, a la desmesura, al puro cultivo del narcisismo. En la desmentida el sujeto pretende la inmortalidad y la invulnerabilidad, alimentado por la fantasía relacionada con la creencia de ser un elegido, a imagen y semejanza del padre despótico de la horda primitiva.

Es de interés incorporar algunos lineamientos trazados por el colega Manuel José Gálvez, con quien he tenido oportunidad de compartir la discusión del trabajo de Kancyper sobre El malentendido en una reunión convocada por la Secretaría Científica de APA en mayo del 2008.

Se reseñan, a continuación, aquellos elementos más relevantes y, en todo caso, diferenciables en su singularidad, de los aportados por otros autores con los que resulta obvia la afinidad de ideas. Por ejemplo lo relacionado con el concepto de campo relacional conformado por analista y analizando que desarrollaron  Madé y Willy  Baranger.

Gálvez resalta, desde el poder ejercido en las comparaciones fraternas, la evolución hacia lo libidinal con mitigación de lo tanático según la lectura del material clínico del paciente que ilustra el capítulo, lo que se manifiesta en la

atenuación de las tendencias maníacas y masoquistas. El lugar del poder se detenta en la oposición amor vs. odio. En la antítesis amor vs. indiferencia los sujetos no son reconocidos en su condición de ser, son equiparables a un no-ser, a des-ser. Gálvez planteó, en dicho encuentro, dos interrogantes a Kancyper: el correspondiente a las articulaciones posibles de sus ideas en el artículo, con sus propios estudios sobre confrontación generacional y, por otra parte, la pregunta de cuál sería la estructura básica de la fantasía inconsciente del campo analítico.

En el siguiente acápite intentaré trazar algunas hipótesis explicativas para hallar alguna respuesta. A las interrogantes y reflexiones propias me propongo enhebrar un diálogo imaginario intertextual (Kancyper, 1997, 2000, 2004, 2010, 2011, 2014), complementado con los aportes de otras variadas fuentes de lectura. Para ello me centraré en el capítulo “Resentimiento interminable en las comparaciones en El malentendido, de Albert Camus” incluido en el libro Resentimiento terminable e interminable. Psicoanálisis y literatura, capítulo que se incluye completo más abajo al final de este escrito.

Como prólogo a mi propia perspectiva sobre dicho artículo, enmarcaré su lectura crítica dentro de parámetros epistemológicos, con el fin de ponderar el  valor heurístico de los desarrollos de Kancyper.

Veamos:

  1. En cuanto a su basamento en la práctica clínica, la categorización de los datos fenomenológicos y el entramado interpretativo de los procesos inconscientes, el autor responde a parámetros con grados aceptables de “coherencia lógica” (A. López Alonso).
  2. Las observaciones de Kancyper se sustentan en una vasta experiencia en el psicoanálisis de niños, adolescentes y familias, ideas transmitidas claramente, por lo que poseen “carácter persuasivo” (Gregorio Klimovsky).
  3. El fundamento en la clínica abarca niveles intrasubjetivos, intersubjetivos y transubjetivos, enmarcados en una ética de la solidaridad.
  4. En cuanto a sus categorizaciones, me atrevo a afirmar que, si bien  cabrían otras taxonomías alternativas, es innegable pretender sistematizar las innumerables singularidades de los “complejos fraternos”, de las “confrontaciones generacionales”, de las “memorias,  rencores y remordimientos”, lo que implicaría desembocar en el infinito. Viceversa, propender a lograr una generalización para todos los casos sería conducente al riesgo de la esquematización.
  5. Los desarrollos de Luis Kancyper sobre las temáticas anteriores han trascendido notablemente en la comunidad psicoanalítica, denotando su operatividad, lo cual certifica el impacto y la validez científica de sus ideas.
  6. A dicha validez se agrega la “fuerza” de su extensión a otros campos (Klimovsky), como los expuestos en el estudio de mitos y leyendas, del medio social o la literatura. El autor ha demostrado su verificabilidad a través de su posible extensión a la comprensión de las manifestaciones artísticas (cuentos, poesía), los mitos y la vida social comunitaria.
  7. Kancyper Inaugura un giro metapsicológico, con inscripciones en la economía pulsional de orden dinámico, estructural e identificatorio.
  8. En síntesis, cabe considerar que las ideas originales son determinantes de un punto de inflexión, lo que implica en el psicoanálisis contemporáneo un nuevo estatuto metapsicológico.

Ya a título personal, y con el ánimo de estimular a Kancyper en sus futuros desarrollos, señalaría que sus criterios clasificatorios podrían, así mismo, beneficiarse con determinadas sistematizaciones complementarias según ejes de oposición y/o simetría y/o estabilidad, etc. Su consideración permitiría trazar mapeos de configuraciones vinculares (parento-filiales y fraternas) diádicas o triádicas, que enriquecerían aún más la comprensión de los casos.

 

CONSIDERACIONES SOBRE EL MALENTENDIDO DE ALBERT CAMUS

Como en todo estudio, cabría ensayar otros niveles de comprensión posibles, pero la ilustración sobre las hipótesis centrales sobre un complejo fraterno patógeno se patentizan con claridad en el texto. Con la intención de aunar el respeto a la línea de trabajo del autor del artículo, propongo un ejercicio analítico a la manera de un ‘relato’ -fuera de la escena teatral- homologado a un material clínico, incluyendo referentes teórico-clínicos de otros autores, acompasados en un diálogo intertextual.

Previo a considerar el texto de Albert Camus, así como luego el material clínico ilustrativo, incorporaré breves extractos de ideas originales de algunos autores en relación a la temática de la muerte, el morir y matar, recogidas en el número temático sobre “La pulsión de muerte” de la Revista de APA (2001. T.1 No.LVIII).

En términos de Ángel Garma, “el superyó tanático es la base del masoquismo”. A partir de Jacques Lacan, “el superyó perverso maléfico es el que ordena el goce incestuoso”. Jaime Spilka, más tarde, apunta a que “el sentido de la vida justifica la propia existencia en tanto exista algo por lo que valga la pena matar o morir. Así, matar o morir constituyen significantes de la libertad subjetiva. Matar remite al parricidio”.

En cuanto a la temática fraterna me detengo en las ideas de Paul-Laurent Assoun (1998), quien delimita la función-hermano como basamento sublimatorio del lazo social, abordando el status inconsciente de la fratría, explorando cuestiones en torno a la intrusividad, los celos, la seducción, el odio y la reconciliación. Su posicionamiento difiere del de Kancyper, en tanto que, para el primero, la función fraterna implica un pasador, una bisagra entre Narciso y Edipo. Assoun ubica la agresividad como secundaria a la identificación con el alter, siendo que para poder odiar y rivalizar, resulta previo identificarse con él. La función paterna es nodal en la posibilidad de alcanzar la reconciliación con el odiado frater. Ante la falla de dicha función, el infans persiste en el amargo reproche al supuesto goce de la madre con el ‘elegido’. En éste, a la vez, persiste la idealización materna. Las luchas fratricidas serán, entonces, herederas de la fallida función paterna, con sus correspondencias en la organización del superyó.

La utilidad de los anteriores referentes, en sintonía con el eje medular de Kancyper, y a la manera de ensayo de un psicoanálisis aplicado, dilucidaría otros elementos en la estructura fantasmática de los personajes; en el siguiente acápite abordaré dicha temática en relación al caso clínico de Pablo.

La lectura completa del trabajo original de Luis Kancyper, que considero imprescindible y que se encuentra al final de este capítulo, permitirá al lector acompañarlo en el develamiento de la matanza del hermano (fratricidio). Sería aclaratorio recorrer sus páginas y concentrarse, así, en sus estudios sobre el texto de Albert Camus; así como el propio caso clínico, en relación a la visión idiosincrática del complejo fraterno.

 

SOBRE EL MALENTENDIDO

Síntesis argumental:

En la obra se analizan un torbellino de emociones soldadas en la relación madre-hija, con macabros propósitos de apoderarse del dinero de sus huéspedes a través de fríos asesinatos, acabando éstos en la persona de Jan, no reconocido como hijo por su propia madre.

Se señala que en el teatro del absurdo, en el contexto del auge de la filosofía existencial, la Segunda guerra mundial gira como eje central en la idea de que el fin último del hombre es alcanzar, desde la libertad, un valor en sí.

 

Mente asesina:

Por ahora es de interés que descifremos los macabros entretelones en el psiquismo de Marta en el texto de Camus, que alcanza su climax en el asesinato de su hermano Jan. Ya en los sucesivos y anteriores asesinatos se registra la fuerza del desamor, la indiferencia ante la aniquilación del alter, percibidos éstos como enemigos. Constituirían desplazamientos anticipatorios y sustitutivos del hermano-rival, calificable como ‘el elegido’.

Es el hermano -Jan- el representante narcisístico de la madre (Serge Leclaire). Los anteriores, los subrogados, merecían ser asesinados. Aniquilar al alter-enemigo, aquel que ha osado salir al mundo en la búsqueda de un destino diferente, fuera de las fronteras del círculo endogámico. La pretensión de ingresar a la morada materna, cual hijo pródigo, merecería la muerte.

 

En cuanto al dinero y su poder:

Resulta de interés incorporar aquí la referencia a la temática del dinero en la obra de Albert Camus.

En Calígula, en que el desenfreno se desata luego de la muerte de la hermana incestuosa, la arbitrariedad en el apoderamiento del dinero está al servicio de una fantasía de poder desmedido. En su obra teatral La muerte feliz, Camus pone en boca del personaje central -que es asesino- que “el dinero es lo necesario para disponer de libertad”. El bien anhelado no sería el dinero como posesión en sí, sino la fantasía de disponer del mismo para acceder a un mundo sin fronteras.

Si nos retrotraemos al impulso de matar para apoderarse del dinero, cabría preguntarse cuánto estaría implicado, en Marta, en relación al rencor y el resarcimiento (Kancyper) de la orfandad emocional; alimentar su cuota de poder, su conversión en Amo Absoluto como compensación fallida ante la ausencia de la mirada materna (Winnicott). Desde un diálogo con el Kancyper de la confrontación generacional, reconocida la falla materna ¿podría aventurarse acaso que obedecía, a la vez, a una prehistoria materna también de abandono? De ahí la imantación (folie à deux) al goce perverso de Marta, en que el dinero es señuelo.

El texto de Camus remeda un repertorio de pecados capitales: la  organización fantasmática retroalimenta en Marta la codicia. En un estado de ensueño diurno de expresión de deseos, en lo manifiesto, que es el acumular dinero-poder suficiente para alcanzar la libertad, el horizonte, el mar, el sol bañando la piel; búsqueda idealizada que encierra el trauma subyacente (Garma), en tanto esa fantasía fusional, ligada a ansiedades arcaicas, constituye el intento infructuoso de hallar el self grandioso faltante en sus introyectos primarios. Amén de la falla materna, se infiere en el texto un padre con una disposición psíquica pragmática, centrada en el hacer, no reconocido en el ejercicio de la ley interdictora.

 

Del matar y el morir:

Madre e hija se alían en el asesinato, engarzadas en una suerte de folie à deux en que la fuerza activa correspondería a Marta, en quien subyace la fantasía de Amo Absoluto. El matar y el morir en Marta son dos caras de la misma moneda: ante su imposibilidad de hallar sentido a su vida, en suma, no poder vivir, destruye a quien/es representa/n la conquista del mundo (el afuera, la libertad, el dinero). Si ser implica aniquilar los significantes -el Otro-, ello nos remite al imposible de ser -por sí y para sí- de Marta.

Es relevante la lectura de Kancyper que describe, en Marta, el  resentimiento y el reproche por el desamor materno, la reivindicación del derecho a dar muerte desde su oscuro odio fratricida. En el final de la obra, comunicado ‘el malentendido’, el propio suicidio trasuntaría su devastación interior, corolario de lo que André Green cualifica como “nadización”. El intolerable fracaso condena a Marta a su propia muerte, en que la resistente viga (suicidio por ahorcamiento) representa al superyó tanático paterno: su dureza emocional.

No esperando acertar respuestas, surgen algunos interrogantes: en la determinación de esa suerte de folie à deux asesina, ¿cuál habría sido la configuración familiar antecesora determinativa de esa coalisión tan nefasta? Por otra parte, ¿qué decir sobre el padre? Se recoge en el texto completo, y veladamente en el extracto, que éste -el padre- estaba ya ausente antes de morir, desafectivizado, sin escrúpulos. Ahora, ¿puede, en Marta, hipotetizarse una fuerte corriente pulsional agresiva- filicida, cuyo congelamiento afectivo, que la condena a la servidumbre coartando su libertad, la lleva d´emblée a un final suicida?

Si se aplican las ideas del padre destituyente (Kancyper), inoperante en el ejercicio de la Ley, puede leerse, en Jan, una huída del antro materno para romper el encierro endogámico. En la partida estaría la llama de confianza, los recursos internos para conquistar al mundo. En su exilio subsiste la nostalgia de la fusión con el pecho-madre, motor de la vuelta del hijo pródigo[1].                

En la mítica del hijo pródigo, se observa la necesidad de retornar al hogar materno (O. Rank), mostrándo a la madre los tesoros conquistados en el mundo, ofrendándoselos. Jan, como los anteriores visitantes: solo, poseedor de dinero, sin mujer, desmintiendo la alianza exogámica, ¿acaso aplacando los celos de una imago posesiva-fusional materna? El resultado es el desencanto, al no ser reconocido en su gesta de retornar como hijo pródigo; heimlich-unheimlich. La herida narcisística al no ser reconocido por la mirada materna, dolor, desasosiego que rompe el hechizo y la magia del anhelado reencuentro gozoso. La diferencia entre lo esperado y lo hallado.

Señala Spilka que nuestra vida no cobra sentido fuera del circuito placer-displacer, sino en el significante que induce matar o morir, desde el reto de la interdicción paterna del goce en lo real. En el caso de Jan, valdría la hipótesis de morir para anular dicha interdicción. El  triunfo se alcanza en el abrazo-mar-líquido-fusional en que finalmente otorga un nuevo sentido final. The end  trágico en que se confunde el hijo pródigo, que lejos de disfrutar el árbol añoso con sus “colmenas en el quebracho enjambradas”, sucumbe en la fusión con la madre-maravillosa-amante de los primeros tiempos hacia la eternidad.

 

De los suicidios:

El suicidio materno es leído por Kancyper como el corolario de la culpa, encriptando la fantasía de unión fusional con el hijo. Acordamos con ello.

Se encuentra que en Ángel Garma (1937) hay cuatro razones que fundan la motivación del suicidio:

  • La identificación con la pérdida de un objeto libidinoso perdido.
  • La tentativa de recuperar dicho objeto a través de la muerte.
  • La realización de deseos agresivos hacia los objetos.
  • La vuelta de dichos deseos agresivos contra el self.

En El malentendido se reconoce en el personaje de Marta la identificación con el objeto perdido -la madre-, la fantasía de su unión con ella y la materialización de los deseos agresivos hacia los objetos de su encierro endogámico. De la lectura del texto completo se recoge que cunde en ella la total desesperanza por no haber logrado ser acogida narcisísticamente por la madre, quien fallara en su función de holding, en la ausencia de mirada, de sonrisa ligada al orgullo, de júbilo (Winnicott), determinando el basamento del reproche sin fin.

 

SOBRE EL MATERIAL CLINICO

Kancyper ilustra una sesión, subsiguiente a otra anterior, en que se infiere el efecto mutativo (J. Strachey) puesto en movimiento en la psique de Pablo, su paciente. Se considera la sumisión al mandato superyoico materno: sobreproteger a la hermana, supuestamente débil. Se discrimina una trama confusa en la vinculación de ésta con la madre.

 

El caso clínico:

En el caso de Pablo, el sentido de la vida es hallado en el descubrimiento de las raíces de su disposición masoquista, a diferencia del personaje de Camus -Jan, hermano usurpador-, que había monopolizado los aspectos valiosos del proyecto identificatorio familiar. Pablo logra desasirse del mandato materno en el que se instituyó el ideal de perpetuar la ligadura sobreprotectora hacia su hermana.

Podría inferirse que ella habría estado predestinada, en la psiquis materna, a una representación idealizada de su sí mismo especular narcisista. Luego, defraudada en su propensión identificatoria especular, retroalimenta compensatoriamente una estructura relacional sobreprotectora.

Puede leerse, en el material clínico presentado, cómo se rompe la obstrucción repetitiva de lo igual hacia un proyecto diferente y nuevo, resultado de la eficacia interpretativa del período anterior al descrito, dando cuenta, así, de un proceso de elaboración psíquica en el espacio-tiempo entre las sesiones, en las que Pablo de algún modo ‘asocia’, dando cuenta de nuevos eslabonamientos en la trama familiar. De algún modo procede a un autoanálisis, retornando con bríos al trabajo intrasesión.

La disposición receptiva acompaña desde un ‘lugar’ que trasunta una disposición de atención uniformemente flotante, registrando en un entorno continente las impresiones intra e intersubjetivas del paciente, encontrando elementos que permiten aseverar la eficacia interpretativa y su corolario de cambio psíquico. El camino hacia ello es homologable a los que han superado el mandato tanático y que, también, han logrado arribar al desafío trófico, cuyos efectos estructurantes son necesarios para el logro de la separación-individuación.

Vale retornar, en este punto, a las correspondencias ya remarcadas en los personajes borgeanos, sobretodo las referidas al impedimento del logro al acceso a su individuación, al permanecer inhibidos y confinados en el laberinto narcisista, con la consiguiente perturbación en su configuración identitaria. En el material transcripto desfilan las figuras de la madre, una hija escasamente hábil, otra exitosa, anteriores parejas de Pablo, sus niñas golosas. Se remeda luego el recuerdo de un accidente automovilístico, la culpa ante el amigo. ¿Proyección de un frater imaginario? Luego, ¿qué del padre?

 

El no-lugar del padre:

Retomo el diálogo intertextual, ahora centrado en anteriores aseveraciones de Kancyper en su estudio de personajes literarios. No resultaría forzado hipotetizar cierta similitud con los personajes de Borges, en los que subyace la neurosis. Como en ellos, damos cuenta de  la pregnancia, en Pablo, del pacto de eternidad de un hijo que nace para redimir las heridas narcisísticas no cicatrizadas.

Se ha registrado en la madre su soldadura compensatoria con la hija falente. En cuanto al padre, cabría inferirlo ausentado, de modo similar al progenitor de los personajes de la obra de Camus, aunque desde otro perfil, no habiendo podido satisfacer sus propios ideales sublimatorios, padeciendo de un profundo sentimiento de insignificancia. La inferencia se basa en la señalada autoexigencia de alto rendimiento laboral de Pablo. Autoexigencia signada por el poder que otorga el dinero, por una fantasía de opulencia, compensatoria de la debilidad paterna. Es obvio que la anterior hipótesis puede ser refutable por otras y, básicamente,  por otros registros del historial.

 

En cuanto al dinero:

Es tentador un tertium comparationis con los personajes del texto de Camus, en que el apoderamiento del ‘vil metal’ era alimento de la codicia, medio para alcanzar un horizonte sin límites, la libertad. Viceversa, en el material clínico de Pablo se visualiza un tener, compensatorio de no-ser para sí: la velocidad del rendimiento, la servidumbre al tiempo, que es oro. Un estar-siendo bajo el yugo de una deuda narcisista impaga, subjetivizada como sentimiento de vergüenza ante el no alcance de los ideales  parentales proyectados en él.

 

Del poder:

Ante el cambio cualitativo, resultado de la desalienación del deseo materno, se presenta un nuevo horizonte conflictivo referido a las vicisitudes por la caída. La madre destronada, envejecida, pone en movimiento los temores relacionados con la irreversibilidad temporal, ya se la reconoce como no omnipotente, morible. La asunción de la propia función límite legitima nuevas modalidades relacionales no centradas en la posición de proveedor. Se denota un posicionamiento cuestionador de las certezas y las demandas de servidumbre, lo cual inaugurará un nuevo ‘lugar’ en el seno de la familia: como hijo-hermano-padre, fortaleciendo la salida exogámica, lo cual implica cambios sustanciosos con las instituciones y con la sociedad.

Creo que el lugar de pasión de Luis Kancyper por la búsqueda comprometida con el psicoanálisis y la cultura deja huella en Pablo, permitiéndole incorporar imaginariamente a ‘su’ psicoanalista, no sólo como un pater, sino también como un frater, desde su hondo compromiso en psicoanalizarlo y en su acompañamiento solidario.

 

UNA MIRADA GENERAL SOBRE LOS APORTES DE KANCYPER AL PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO

Arribado el infante al mundo, el amor es la simiente imprescindible de su humanización, sentando las bases de la autoestima y de una relación de confianza en el afuera. Para quienes estamos familiarizados en nuestra práctica clínica con las diversas formas de la violencia en la vida familiar o social, reconocemos en ello lo más opuesto a la ternura. Tal como lo he enfatizado en contribuciones anteriores, es ya en el Freud del Proyecto de una psicología para neurólogos que es señalada la captación del llanto del infans por parte de la madre, fundamentando en esta acción específica las bases de la moral. La encodificación provista en la voz y en la mirada materna contiene al bebé de la inermidad de la pérdida del antro. La función de holding (Winnicott), el alimento, las ‘mantitas’ que precedieron su llegada al mundo, lo envuelven en el ingreso al universo de la cultura, del lenguaje. La portación de un nombre engarza el discurso parental, y por extensión lo social, como lazo simbólico del otro en el incipiente yo, y del uno en lo ilusional indiferenciado en el otro. La ausencia de amor parental es el llanto sin respuesta, luego el grito, el aullido, futuro retroalimento de la violencia explosiva.

Luis Kancyper aporta ideas propias, originales, relativas a las confrontaciones generacionales. Nos habla de la solidaridad y de su falta. Una promesa del tercer término nombrado, pero incumplido desde la Revolución Francesa: Liberté, Egalité, Fraternité. Desmonta con sagacidad clínica y con sólidos fundamentos teóricos las raíces de la agresividad y la lucha fraticida entre hermanos.

El inicio es el texto bíblico, la primera hermandad rota. Después, las diversas formas con que se viste Tánatos, como contracara del amor y la amistad, en la mitología helénica, en la creatividad literaria, en los enfrentamientos de los pueblos.

En la sociedad de nuestros días, fuera del útero protector de nuestros hogares supuestamente felices, se patentiza de manera fragante el alcance deletéreo de la agresividad, abarcando diariamente variados espacios y latitudes. El recorrido histórico nos enseña que no constituye un fenómeno nuevo, aunque es innegable que las tecnologías avanzadas de los siglos XX y XXI encandilan nuestra actual visión del mundo.

Desde los estudios de Freud, la lucha de ‘pueblos hermanos’ fue explicada en términos del ‘narcisismo de las pequeñas diferencias’. En el contexto del psicoanálisis argentino, Arnaldo Rascovsky imprimió un giro en la comprensión del complejo edípico partiendo de sus desarrollos sobre un precedente estructural filicida, lo que permite reconocer a este último -el filicidio- en el basamento de las guerras y la conflagración.

Estudios como los desarrollados por Luis Kancyper sobre los aspectos tróficos y fanáticos de los vínculos fraternos, abren nuevas e inmensas perspectivas en la configuración del psiquismo humano. Puede afirmarse que no sólo constituyen un enriquecimiento en la clínica, sino también una herramienta para dilucidar delicadamente las raíces de  las guerras que se perpetúan en nuestros días en el planeta.

En el cierre de este escrito planteo una interrogación de soslayo, adelantando de modo no previsible una respuesta personal. Dirijo así una mirada a un aspecto que, si bien obviamente no es central, me resulta por lo menos enigmático en su recurrencia a lo largo de los textos en Luis Kancyper. Es la presencia del número 4 en diferentes criterios clasificatorios. Así se reconocen 4 elementos en la confrontación generacional, 4 modalidades de vínculo fraterno, 4 memorias. Habría de preguntar a nuestro autor el por qué. Por qué 4 y no 3, o 5.

Me he atrevido a discurrir con la idea de que muchos de nosotros tenemos cierta fascinación por algunos números. Tengo el recuerdo de una conferencia de Jorge Luis Borges en la que relataba su fascinación por la lectura de las ‘Mil y una noches’, su condición laberíntica, lo circular, el no final. Señaló entonces que 1000 era cierre, redondo, clausura. Tertium comparationis… ¿cabría preguntarle al Luis psicoanalista y escritor por esta suerte de fascinación por el 4?

Despojada de cualquier atisbo de cuestionamiento clasificatorio, opto por transitar un área de juego, desentrañando, a la manera de la recursividad talmúdica, la significancia del 4.

Sin ánimos de una decodificación hermenéutica o simbologista, dirijo la atención del lector hacia distintos senderos. Suele adjudicarse al número 4 cierta simetría visual. En la Biblia, 4 son las consonantes para designar al Señor sin nombrarlo. En las páginas del Zohar el 4, en tanto número, es asimilado al cosmos, al mundo, ya que 4 son los puntos cardinales. Y 4 son las estaciones del año, las fases de la luna.

Cuando se dice que había 4 ríos en el Paraíso, significa que el cosmos mismo era un Paraíso previo al pecado de Adán y Eva. En los gráficos de los alquimistas el 4 estaba asimilado al cuadrado, elemento espacial indicativo de equilibrio. Y valdría recordar en este contexto que Adán y Eva, con Caín y Abel, siendo 4, fundaron la primera familia- tipo en la historia mítica de la humanidad.

Agradezco la paciencia del lector por llegar a este punto en que, so pena de iconoclastia, refiero que, en la numerología, el número 4 remite a un poderoso sentido del orden y los valores.

[1] En “El malentendido”, Jan hace referencia a los recuerdos primarios ligados al color, el aroma y la belleza del terruño. Hipotetizamos la presencia de su mundo interno cargado de representaciones ideativas y afectos derivados de una unión benéfica con la figura materna. Elemento éste faltante en Marta, quien no logra rescatar los atisbos de fecundidad de la tierra, reafirmando la hipótesis de la defraudación ante la figura materna (pecho que priva).

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