Texto por
>> Irene Maggi y colaboradores

Héctor Garbarino nace el 3 de mayo de 1918, en Montevideo, Uruguay.

Esa segunda década había visto nacer la revolución bolchevique con las consecuencias de los cambios ideológicos previsibles. Uruguay contaba con un millón y medio de habitantes. La infancia y juventud de Héctor transcurrió  con características muy particulares. La inmigración, asentada principalmente en las ciudades, ayudaba a la conformación de una clase media. En lo político se vivía en la exaltación del liderazgo del batllismo, donde se acentuó la separación del estado con la Iglesia, su concepción estatista, la revalorización de la educación secundaria y técnico-profesional. En los años 20, los uruguayos consolidaron su identidad nacional. Al siglo de su independencia Uruguay gozaba de prosperidad.

De su infancia, quedan algunos relatos, recuerdos que en oportunidades gustaba contar, por ejemplo: Un tío psicótico que su madre lo llevaba a visitar a la Colonia Etchepare (1) “…a mí me fascinaba ver a mi tío subir y bajar un cantero de un pequeño jardín hablando solo, con nosotros allí y yo pensaba: Qué tipo más raro este tío. Eso seguramente influyó en mí, yo tenía 5 o 6 años”. Nos queda como mojón para aprehender sobre quien se perfila como el lector por observación, que en su libertad luego lo dirime en la teoría. Su infancia y adolescencia trascurre entre su gusto por la música, tocaba piano desde muy chico, y en sus últimos años se había puesto a aprender violín. El fútbol, y las lecturas anarquistas y otras, Malatesta, Fabri, la pintura, relacionado con Torres García, los Ribeiro, artistas que formaron parte de su entorno natural, y los problemas sociales, la revolución cubana. Así se iba formando un hombre de su época, siglo XX, el modernismo, apasionado, con apetito por el conocimiento profundo. “A mí me parece apasionante vivir”. Sueña con ser pianista, con dedicarse a la filosofía, pinta, pero acepta los deseos de los padres. Estudia primero para contador, y luego cambia para medicina.

La generación del 900 está presente a través de movimientos artísticos y literarios que proponían una nueva sensibilidad, más audaz y compleja. Freud es leído con atención, llegando con su Interpretación de los Sueños a ser su autor preferido. El psicoanálisis, gracias a nuestros pioneros, iba ganando espacio, convirtiéndose en referente mayor de nuestra sociedad y siendo reconocido internacionalmente.

Se casó con Mercedes Freire, también miembro fundador de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, a quien, en un libro, escribió “A Mercedes Freire, interlocutora apasionada de todas las horas”.

Héctor estudia medicina, ya con la intención de hacer psiquiatría. Luego entra como docente de la Clínica Psiquiátrica de la Facultad de Medicina en el Hospital Vilardebó (1). Tempranamente entra en psicoanálisis. Viaja periódicamente a Buenos Aires a supervisar y allí se forma como psicoanalista. Con la llegada del profesor Willy Baranger se forma el grupo uruguayo, cuya fundación fue firmada en septiembre de 1955, contando con 11 miembros. En 1961 fueron aceptados por la Asociación Psicoanalítica Internacional como Asociación Psicoanalítica del Uruguay, con pleno derecho en el Congreso de Edimburgo. En estos Congresos tomaron contacto con numerosas personalidades del mundo psicoanalítico, entre ellas Melanie Klein, quien conociendo la impronta kleniana del grupo rioplatense les aseguró que no serían aceptados tan fácilmente como deseaban.

Fue miembro didácta, dictó seminarios y ejerció como supervisor. Fue director de la Revista Uruguaya de Psicoanálisis, presidente de APU y ejerció siempre como consultor serio en todas las circunstancias de la vida institucional.

Sucedió a Willy Baranger en la Cátedra de Psicología Profunda de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República, donde asumió el desafío de introducir el psicoanálisis en la enseñanza universitaria.

Recorrió el mundo junto a Mercedes Freire, asistiendo a numerosos congresos, participando activamente en paneles y mesas redondas.

En 1968, Héctor edita el libro Aportes al psicoanálisis de las fobias, confusión mental y manía, que cuenta con el prólogo del Dr. Rodolfo Agorio, quien se refiere al autor como, “sin duda, uno de los valores más distinguidos de la Asociación. Psicoanalítica del Uruguay”.

La obra de S. Freud, la relectura de los trabajos de Metapsicología y la referencia al Narcisismo fueron una constante y reiterada puesta en discusión y reflexión. Preocupado por la clínica con niños, trabajó con grupos terapéuticos en diferentes instituciones, impulsado por M. y W. Baranger.

En 1960 lee un trabajo en el grupo de amigos de la APU titulado “Comentarios sobre la ideología psicoanalítica”, donde precisa algunas sus características.

Vinieron los oscuros años de la dictadura restringiendo las áreas del pensamiento institucional.

Rastrear los innumerables trabajos publicados por Garbarino da clara cuenta de la existencia de su capacidad creadora, productiva y del rigor de su pensamiento científico. La Biblioteca Uruguaya de Psicoanálisis, en el año 1986, publica “Estudios sobre el narcisismo” donde se introduce por el camino de la clínica y la especulación metapsicológica. Se encamina hacia el psicoanálisis de patologías narcisistas graves, la psicosis, la psicosis fronteriza, el autismo, la esquizofrenia y la melancolía. Discute nuevas propuestas sobre estados previos a las formas organizadas tal como las postula la teoría psicoanalítica tradicional, entendidas como fundamentalmente sexuales, y del narcisismo yoico, presentando, allí, un ser anterior al yo. Toma de Fritjof Capra la idea de un “punto crucial”, un paradigma integrador de ciencia y espíritu, junto con otros desarrollos científicos. Héctor Garbarino dedica largas horas a las lecturas del matemático Roger Penrose, que propone la búsqueda de la base física de la mente: el campo mecano-cuántico, y del texto de Ilya Prigogine “¿Tan sólo una ilusión? Una exploración del caos al orden”. En este contexto lo vemos articulando disciplinas “punteras” del siglo XX, que junto a la clínica de las psicosis fronterizas, la mística, la creatividad y la adolescencia le permiten desarrollar la teoría del Ser. Parte de la motivación para continuar estudiando y escribiendo surgió de su necesidad de dar respuesta a diversas preguntas y críticas que se le plantearon desde la clínica. Sus libros aportan las discusiones que cada presentación despertó.

No queda aquí esta semblanza, existe la otra vertiente, la de las subjetividades. Su vida y obra siguen una línea de fuerza claramente discernible e indisociable. Cada vez que se lo evoca reaparece el ser jovial, humano y profundamente abierto hacia los problemas del hombre, la sociedad, con el espíritu libre, volcado a la clínica y la teoría del psicoanálisis. Numerosas entrevistas que se le realizaron dan cuenta de su vida y el transcurrir de sus ideas, destacándose la claridad con que expresaba su pensamiento y concepción del psicoanálisis como ciencia de frontera entre dos siglos.

La Clínica M y H Garbarino se fundó en 1993 con finalidades docentes, asistencia por convenio social y producción de conocimiento.

Héctor Garbarino falleció el 15 de abril de 2001.

(1) Hospital Psiquiátrico.

Cuando leemos la obra escrita de Héctor Garbarino, reconocemos numerosas  contribuciones como docente y formador de generaciones de psicoanalistas, psiquiatras, artistas, psicólogos, integrantes de la educación y la cultura,  amigos. Pero no estamos hablando de un Pigmalión, pues el legado por el que más gratitud se tiene para con este hombre de ciencia es un sostenido gesto de libertad para repensar el psicoanálisis.

Hombre y maestro, respetado y confiable. La libertad que señalamos estuvo sostenida por la presencia en la escucha, por lo entusiasta y creativo tanto en las discusiones como en las discrepancias. Generador de posibilidades de pensamiento, su decir y su escritura se gestaron en diálogo. En una de las últimas entrevistas, recordando sus tiempos de analista de grupos dirá: “…lo más lindo fue que invitábamos a diferentes grupos dentro de la sociedad uruguaya de diferentes niveles, obreros, profesionales y venía la gente y conversaba con nosotros”.

Confiable, porque el gesto de libertad se sostenía en una capacidad de pertenencia, como la que advertimos en el recorrido de sus escritos que tienen una clara orientación kleiniana, pensamiento que acompaña  su obra y habilita la fineza del clínico que supo ser. Clínico que se da en una comunicación de auténtica intimidad, compartiendo con el lector, en un cierto registro conceptual y en un marco de genuina empatía, lo que del encuentro con una niña psicótica se puede contar y que fuera de él pierde sentido y relieve.

Miremos su obra, como decíamos, hecha de diálogos con los otros, coautor permanente de notas y escritos, y que de ello da testimonio su bibliografía. Ésta se  abre con “Los hechos traumáticos reales en el análisis de niños” (1956). Se advierte una aparición temprana de su relación con la obra de Freud como supo decir de sí, “…el autor que más me apasionó (…) mi autor fue Freud”. Escribe, también en 1956, “Resumen del complejo de Edipo en Freud”. Sus analistas, sus supervisores y su asociación psicoanalítica eran de orientación kleiniana, de ahí el acento en el ejercicio de cierta libertad que siempre supo sostener frente a los paradigmas oficiales, con los cuales tuvo absoluto rigor intelectual para su lectura. El contenido de sus ideas habla del conocimiento del pensamiento psicoanalítico y del modo particular de uso del mismo. Así, una lectura atenta de su obra nos permite ver qué le hace pensar en la necesidad de la innovación.

Queremos recorrer algunos tramos que sentimos como mojones en su obra. Es nuestra lectura y pensamos que muestra lo esencial de su pensamiento, al mismo tiempo que va dando cuenta de lo que en la biografía decíamos de la particular relación y construcción de su condición de existencia. A sabiendas, “apoderándose de su destino”, supo articular las más curiosas impresiones que un tío psicótico le dejase, con una dedicación generosa para trabajar, enseñar y pensar sobre la psicosis, aquella en la que los niños de su inicio le pusieron en el camino.

La práctica institucional constituyó unos de los factores extrínsecos influyentes para realizar la experiencia de psicoanálisis grupal con niños, cuyo punto de partida fue el psicoanálisis grupal con adultos y el individual con niños y adolescentes. Surge de allí un libro: “Psicoanálisis Grupal de Niños y Adolescentes” (1969). Esta experiencia clínica le permitió la observación de la dramatización de fantasías muy primitivas con sus ansiedades desbordantes y sus concomitantes defensas.

Atento al análisis de la confusión entre fantasía y realidad, en el caso de un paciente con un núcleo autístico, describe el papel que desempeñaban los personajes que había construido y que eran comparables a cuerpos extraños en el yo, con vida propia y no integrada a su self. Las define como pseudos-identificaciones. Le recuerda lo que el Donald Winnicott refiere en su trabajo “Objetos transicionales y fenómenos transicionales” en referencia al problema de la ilusión-desilusión. La génesis del núcleo autístico tiene sus raíces en situaciones vinculadas al parto y la lactancia y a la vivencia del nacimiento como muerte.

Ese mismo año la Revista Uruguaya publica sus comentarios sobre la ideología psicoanalítica.

A partir de Freud, y con la insistencia en nuestro medio de Willy Baranger, se enfrenta directamente con el problema de las ideologías en psicoanálisis. Describe algunas de sus características: la valoración de la sexualidad, los derechos de la mujer, la actitud tolerante frente a los aspectos negativos del ser humano, la moral  definida psicológicamente por el sentimiento de culpa. Asume que el psicoanálisis es una ideología revolucionaria y que no tiene prejuicios de clase, en oposición a Georges Politzer, quien acusaba al psicoanálisis de reaccionario y burgués. Junto con  W. Baranger, en un trabajo presentado en el 3er Congreso Psicoanalítico Latinoamericano en Santiago de Chile, apuntaba: “…una asociación psicoanalítica no es una agrupación profesional común”. Allí concebía esta misión como la de promover concretamente determinadas transformaciones de la civilización, en diversos planos: éticos, pedagógicos, ideológicos, etc. Lo que implica la convicción de que el psicoanálisis está llamado a tener desarrollos fecundos e insospechados, que justifican el considerarlo, en el plano práctico, como una actividad privilegiada.

Insistiendo sobre la importancia de la vocación, y en sintonía con el anterior trabajo, lee un artículo presentado en el pre-congreso del XIII Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis en Rio de Janeiro, en septiembre de 1980. Allí parte de un interrogante, ¿Por qué alguien quiere analizar a otro?, ¿qué fuerza lo impulsa?, ¿qué deseo sostiene ese analizar a otro? En segundo término, y por tratarse de un pre-congreso sobre la formación analítica y la selección de candidatos, se hará la preguntas: ¿Qué nos pide un analizando cuando le oímos decir “Quiero ser analista”?, ¿cuál es el sentido profundo de este pedido? Se sostendrá que es desde el campo analítico y la relación transferencial el lugar donde pueden surgir las respuestas. Se plantea una proposición como base de la discusión: “Ser analista de otro, analizar a otro, supone el deseo de seguir analizándose”. Garbarino sostendrá que la experiencia de la relación transferencial supone en el futuro candidato a analista, el enfrentamiento y solución, no siempre lograda, de dos tipos de obstáculos: I.- Problemas de identificación y II.- Problemas de idealización. En ambos puntos nuestro autor pone a trabajar los aportes de pensadores como Elizabeth Zetzel, Richard Sterba, Jacques Lacan, Piera Auglagnier, Heinz Kohut y Wilfred Bion, todos ellos puestos en discusión con el pensamiento de Freud. El trabajo se cierra con el punto ofrecido a discusión sobre el papel que pueda jugar el placer de analizar en la vocación analítica.

En 1962, en el artículo “Consideraciones acerca del mundo inanimado del esquizofrénico”, destaca la teoría kleiniana con su aporte de las relaciones objetales presentes desde el nacimiento, posibilitando el abordaje terapéutico de la esquizofrenia. Trabajando con el material clínico de una niña retoma ideas de Herbert Rosenfeld y W.R. Bion y amplía su interés por el mundo cosificado en que vive inmersa. Difiere con los puntos de vista teóricos respecto a la desintegración esquizofrénica. Valora más la falta de objeto idealizado, desempeñando con esto la madre un papel más activo en la génesis de la enfermedad. Expresaría la tendencia del organismo a retornar al estado inanimado, tendencia que Freud consideró como manifestación del instinto de muerte. En su resumen expone la inmersión del esquizofrénico en un mundo inanimado como consecuencia del odio y del temor que el mundo humano, y separado, le suscita.

En otro trabajo posterior sobre la función de los mecanismos obsesivos en la restauración del yo esquizofrénico, retoma la misma paciente niña de la comunicación anterior. De acuerdo a su observación, el análisis de sus tendencias destructivas posibilitó el desarrollo positivo de los mecanismos obsesivos que permitieron al yo una mayor aceptación de la realidad al facilitarle el progreso de la adquisición del lenguaje, con el consiguiente enriquecimiento de su vocabulario y, en parte, una mayor capacidad para la simbolización.

En 1962 se edita el libro “Aportes al psicoanálisis de las fobias, confusión mental y manía”. En él Garbarino expone sus ideas acerca de la angustia confusional post-natal. El trauma del nacimiento, tal como lo había señalado Otto Rank, no es un hecho simple, sino una situación compleja que el autor divide en dos períodos: el de transición, correspondiente a la expulsión del feto del cuerpo materno, y el umbilical con el corte del cordón. A cada uno de estos momentos corresponden formas específicas de angustia, ligadas no a la pulsión de muerte por abandono de la madre, sino a la confusión que se establece en esas circunstancias. Basado en el análisis de un paciente histérico grave con un estado confusional agudo, confusión entre vigilia y el sueño, “sueño sin sueño”, mezcla confusa de vida y muerte, angustia confusional vivida como la muerte en vida(2), toma la designación de “muerto-vivo” de Willy Baranger, quien lo investigó en relación al duelo y los estados depresivos. En cambio, Garbarino lo toma en relación a los estados confusionales agudos. La crisis de sueño, a diferencia de la crisis agorafóbica descrita por Jorge Mom motivada por la terrible angustia de desmembramiento, es, esencialmente para él, confusional. Es la angustia de perder la identidad, sin poder reconocerse más, por la reintroyección violenta de objetos perseguidores y muertos a medias y por la pérdida de la diferenciación entre el yo y esos objetos. José Bleger alude a un núcleo aglutinado cuya constitución y funciones son similares, pero la divergencia estaría en que es confusional en sí mismo porque contiene partes del yo y de los objetos muertos y vivos y no discriminados. Cuando se refiere al núcleo significa una estructura cerrada, no asimilable al yo. Su génesis se debe al fracaso del yo precoz en su tarea de proyectar el instinto de muerte, fracaso en la separación entre la vida y la muerte, imputable en su origen al yo temprano. La formación del núcleo confusional se produce en las primeras semanas de vida y es anterior a la experiencia de duelo vivida por el lactante con relación al pecho e introduce un factor de perturbación en la elaboración de todo duelo.

Toma las enseñanzas de pacientes para cotejar con las aportaciones de algunos autores sobre el tema (Otto Rank, Melanie Klein, Jorge Mom). Trabaja principalmente desde la contratranferencia. El trauma de nacimiento, con los dos períodos que implica, comprende la angustia básica del agorafóbico, angustia de separación, la angustia de soledad, como la llama Mom, y se relaciona con el período umbilical. Regresa a esa etapa en la cual la distinción entre el yo y el no yo es aún muy rudimentaria. Por ejemplo: un paciente se quejaba con frecuencia de sensaciones como las siguientes: “Me siento extraño, me parece raro que mi cuerpo empiece y acabe en mis piernas, que mi cuerpo termine en mi cuerpo”. El cuerpo del ser umbilical no termina en él, sino en la madre. Por eso es una locura compartida, una locura entre dos. Las identificaciones proyectivas cruzadas constituirían el mecanismo de este período. Las repercusiones técnicas específicas son de difícil manejo. El paciente procura restablecer la unión umbilical a través del objeto acompañante, transformar al analista en objeto acompañante.

Preocupado por el tema de la transferencia en el proceso psicoanalítico se refiere al acting-out en los pacientes maníacos-depresivos como defensas contra la envidia al objeto primario idealizado, sus sentimientos envidiosos hacia el pecho y otros contenidos de la madre. Sugiere utilizar el término, no coincidiendo con H. Rosenfeld, en un sentido restringido, oponiéndolo a la elaboración mental de los conflictos, y no al recordar, como hacía Freud en 1914. Se refiere a una parte de la transferencia y no a la totalidad de la misma. En estos pacientes adquieren importancia los mecanismos de negación e identificación proyectiva como defensa contra la envidia al objeto primario interno idealizado. El maníaco intenta eludir el insight de su profunda envidia oral al pecho idealizado, intenta desesperadamente liberarse del sometimiento utilizando preferentemente el mecanismo de la negación. Durante el período depresivo, el acting-out consiste esencialmente en la defensa contra las abrumadoras demandas del superyó, a causa de los ataques envidiosos del sujeto contra el objeto idealizado. Arnaldo y Matilde Rascovsky enfatizan estas defensas como anteriores a la represión, propensión al acting(3). Sus raíces kleinianas se cuelan en su reinterpretación de los sueños de Dora aplicando los descubrimientos de Melanie Klein acerca de los estadios tempranos del complejo edípico.

En 1986 publica su libro “Estudios sobre narcisismo”. Freud pone el acento en la construcción de un aparato psíquico tripartito con un determinado equilibrio dinámico, económico e intersistémico. Toma la tragedia edípica como modelo vincular y estructurante del sujeto deseante en conflicto. El centro de la obra de Klein sería cómo instalar un objeto bueno como núcleo cohesivo del yo. En Bion, la pregunta se centra en cómo algo deviene mental desde la estructura vincular que transcurre del narcisismo al social-ismo. Las últimas dos posturas resaltan los dispositivos de transformación de las ansiedades. En Héctor Garbarino, el origen y sus ansiedades no están ausentes de su interés, invitando al dialogo, haciendo honor a la pluralidad del origen. Aquí, la trayectoria será desde el todo hacia la autonomía narcisista del sujeto, cuyo testimonio y manifestación constituye el narcisismo yoico, donde habría una libido narcisista diferenciada de la libido sexual. Esta primera, buscadora del yo, y la sexual, buscadora de objetos. A este estado inicial Garbarino lo llama Narcisismo Trófico. Cuando claudica este recorrido, la libido narcisista quedaría expuesta a la pulsión de muerte desarticuladora, configurando el Narcisismo Tanático. En tal situación la libido narcisista y la sexual no consiguen discriminarse y ésta última queda en apoyatura de la vulnerabilizada libido narcisista en la gestión de sostener un precario equilibrio yoico.

Su pensamiento acerca del narcisismo se desarrolló sobre el punto de partida de los trabajos de Freud y Kohut. La sexualidad reprimida es a la neurosis lo que el narcisismo del yo es a la psicosis. El conflicto neurótico es intersistémico, en cambio el resquebrajamiento psicótico es fundamentalmente intrasistémico, afectando inicialmente la estructura misma del yo. Tiene una estructura dual. El yo, estando amenazado de desmoronamiento, apela a mecanismos defensivos más arcaicos, como la negación de la realidad psíquica y de la realidad exterior, la identificación proyectiva o la escisión. No hay diferenciación consciente-inconsciente y la angustia preponderante es la fragmentación del yo. El psicótico está a la búsqueda de imágenes de sí que puedan sostenerlo.

Es de utilidad la distinción cualitativa de la libido sexual y narcisista, propuesta por Kohut. A partir de un tronco común originario, se diferencian las dos libidos: una sexual, buscadora de objetos y la otra, libido narcisista, que en virtud de un movimiento centrípeto se vuelve buscadora del yo. La libido narcisista introduce dentro del sujeto aspectos vivenciados con los objetos, dando lugar a las identificaciones primarias, que al producirse normalmente, creará la distancia exterior entre el yo y el sí mismo con respecto al yo y al sí mismo de otros, así como la distancia interior (S. Resnik). Se constituyen, así, los límites del espacio en un adentro y un afuera que, junto a las nociones de ritmo y tiempo (Bernardi y col.), nos dan la imagen del cuerpo propio. En las psicosis las fallas dan origen a perturbaciones en la identidad del yo corporal, el sujeto siente que no habita su cuerpo o desconoce algunos órganos del mismo. A nivel mental se expresan por un desconocimiento de pensamientos, sentimientos o actos que no se sienten como propios y sí pertenecientes a otro.

La alteración primaria en la psicosis es a nivel del yo y no de los objetos, como pensaba Freud. La libido narcisista no estimula a la libido sexual ni se une a ella en búsqueda de objetos. Por el contrario, se fusiona con la pulsión de muerte, constituyendo lo que Garbarino denomina Narcisismo Tanático. La formación de síntomas en las psicosis esquizofrénicas depende de las condiciones defectuosas de la formación del yo, lo que determina que los traumas narcisistas den lugar a la regresión del yo. Regresa de su condición de yo-realidad definitivo a la condición de yo-realidad inicial, que identifica Garbarino con el yo-cuerpo, donde se pierde la diferenciación entre representación y percepción. Concibe las alucinaciones como las representaciones interiores sentidas como proviniendo del exterior, dependiendo esta exterioridad de la condición paranoica del psicótico que conserva la distinción del adentro y el afuera y proyecta estas sensaciones en el mundo exterior. En las esquizofrenias la piel deja de ser el límite entre los mundos interno y externo. En cuanto a los síntomas delirantes, estos dependen de la constitución de una nueva realidad. Con la regresión profunda del yo se constituye una nueva realidad, de carácter delirante, tanto del mundo externo como de sí mismo.

Esta nueva realidad no sólo busca recuperar los objetos perdidos como pensaba Freud, sino que es la consecuencia inevitable de la pérdida de límites corporales y la consiguiente adquisición de las nuevas coordenadas espacio-temporales. El sentimiento de lo sobrenatural que aqueja a estos enfermos es debido a las profundas transformaciones de su cenestesia corporal. La identificación proyectiva, como piensan los kleinianos, no es únicamente la consecuencia de la indistinción sujeto-objeto, sino también la ruptura de la discontinuidad y la disolución del yo en el mundo, vivida por la parte sana y paranoica del psicótico como confusión o como sentimiento angustiante de vacío o de no ser. La parte esquizofrénica no hace otra cosa que disolverse en una continuidad sin límites. No ha alcanzado nunca a independizarse de sus objetos primordiales. Mantiene su representación de sí soldada a la representación de sus objetos primordiales. La piel no constituye un límite corporal. Dicha indiscriminación trae la vivencia angustiante que hace sentir al psicótico que no vive su vida, que no  tiene vida propia: “me viven mi vida”, como un texto escrito por otro. Y ante la pregunta: “¿Quién soy?”, la consecuencia inevitable es el sentimiento de confusión. Es el carecer de identidad, el no sentirse él mismo, el vacío, es este no ser, que lo lleva a recurrir a comportamientos extravagantes, disparatados, de carácter compulsivo, por sentirse siendo.

La investigación acerca de las Memorias de Schreber lleva a Garbarino a una serie de puntualizaciones acerca de la psicosis y el yo cuerpo, condicionadas por alteraciones específicas del narcisismo. Las dos primeras enfermedades de Schreber estuvieron precedidas de traumas narcisistas que afectaron tanto el área de su narcisismo fálico como el área de los ideales del yo y de las satisfacciones propias del yo ideal narcisista. A diferencia de Freud, distingue la homosexualidad, que constituye uno de los posibles destinos de la libido sexual, del transexualismo psicótico, considerada como un destino de la libido narcisista. Ésta estaría vinculada con la desorganización del parafrénico, dependiendo de la identidad de sujeto y no de la identidad sexual. La alteración, a nivel de la parte esquizofrénica, supone una regresión del yo a la condición del yo-cuerpo, a un yo oceánico, sin límites espacio-temporales, que suministran, al desintegrarse el esquema corporal, los materiales para el delirio, que la parte paranoica y la sana interpretan y proyectan, dando lugar al delirio parafrénico.

En agosto de 1988 da una conferencia en la Asociación Psicoanalítica del Uruguay sobre el ser en psicoanálisis. En el texto “El ser en Psicoanálisis”, Héctor Garbarino plantea “ideas en tránsito” sobre una hipótesis de un ser anterior al yo. Sabiendo de las implicancias de la palabra ser, la utiliza para nombrar una nueva instancia que abre nuevas posibilidades de observación y comprensión de las patologías graves, los fronterizos, momentos de la adolescencia y aspectos de la creatividad.

Empleando la palabra “instancia”, en su vertiente etimológica como instante, instans-tis, aquello en que estamos, se plantea una instancia yo-ser percipiente que carece de representaciones de sí, hecha de pura presencia. “…la instancia del ser como la instancia originaria, con la cual nacemos, anterior al yo, y por consiguiente a toda imagen y a toda identificación. Es la percepción del ello ilimitado, en que uno simplemente es, en unión indiscernible con el Todo, en un régimen unidimensional, donde espacio y tiempo no están diferenciados. Freud llamo “yo oceánico” a este estado que nosotros atribuimos a la instancia del ser”.

La clínica del autismo infantil hace presente el predominio de pura percepción, de pura presencia. Dirá Garbarino que el modelo de un aparto psíquico constituido por diferentes sistemas con un funcionamiento particular de cada sistema, “nos resulta inadecuado para entenderlos, no encontramos rastros diferenciados ni de lo uno ni de lo otro”. La clínica del autismo da cuenta de vivencias psíquicas de cuerpo y mente abiertos que se continúan en el Universo o psiquis como tubo, donde lo que entra, sale inmediatamente. “El recién nacido se sentirá como un ser ingrávido, siendo el llanto y el grito del niño acontecimientos meramente fisiológicos, como lo señaló Meltzer, hasta la aparición del yo corporal, y con él la vivencia de un cuerpo, en el vínculo con la madre”. Pero no siempre las cosas suceden así. Hay niños en que las funciones maternas parecen no haber podido rescatarlos de su vinculación con el cosmos, “son niños autistas que permanecen ligados al Universo, percibiendo, por intermedio del narcisismo del ser unido a un yo rudimentario, los símbolos universales. Constituyen las presentaciones del ser, que son al yo-ser, lo que las representaciones son al yo-instancia”.

Se plantea el autor que si esta instancia ser persiste allí donde es frecuente que el yo se constituya como forma organizada, nos lleva a pensar en fallas en las identificaciones primarias, y es a las funciones maternas a las que Garbarino reservará entonces el valor de introducir un investimento narcisista capaz de interponer entre el niño y el Universo el comienzo del acceso a representaciones de sí, fundadoras de vivencias de interioridad, de diferenciación interno-externo.

El ser no se reduce a la existencia que surge del enfrentamiento con el otro, eso es patrimonio de la existencia yoica. Garbarino planteará una existencia mental anterior a las representaciones psíquicas, anterior al “yo soy”, donde simplemente se “es” no diferenciado del “todo”. Es de ese “es…todo” que “El ser en la creatividad” tratara de dar cuenta. Es de este narcisismo del ser, con una peculiar relación con el tiempo y con la muerte, del que parte el impulso creador. En este último texto se ocupará de la obra de E.T.A Hoffmann y de Antonin Artaud, pues encuentra  trazas  en  sus  creaciones  del  aún  presente ser. Hoffmann hará que Nataniel -el personaje principal de El hombre de arena- se enamore de Olimpia, muñeca inanimada, reflejo especular de su propio núcleo inanimado. Y cuando Artaud busca reencontrar la representación de sí en las rocas de la montaña, “pensamos que no se trata de identificaciones proyectivas, no es que esté aquí o allá, está sin límites, ubicado en otro espacio, la representación de sí se vuelve idéntica a lo percibido. Hay un sentimiento oceánico que permite esta búsqueda de las identificaciones primarias en las rocas. Por eso Artaud hablaba de un apetito de no ser, el ser individual es sustituido por el ser cósmico vivido ahora como no ser, el signo de su cuerpo en la montaña es más seguro que la representación interna de su esquema corporal, a punto de desmoronarse”.

Se pierde de este modo la distancia entre lo animado y lo inanimado, el adentro y el afuera, pero no siempre tiene que ser una situación dramática. Dejemos que la poesía hable y los poetas digan y veremos allí esta conexión con los símbolos universales, pero realizando belleza.

 

La Metamorfosis

Entonces soy los pinos

soy la arena caliente

Soy una brisa suave

Un pájaro liviano delirando en el aire

O soy la mar golpeando en la noche

Soy la noche.

Entonces no soy nadie

 

(Idea Vilariño) (4)

 

En una exposición realizada en el IV Congreso Uruguayo de Psiquiatría y el 1er. Congreso de APPAL, en 1995, vuelve a insistir en la utilidad para la comprensión de las patologías narcisistas, desde un modelo de la mente que incluya el ser en la metapsicología psicoanalítica, instancia originaria con la cual nacemos. Retoma su propuesta en la que sugiere que los delirios de las esquizofrenias están destinados a restablecer la trama constitutiva del yo-ser y así cubrir el angustioso vacío de no ser, generalmente incluyendo manifestaciones cósmicas. Concibiendo una mitología propia de los orígenes y partiendo del desequilibrio que provoca el nacimiento (Freud), se instala el presentimiento de existencia, de ser sin imágenes, ingrávido e incorpóreo, y será en el vínculo con la madre que transformará este espacio multidimensional en uno bidimensional, formándose el Yo-ser, un Yo corporal no limitado.

(2) Rosenfeld había descrito la confusión de pulsiones libidinosas y destructivas en las esquizofrenias crónicas.

(3) Algunas consideraciones acerca del acting out en la enfermedad maníaco-depresiva.

(4) Obras completas.

Resulta difícil criticar a una autora migrante y discontinua como Janine porque muchas de sus ideas fueron cuestionadas por ella misma.

Todas las objeciones al estructuralismo respecto al fuerte determinismo y la ausencia de sujeto en la teoría, que recuerdan las primeras etapas del psicoanálisis grupal, donde se interpretaba solo al grupo, fueron revisadas por Janine e Isidoro, quienes barrieron los restos de iluminismo y modernidad que albergaban sus concepciones.

Luego hay una apuesta a la complejidad, al devenir y el nuevo motor del vínculo pasa a ser la diferencia pura y la incertidumbre. Algunos autores lacanianos han discutido sobre el peso de la compulsión a la repetición y el goce frente a la novedad y conciben la constitución del fantasma como algo estructural. Para ellos lo original en el vínculo consiste en el cruce de fantasmas singulares, que asoma al azar del encuentro, pero se instala sobre el determinismo de la repetición; hay algo en la teoría lacaniana ligada a la esencia, pues el fantasma -en los neuróticos- tiene un rasgo de substancia; se trata del hallazgo de objeto -dicho ahora en términos freudianos- o, desde J. Lacan, un puro real recubierto por lo imaginario, en el que cada quien encuentre en la vida cómo ingresar en el fantasma del otro que no es un otro cualquiera.

Para Janine (y en este punto coincidimos) el vínculo propaga un devenir fantasmático, es decir, se genera un fantasma inédito que antes no existía como producción vincular, y donde la repetición esta desplazada de su lugar central.

Recuerdo una frase suya en un reportaje que hicimos hace unos años: “el vínculo es la destrucción del mapa”. Hoy la matizaría un poco, pensando en una ciudad como Roma, que es arqueológicamente infinita (en cada excavación aparece una ruina debajo de otra), pero en donde la arquitectura cotidiana es continuamente variable, diferente y única. Habilita meditar sobre la relación entre la fuerza de lo arcaico y la potencia de lo nuevo. Entonces le pregunté: ¿y el mapa no aporta nada a ese encuentro? Me contesta algo cercano a mi planteo actual sobre Roma pero sin conocerlo: “Aporta un trabajo sobre la no coincidencia. Habrá que ir destruyendo el mapa o tan solo compararlo. Una cosa es pensar que el individuo llega con ese mapa y yo tengo que recoger ese mapa, pues va a agregar significado a la modalidad vincular. Otra cosa es pensar que para instituirse sujeto de esa situación tiene que deshacerse del fuerte valor significativo de ese mapa, poder encontrar otros significados a otros mapas y luego cotejar y revisar. ¿Cómo pienso ahora las sesiones? Cuando el mapa constituía la situación, pedía antecedentes, quería datos, ahora que el paciente tiene que salir del mapa, o por lo menos correrlo de su lugar hegemónico, ya no pido datos, cuando vienen los recibo de otra manera y no son determinantes de la situación sino relatos que agregan. Me parece que ese es un cambio muy grande”.

Abandono Roma y entiendo otra cosa: con este ejemplo tan sencillo Janine me cuenta que transforma la forma de conceptualizar para lograr una clínica diferente, entonces me olvido de la teórica. Su punto de partida es la presencia del paciente y desde allí va pensando. Me interrogo si ese es mi proceder.

Otro sector muy cuestionado de su obra fue la heterodoxa combinación de pensamientos del psicoanálisis con otros provenientes de la filosofía, la historia o la antropología. Estos conceptos, al igual que las nociones de “lo vincular”, fueron poco aceptados por la comunidad psicoanalítica. Toda vez que el pensamiento de otras disciplinas interviene el psicoanálisis, abriendo espacios y nominaciones, da lugar a la necesidad de un trabajo sobre la novedad y la reorganización de las ideas.

Janine sigue el recorrido interdisciplinario que había realizado Jacques Lacan en oposición a Melanie Klein y al mismo Sigmund Freud, quien desdeñaba la filosofía y resultó un formidable exportador de conceptos hacia otras disciplinas: a la antropología, con Tótem y tabú, en El porvenir de una ilusión lo hace a la religión y en Psicología de las masas y análisis del yo a la sociología. Un interlocutor privilegiado como Rene Käes, en la búsqueda de legitimidad y reconocimiento del psicoanálisis grupal, prefirió desarrollar una metapsicología de los vínculos desde la ortodoxia intradisciplinaria del psicoanálisis de raigambre freudiana cruzada con la escuela inglesa y los poslacanianos franceses -principalmente Piera Aulagnier-. Podemos incluir en esta perspectiva a Marcos Bernard.

Las disciplinas serían espacios con borde, y en dichas orillas acontecen intercambios, hay zonas más cerradas o más abiertas, que no están disciplinadas. Los movimientos de “comercio” conceptual suponen posibilidades tanto de ingresos como de egresos del conocer. En J. Lacan hay importación de conceptos filosóficos de G. W. Hegel, de Martin Heidegger y de Platón, que el autor incorpora, transformándolos, haciéndolos jugar en el contexto de significación de su propia teoría.

Se trata entonces de dos caminos:
1) Hacer correlatos entre disciplinas, por ejemplo: el instante nieztcheano o el “ser ahí” de M. Heidegger resultan equivalentes a la aparición de los sujetos múltiples opuestos a la subjetividad identitaria en la teoría vincular.
2) O bien como mencioné en S. Freud y J. Lacan, transportar nociones filosóficas para transformarlas en el campo del psicoanálisis, pero en este caso surgen otros problemas: el relativismo, los saltos de nivel y las confusiones que este traslado puede producir.
Entonces la discusión versa sobre el lugar de las nuevas ideas en el conjunto del corpus psicoanalítico y sobre su aplicación clínica. Quizás en un primer momento por acentuar la novedad del Dos, la presentación, o los “efectos de presencia”, dio la impresión de un abandono del Uno, espacio privilegiado en el psicoanálisis clásico. Esta observación de varios colegas -entre los que me incluyo- permitió un replanteo en nuestra autora donde deconstruir no significa eliminar, sino armar el modelo de otra manera. Con las lógicas heterólogas, el Edipo y la representación pierden la centralidad en la teoría, pero permanecen en la misma bajo la lógica del Uno.

Sucede a menudo que las ideas nuevas generen, en un comienzo, cierto malestar, pongamos como ejemplo la reformulación de la vivencia de desamparo como estado vincular donde ambos miembros desconocen la presencia real del otro, escena temida de una soledad acompañada. O bien aquella otra manera de entender la falta fundante a partir de la paradoja de la situación traumática originaria: no poder elegir y tener que elegir cómo pertenecer, ser del otro y no ser del otro. Esto significa que el bebé ocupa su lugar con eficacia en la familia de un modo propio -eficacia quiere decir dotado de la capacidad de hacer suyo ese lugar y proponerse como uno de los polos del vínculo-.

¿La falta fundante no es la condición inicial? Retorna aquí una vieja polémica del deseo como falta (S. Freud, J. Lacan) o el deseo como producción (G. Deleuze). Janine elude esta disyuntiva partiendo de las lógicas heterólogas del Uno -falta- y el Dos -producción-.
Desde la técnica de la neutralidad del analista resultó bastante criticada la nueva versión de la transferencia como interferencia, asociada a otra idea también cuestionada, la de la otredad del analista, idea que pregona que el analista es para el paciente un objeto de transferencia y también un sujeto que interfiere.

Un tema a discutir y cuya posición no comparto es la sexualidad en el vínculo. A mi criterio Janine se acerca al planteo lacaniano que reza “no hay relación sexual”, al colocar la pulsión del lado del sujeto en la lógica del Uno, ligado al poder como sustantivo, es decir, a la dominación adscripta a la pulsión. Desde mi perspectiva la pulsión también es verbo o un hacer entre dos; la capacidad de afectar o poder la observo en la clínica de parejas o en aquella novela en la que Henry Miller hace decir a su personaje: “después de conocer a Mona mi sexualidad y la suya cambiaron completamente…” (Trópico de Cáncer).

El intercambio de zonas de goce genera nuevos placeres que no están inscritos antes de ese vínculo. Remito a una nueva pregunta: ¿lo “uniano”, que es el rasgo que marca el goce irreductible de cada uno, y es lo más singular del sujeto en términos de la pulsión, puede derivar a lo múltiple a través del vínculo? Esto abarca una cuestión más profunda: ¿cuál es la relación entre las lógicas heterólogas? Janine, que se opone a las articulaciones, deja sin embargo pocas indicaciones al respecto. Surgen varios interrogantes: ¿qué pasa con el mapa singular cuando el grafismo vincular concluye?, estoy utilizando mis palabras; ¿qué transformaciones se producen en el sujeto (Uno) luego de atravesar un vínculo (Dos) muy significativo?

En mi perspectiva planteo zonas de pasaje o puntos de contacto, por ejemplo: en la dinámica grupal preciso como “indicador subjetivo” lo que acontece cuando algo del discurso o la escena del conjunto impacta en la historia del sujeto, permitiendo al analista jugar en simultáneas con la interpretación que pasa del grupo al sujeto.

Asociado a este debate las definiciones de Janine acerca de las lógicas heterólogas, que están muy logradas en la diferencia temporal entre Cronos y Aión, requieren también una mayor precisión respecto al espacio. A mi entender, la lógica del Uno se encuentra en el “psiquismo espacial”, fronteras que tienen como eje lo corporal, en sintonía con la consigna freudiana que postula al yo como un representante del cuerpo, mientras que la lógica del Dos se ubica en lo que denomino “psiquismo fluído”. Janine menciona la fluidez en muchas oportunidades, pero no le da ese status diferencial entre las dos lógicas.

La influencia de nuestra autora se observa en las renovaciones de la teoría vincular, pues muchos de sus escritos tienen una lectura filosófica. Con ella ciertos autores proponen otra interpretación de la fluidez en los términos de un inconsciente deslocalizado, lo cual supone una salida de la concepción platónica del inconsciente, entre esencia y apariencia, y una apuesta hacia G. Deleuze y J. Derridá, entendidos respectivamente como producción de deseo y diseminación de la traza.

Puede establecerse una sólida relación entre los “efectos de presencia” de Janine y la “ética de situación” de Alain Badiou, que hace reaparecer a B. Spinoza luego de trescientos cincuenta años. Spinoza es pura actualidad cuando plantea que Dios es acto puro, que no hay posibilidad antes del acto, y luego, desde ahí, que no existe ser del bien o del mal -motivo suficiente para su excomulgación-; luego agrega algo que nos resulta familiar, pues allí operan F. Niestzche y G. Deleuze: no hay esencia, hay potencia entendida como lo que se puede, lo que se hace.

Tantos filósofos citados porque el nomadismo interdisciplinario y la pertenencia a grupos tan diversos, citados en la biografía de nuestra autora, fue generando esa forma de abordar el psicoanálisis; al respecto observo un componente spinoziano en el “hacer entre dos” que propone Janine para lo vincular. En la misma dirección, y a partir de la clínica, la idea de inmanencia es una versión transformada de la antigua concepción kleiniana del “aquí y ahora conmigo”.

Surgen otros interrogantes: ¿dónde quedan en el sujeto los recuerdos, las inscripciones, las huellas, cuando el vínculo termina? Janine abrió el camino de la teoría vincular, y para ciertos críticos su heterodoxia fue desprolija, olvidando que los ortodoxos suelen ser aburridos.
Su mayor interés fue teorizar sobre el vínculo, considerando que el psicoanálisis sobre el sujeto estaba casi amortizado sin un abordaje desde lo vincular; se trata, entonces, de los efectos que produce el vínculo en el sujeto, seguir el camino inverso que al mismo tiempo enriquece la visión del mapa singular.

No se le puede pedir todo a una innovadora como ella, para eso están las nuevas generaciones. Luego, algunos autores han acuñado el concepto de “memoria vincular”; por mi parte pienso que el sujeto múltiple cae cuando el vínculo desaparece, y los recuerdos permanecen en el Yo Diferido y en Otro X del mapa singular.

En mi comprensión del vínculo pesa la concepción lacaniana del No-todo; sucede que Janine utiliza cifras redondas, Uno y Dos. Procedo siempre a anteceder el signo negativo a estos números enteros: (-) Uno y (-) Dos; al igual que Derrida considero que siempre hay un resto que escapa, impidiendo que la inmanencia asome a una nueva totalidad, de allí que el psicoanálisis vincular se presente como lo indecible -motor de la ajenidad- y lo indecidible -lógica del entre- en el sujeto múltiple.

Poniendo en relación a Lacan con Derrida, entiendo lo vincular como una discontinuidad del Uno barrado tendiente a menos Dos, en la que el sujeto, siguiendo a Freud, circula entre el witz y lo umheimlich. Desde otra óptica, esto puede deducirse en los escritos de Janine sobre el principio de incertidumbre que habilita todas las lógicas abiertas al azar, la novedad y las circunstancias, tanto del sujeto como del vínculo.

Un gran aporte de Janine fue plantear el espacio transubjetivo en el psiquismo en tanto lugar de las representaciones sociales; ahí se adelantó veinte años a filósofos como F. Berardi, quien señaló la importancia de lo maquinal en la constitución del psiquismo. Janine, en polémica con Piera Aulagnier y su entonces marido Cornelius Castoriadis, había dicho en los ochenta que la madre no era la única portadora del discurso social en el infans sino también los medios de comunicación -este se puede leer entre líneas en “Los tres espacios psíquicos”-. Para teóricos como Silvia Bleichmar las representaciones sociales constituyen sectores que pertenecen al preconsciente o al yo, pero que no forman parte del inconsciente. Hay muchas polémicas que han quedado pendientes entre los autores y de las cuales puede hacerse una revisión a través del tiempo.

Mi contribución actual apunta a desarrollar un esquema del sujeto conformado por tres términos: una subjetividad ligada al lazo social, un sujeto múltiple -grafismo vincular asociado al lazo social- y un mapa singular -yo diferido/ Otro X-. Todas estas nociones que se desprenden del pensamiento de Janine Puget y de mis propias lecturas filosóficas.

Hace un tiempo señalé un destino habitual en las teorías denominado “catalepsia de los conceptos”, se trata de ideas que caen en el olvido en una generación y resucitan en otra, luego de un variable período de hibernación; el “reconocedor privilegiado” en la pareja, descrito por Janine hace muchos años, ha comenzado a circular nuevamente en los materiales clínicos.
El pensamiento opera sobre un mosaico arqueológico en el que también existen “significantes espectrales” que circulan como murmullos, huellas no ligadas que expresarán un sentido sólo al palpitar y anudarse con inscripciones del presente. La figura del “des-existente”, que nuestra autora empleó para referirse a la subjetividad social, pero que ya estaba instalado en el clima neoliberal de los noventa, y luego los “significantes acontecimentales” -productos de la novedad radical-, que son aquellos términos que se establecen como fundamento o núcleos duros epistemológicos. Es interesante describir el momento de jubileo luminoso que produce la idea original, cuando el Uno se conforma: Sigmund Freud descubriendo el secreto de los sueños o Jacques Lacan cuando formula los tres registros, el sujeto del grupo de Rene Kaës o la Estructura Familiar Inconsciente de Isidoro Berenstein, también el objeto único, los tres espacios y la ajenidad en Janine Puget.

Es un instante especial donde todo adquiere otro sentido y todo cierra, o sea el momento en que el Uno es todo y cuando la razón asume una posición religiosa; sensación que suele durar un tiempo breve e impacta más en los discípulos que en los creadores. El reflejo en el lenguaje implica que las nuevas experiencias requieren nuevas palabras, seguir usando viejas palabras las convierten en algo cercano a la repetición.

Un interrogante que emerge es: ¿cuál es la categoría del inconsciente vincular, descartando la idea de una superestructura como la EFI o los “supuestos básicos” bionianos? Retorno a frases del coloquio mencionado con Janine que responden la cuestión: “de ese inconsciente no daría cuenta lo vincular, crea otro inconsciente por el “efecto de presencia” que tampoco está contemplado en la teoría freudiana clásica”. Todo esto conlleva a un debate con la línea kaesiana que apuntala el fundamento del vínculo en el “pacto sobre lo negativo”. Todo lo que lesiona la existencia del vínculo debe quedar afuera, y negar aquello que lo pondría en cuestión; Kaës toma como ejemplo la renuncia pulsional anunciada en El malestar en la cultura”. La noción de “negatividad absoluta” es lo que no puede entrar en un vínculo o en una estructura por condición necesaria, implicando en la centralidad de lo vincular a la castración. Va de suyo que la propuesta kaesiana es una extensión de las tesis freudianas, y leo entre líneas los componentes filosóficos de la “ontología negativa” a través de la falta.

Janine parte de otra formulación apoyada, a mi entender, en la “ontología afirmativa”, sin desdeñar lo negativo, pero ubicándolo en un borde, apostándole a la potencia del devenir deseante que apunta a nuevas inscripciones y a lo que un vínculo o un sujeto puede -como verbo-, enlazada con la idea de acontecimiento en tanto cambio radical.

Nuestra autora plantea el inconsciente que se constituye por “efecto de presencia”, que se instala en ese momento constituyendo los sujetos múltiples. Esto define una situación que es un conjunto de elementos dispersos que produce efectos de constitución subjetiva, siempre y cuando los personajes incluidos en la situación estén afectados por los elementos de la situación.

Para ser justos con R. Kaës, Puget también menciona la “negatividad relativa” como campo de ilusión, aquello que el vínculo puede crear, pero aquí caben dos nuevas objeciones: como su nombre lo indica, la “negatividad relativa” no parece ser la más importante de las negatividades, y además: ¿por qué denominar lo que se puede hacer desde lo negativo?
Señalé al principio de este último apartado que resulta difícil realizar una crítica con una autora tan paradojal: discontinua en la teoría, pero permanente en la clínica, los grupos y en las instituciones.

Además, ¿qué es una crítica?, ¿qué derecho nos otorga?, ¿desde dónde la planteamos? A partir de Kurt Göedel, que demostró que un sistema axiomático no puede indicar su validez sin apelar a otro, se ha instalado el principio de indecibilidad: no hay sistema completo, luego no existen las ciencias exactas, y los axiomas son dogmas. He señalado hiatos, contradicciones, desacuerdos, partiendo de la idea de que ninguna teoría se explica por sí misma sino asociada a otros referentes. Los debates que fui estableciendo con diversos autores contemporáneos de Janine apuntaron a marcar diferencias sin desvalorizar al interlocutor, rasgos que en K. Marx y S. Freud no fueron los mejores, quizás por ser científicos de una época modernista y binaria. Para finalizar una reflexión panorámica de su obra, que insisto en definir como nómade, interdisciplinaria y heterodoxa, se me ocurre que un conjunto tan vasto, que supera los cincuenta años de escritura, no puede ser tomado evolutivamente, como si lo último fuera lo mejor; así sucede con el S. Freud de la primera o la segunda tópica o el J. Lacan a predominio simbólico o real. Con infinidad de artículos, seminarios y conferencias publicadas aguardamos con interés la aparición de un profuso libro de autoría única con todas sus creaciones conceptuales y sus correlatos clínicos.

Este texto sobre Janine, publicado en 2016, se escribió en 2011, y nuestra autora continuó, sin prisa pero sin pausa, su obra. El libro aguardado vio la luz en 2015 con un significativo título: Subjetivación discontinua y psicoanálisis.

Con una mirada atenta sobre los sucesos actuales y cotidianos acentúa la incertidumbre que contiene “una amenaza, un alerta, una señal de peligro”, apoyada en una cita de Blanchot: “la espera es lo inesperado de toda espera”. Le corresponderá a otras generaciones descubrir los significantes espectrales, catalépticos y acontecimentales que atraviesen sus pensamientos al leer las teorías de Janine.

No oculto la emoción que me embarga al realizar este escrito del cual salgo transformado, habilitado a comprender, imaginar, recrear, muchos episodios de su historia, y porque Janine configura un ser humano comprometido con todos aquellos que hemos compartido con ella tantos momentos difíciles, dolorosos, risueños y vitales.

Quizás lo más cuestionado es también lo más valioso: un claro abandono de la teoría clásica, soportando el denostado “¡esto no es psicoanálisis!”; lema absurdo, pero que persiste.
Ella optó por la valentía de sostener una discontinuidad del conocimiento ligado a la incertidumbre, condiciones necesarias para inventar una vida.

 

Trabajo realizado por:
Dr. Psiq. Rafael Berta
Psic. Irene Maggi
Psic. Zuli O´Neill

 

Aportes al psicoanálisis de las fobias, confusión mental y manía. Ed: Oficina del libro-AEM, junio 1968.

Psicoanálisis grupal de niños y adolescentes. Ed: Oficina del libro-AEM,  1969.

Estudios sobre narcisismo. Ed: APU, 1986.

El ser en psicoanálisis. Ed: EPPAL, 1990.

La teoría del Ser en la clínica. Ed.:: Roca Viva, 1993

Espacio y tiempo en las patologías mentales. Ed. Roca Viva, 1996.

Frontera entre dos siglos. Ed: Roca Viva, 1998

ASOCIACION PSICOANALITICA DEL URUGUAY – BIBLIOTECA
SERVICIO DE BIBLIOGRAFIAS
DESCRIPTOR: HECTOR GARBARINO

Garbarino, Héctor.
El autismo desde el punto de vista de la teoría del ser.
Montevideo, Trilce, 1999.
Colación: p. 114-125. rb.

Garbarino, Héctor.
La introducción del Ser en psicoanálisis.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 13-19. rb.

Garbarino, Héctor.
Las presentaciones.
Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 34-35.

Garbarino, Héctor.
Perfiles actuales de la clínica psicoanalítica.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
Colación: p. 39-43. rb.

Garbarino, Héctor.
La psiquiatría psicoanalítica desde la teoría del Ser.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 44-51.

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en la psicosis.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 52-56. rb.

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en la esquizofrenia ( a propósito de un paciente ).
Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en las patologías mentales.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 59-66. rb.

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en la melancolía; a propósito de un síndrome de Cotard incompleto.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 89-94. rb.

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en el autismo.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 109-112.

Garbarino, Héctor.
La teoría del Ser y la telepatía.
Montevideo, Roca Viva, 1996.
p. 273-276. rb.

Garbarino, Héctor.
El simbolismo cósmico y el inconsciente del yo-Ser.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Lo arcaico, temporalidad e historización.
Montevideo, Comisión de Publicaciones de APU, 1995.
p. 109-114. Rb

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en la melancolía.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1995.
2 a.

Garbarino, Héctor.
Espacio y tiempo en la ezquizofrenia de un paciente [ audiocinta ].
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1995.
2 a. ( 120 min. ).

Garbarino, Héctor.
La depresión.
Revista de Psiquiatría del Uruguay
Montevideo, Sociedad de Psiquiatría del Uruguay, 1994.
n. 329: p. 5-12.

Garbarino, Héctor.
El yo-ser a propósito del autismo.
Psicoanálisis con niños y adolescentes
Buenos Aires, GIESNA, 1993.
Colación: n. 5: p. 148-154. rb.

Garbarino, Héctor.
Psiquiatría y psicoanálisis.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1993.
año 9, n. 19: p. 43-45.

Garbarino, Héctor.
El yo y el Ser en los fronterizos.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1993.
Fronteras de la clínica n. 77.

Garbarino, Héctor.
El simbolismo en las patologías narcisistas; cuerpo abierto y narcisismo del ser.
Narcisismo.
Montevideo, Roca Viva, 1993.
p. 17-25. rb.

Garbarino, Héctor.
La teoría del ser en la clínica.
Montevideo, Roca Viva, 1993.
221 p.

Garbarino, Héctor.
Panel sobre los Casos Difíciles.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1992.
“Malestares”

Garbarino, Héctor.
Lo ominoso y la amenaza del no-ser en “El Hombre de la Arena” de Hoffmann ( Audiocinta ).
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1992.
2 a. (120 min.).

Garbarino, Héctor.
El Yo-Ser a propósito del autismo.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1991.
n. 74: p. 91-97. rb.

Garbarino, Héctor.
Evocación de Rodolfo Agorio.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1991.
n. 72-73: p. 9-10.

Garbarino, Héctor.
Introducción del Ser en psicoanálisis.
El ser en psicoanálisis.
Montevideo, EPPAL, 1990.
p. 9-31.

Garbarino, Héctor.
El Ser en la creatividad.
El ser en psicoanálisis.
Montevideo, EPPAL, 1990.
p. 47-50.

Garbarino, Héctor.
Un nuevo modelo de la mente.
El ser en psicoanálisis.
Montevideo, EPPAL, 1990.
p. 223-235.

Garbarino, Héctor.
Un nuevo modelo de la mente.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU; Grupo de Epistemología y Psicoanálisis.
Modelos en psicoanálisis.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1990.
p. 119-137.

Garbarino, Héctor.
Depresión y narcisismo.
Revista de la APPIA
Montevideo, APPIA, 1989.
Tomo 9: p. 25-31.

Garbarino, Héctor.
Estudios sobre narcisismo.
Montevideo, APU, 1986.
124 p.

Garbarino, Héctor.
La psicosis y el yo-cuerpo a propósito de Schreber.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1986.
n. 64: p. 54-69. rb.

Garbarino, Héctor.
Narcisismo y regresión psicótica.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1985.
n. 63: p. 23-29. rb.

Garbarino, Héctor.
Neurosis y psicosis.
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1985.
n. 10: p. 4-5. rb.

Garbarino, Héctor.
El psicoanálisis en la Universidad.
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1985.
n. 18: p. 5-6. rb.

Garbarino, Héctor.
Aída Aurora Fernández.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1984.
año 2, n. 3: p. 4.

Garbarino, Héctor.
Adolescencia; aquí se juega el destino de la mujer.
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1984.
n. 3: p. 5-6. rb.

Garbarino, Héctor.
Adolescencia; ¿ es un crimen crecer ?
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1984.
n. 1: p. 3-4. rb.

Garbarino, Héctor.
Psicoanálisis, educación, padres y maestros.
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1984.
n. 7: p. 2-4. rb.

Garbarino, Héctor.
Los sueños de Dora desde la teoría kleiniana.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1983.
n. 62: p. 65-73

Garbarino, Héctor.
Afectos en Klein.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1983.
año 1, n. 1: p. 21-24.

Garbarino, Héctor.
Función del psicoterapeuta de orientación psicoanalítica.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1983.
año 1, n. 2: p. 5-8.

Garbarino, Héctor
Sobre ” Actuar, hablar, identificar “.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1978.
n. 57: p. 8-10.

Garbarino, Héctor.
Función de los mecanismos obsesivos en la restauración del yo esquizofrénico.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1971-1972.
Tomo 13, pte. 1: p. 5-16. rb.

Garbarino, Héctor.
Notas para una discusión sobre el inconsciente.
Suplemento de la Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 197?
n. 5: p. 10-11. rb.

Garbarino, Héctor.
Consideraciones acerca del mundo inanimado del esquizofrénico.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1969.
Tomo 11, pte. 2: p. 133-149. rb.

Garbarino, Héctor.
Aportes al psicoanálisis de las fobias, confusión mental y manía.
Montevideo, Oficina del libro Asociación de Estudiantes de Medicina, 1968.
108 p. rb.

Garbarino, Héctor.
Algunas consideraciones acerca del acting out en la enfermedad maníaco-depresiva.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1966.
Tomo 8, pte. 4: p. 363-374. rb.

Garbarino, Héctor.
Un núcleo confusional; el muerto vivo.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1965.
Tomo 7, pte. 2-3: p. 119-137.

Garbarino, Héctor.
Algunos aspectos teóricos y técnicos de la agorafobia; implicaciones derivadas de su relación con el ” período umbilical
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1964.
Tomo 6, pte. 2-3: p. 99-125. rb.

Garbarino, Héctor.
Nacimiento, confusión y fobias.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1963.
Tomo 5, pte. 2-3: p. 251-266. rb.

Garbarino, Héctor.
Mecanismos confusionales en un paciente histérico.
Revista de Psicoanálisis
Buenos Aires, Asociación Psicoanalítica Argentina, 1962.
Tomo 19, ns. 1 y 2: p. 80-85. rb.

Garbarino, Héctor.
Fantasía y realidad; análisis de un núcleo autístico atípico.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1960.
Tomo 3, pte. 2-3: p. 3-29. rb.

Garbarino, Héctor.
Comentarios sobre la ideología psicoanalítica.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1960.
Tomo 3, pte. 2-3: p. 30-40. rb.

Garbarino, Héctor.
El envejecimiento como un síntoma transitorio.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1958.
Tomo 2, pte. 3: p. 271-279.

Garbarino, Héctor.
La posición depresiva y melancolía.
Anales de la Clínica Psiquiátrica
Montevideo, Facultad de Medicina, Clínica Psiquiátrica, 1958.
p. 57-71. rb.

Garbarino, Héctor.
Los hechos traumáticos reales en el análisis de niños.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1956.
Colación: tomo 1, pte. 3: p. 342-354.

Garbarino, Héctor.
Resumen del complejo de Edipo en Freud.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1956.
Tomo 1, pte. 2: p. 258-261.

Garbarino, Héctor, coord; Bister, Jacqueline; Fleitas, Carlos; Freire de Garbarino, Mercedes; Kociak, Felisa; Montes de Oca, Marcelo; Nin, Ana; Uslenghi, Ema; Valdez, Lizardo.
Un modelo mental de la videncia.
Relaciones
Montevideo, Periódica, 1998.

Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor.
/Willy Baranger/.
Asociación Psiconalaítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1995.

Garbarino, Héctor y colaboradores.
Aproximación a un modelo mental de la videncia [ Audiocinta ].
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1998.
Trabajo presentado en el espacio de la actividad científica el 30 de octubre de 1998.

Garbarino, Héctor; Vidal, Raquel.
El Ser en la neurosis [ audiocinta ].
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1996.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. Montevideo; 3 may. 1996.

Garbarino, Héctor; Vidal, Raquel.
El Ser en la neurosis.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1996.
Presentado en la APU en mayo de 1996.

Garbarino, Héctor; Büsch de Ortiz, Gloria; Cattivelli, Alicia; Cerutti, Ana; Cutinella de Aguiar, Olga; Flechner, Silvia; Freire de Garbarino, Mercedes; Maggi, Irene; Peceli, Mariela; Sapriza, Silvia; Speyer, Diego; Svarcas, Manuel; Uslenghi de Naguíl, Ema; Varela Viglietti, Gonzalo; Villalba, Luis.
Respuesta a Leopoldo Müller.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1991.

Garbarino, Héctor; Braun de Bagnulo, Sylvia; Neme, Juan Carlos.
Palabras liminares a un seminario de Metapsicología.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1989.
año 7, n. 11: p. 33-35.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Cutinella de Aguiar, Olga; Sapriza, Silvia; Suárez Lope, Beatriz; Svarcas, Manuel.
El Ser en la esquizofrenia.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1989.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Cutinella de Aguiar, Olga; Sapriza, Silvia; Suárez Lope, Beatriz; Svarcas, Manuel.
El no Ser en la psicosis; a propósito de Antonin Artaud.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1987.
Colación: n. 66: p. 87-94. rb.
Jornadas sobre Psicosis: Aspectos Estructurales de la Psicosis.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU; Comisión Científica.
1987, 09 19.
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Maggi, Irene.
Técnica en psicoanálisis del adolescente.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1987.

Casas de Pereda, Myrta; Freire de Garbarino, Mercedes; Fernández, Aída A.; Garbarino, Héctor; Maberino de Prego, Vida; Plosa, Isabel; Prego, Luis E.
La importancia del psicoanálisis de niños en la formación del analista.
Hoja del Candidato
Montevideo, Org. de Candidatos del Inst. de Psicoanal. APU, 1986.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Lijtenstein, Marcos; Suárez Lope, Beatriz; Seigal, Julio.
Una aproximación al enigma femenino.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1985.
año 3, n. 5: p. 29-33. rb.
Jornadas sobre Sexualidad Femenina.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
1985, ?
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Garbarino, Mercedes Freire de; Casas de Pereda, Myrta; Lijtenstein, Marcos; Suárez de Quiroga, Beatriz.
Narciso y Edipo en el proceso psicoanalítico.
Revista de Psicoanálisis
Buenos Aires, Asociación Psicoanalítica Argentina, 1984.
Congreso Psicoanalítico de América Latina, 15.
Asociación Psicoanalítica Argentina. APA Federación Psicoanalítica de América Latina. FEPAL.
1984.
Buenos Aires. AR.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Casas de Pereda, Myrta; Lijtenstein, Marcos; Suárez Lope, Beatriz.
Narciso y Edipo en el proceso analítico; vinculación entre narcisismo y sexualidad en el Hombre de los Lobos.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1984.
Present.a: Congreso Psicoanalítico de América Latina, 15.
Federación Psicoanalítica de América Latina. FEPAL.
1984, 06 ?
Buenos Aires. AR.

Casas de Pereda, Myrta; Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor, coord.; Lijtenstein, Marcos; Schkolnik, Fanny; Suárez Lope, Beatriz.
Reflexiones sobre el narcisismo normal y patológico; sublimación del narcisismo.
Temas de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1983.
año 1, n. 2: p. 37-38.
Jornadas sobre Narcisismo.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
1983, ?
Montevideo. UY.

Casas de Pereda, Myrta; Freire de Garbarino, Mercedes; Fernández, Aída A.; Garbarino, Héctor; Maberino de Prego, Vida; Plosa, Isabel; Prego Silva, Luis Enrique.
La importancia del psicoanálisis de niños en la formación del analista.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1982.
Congreso Psicoanalítico de América Latina, 14.
Federación Psicoanalítica de América Latina. FEPAL.
1982, 08 8-13.
Buenos Aires. AR.

Casas de Pereda, Myrta; Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Lijtenstein, Marcos; Schkolnik, Fanny.
El Yo y el principio del placer; vigencia del principio de placer en la Segunda Tópica.
En torno a la escisión del Yo.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Jornadas sobre el Yo
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1982.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
1982, 11 12-13.
Montevideo. UY.

Bedó, Tomás; Bouza de Suaya, Graciela; Braun de Bagnulo, Sylvia; Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Maggi, Irene; Medici de Steiner, Carmen; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Neme, Juan Carlos; Sapriza, Silvia.
El Yo del Proyecto.
Textos para una historia del concepto de Yo.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Jornadas sobre el Yo
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1982.
1982, 11 12-13.
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Schkolnik, Fanny.
Algunas interrogantes y reflexiones acerca del concepto de pulsión de muerte en Freud.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1981.
Jornadas sobre Pulsión de Muerte.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
1981, 12 ?
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Frioni de Ortega, Mireya; Schkolnik, Fanny.
El apetito de la pulsión de muerte.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1980.
Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, 13.
Federación Psicoanalítica de América Latina. FEPAL.
1980.
Río de Janeiro. BR.

Garbarino, Héctor, coord; Bernardi, Ricardo; Casas de Pereda, Myrta; Gil, Daniel; Lijtenstein, Marcos; Maggi, Irene; Mendilaharsu, Carlos; Morató de Neme, Raquel; Pereda, Alberto; Sapriza, Silvia.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Diferentes concepciones psicoanalíticas de la angustia.
Rio de Janeiro, Sociedade Psicanalitica do Rio de Janeiro, 1980.
Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, 13.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
1980, 11 16-20.
Rio de Janeiro. BR.
Relato Oficial.

Acevedo de Mendilaharsu, Sélika; Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Koolhaas, Gilberto; Maberino de Prego, Vida; Mendilaharsu, Carlos; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Prego Silva, Luis Enrique.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Vocación psicoanalítica.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
La vocación psicoanalítica; relatos.
Río de Janeiro, Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina, 1980.
Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, 13; Pre Congreso Didáctico, 8: La Vocación Psicoanalítica.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
1980, 11 16-20.
Río de Janeiro. BR.
Relato Oficial.

Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Mieres de Pizzolanti, Gloria.
Los afectos en la comunicación.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1979.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Koolhaas Jurgens, Gilberto; Mendilaharsu, Carlos; Acevedo de Mendilaharsu, Sélika; Nieto, Marta; Prego Silva, Luis Enrique; Maberino de Prego, Vida; de Urtubey, Luisa; Viñar, Marcelo N.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU; Instituto de Psicoanálisis.
Psicopatología del análisis didáctico.
Montevideo, APU, 1976.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, 11; Pre-Congreso Didáctico, 6.
Coordinadora de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina.
1976, 07 23-24.
Buenos Aires. AR.

Brum, José Luis; Garbarino, Héctor; Gil, Daniel; Lijtenstein, Marcos; Acevedo de Mendilaharsu, Sélika; de Urtubey, Luisa; Viñar, Marcelo N.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU; Comisión de Enseñanza.
Metodología docente en el Instituto de Psicoanálisis.
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1976.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, 11; Pre-Congreso Didáctico, 6.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
1976, 07 23-24.
Buenos Aires. AR.

Maberino de Prego, Vida; Freire de Garbarino, Mercedes; García Rocco, Héctor; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Plosa, Isabel; de Urtubey, Luisa; Ulriksen de Viñar, Maren.
Conducta antisocial en el niño; el robo como actuación frecuente.
Asociación de Psiquiatría y Psicopatología de la Infancia y Adolescencia del Uruguay. APPIA.
Anales del primer Congreso Latinoamericano de Psiquiatría Infantil, Uruguay.
Montevideo, APPIA, 1971.
Congreso Latinoamericano de Psiquiatría Infantil, 1.
de Psiquiatría y Psicopatología de la Infancia y Adolescencia del Uruguay. APPIA.
1969, 11 23-26.
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Ulriksen de Viñar, Maren.
La ansiedad de alienación en los grupos terapeúticos infantiles.
Asociación de Psiquiatría y Psicopatología de la Infancia y Adolescencia del Uruguay. APPIA.
Anales del primer Congreso Latinoamericano de Psiquiatría Infantil, Uruguay.
Montevideo, APPIA, 1971.
Congreso Latinoamericano de Psiquiatría Infantil, 1.
Asociación de Psiquiatría y Psicopatología de la Infancia y Adolescencia del Uruguay. APPIA.
1969, 11 23-26.
Montevideo. UY.

Garbarino, Héctor; Agorio, Rodolfo; Freire de Garbarino, Mercedes; Lacava Meharu, Marta.
Regresión psicótica a consecuencia del análisis del objeto idealizado.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1968.
tomo 10, pte. 3-4: p. 253-258. rb.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, 7: Teoría de la Técnica.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
1969, ?
Bogotá. CO.

Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor.
Estructura de los grupos terapéuticos.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1967.
Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo, 5.
Federación Latinoamericana de Psicoterapia de Grupo.
1967, ?
San Pablo. BR.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Maberino de Prego, Vida.
El nacimiento y las vicisitudes del héroe.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1967.
Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo, 5.
Federación Latinoamericana de Psicoterapia de Grupo.
1967, ?
San Pablo. BR.

Agorio, Rodolfo; Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Lacava Meharu, Marta; Maberino de Prego, Vida; Prego Silva, Luis Enrique.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU.
Relato oficial sobre el tema ” Manía “.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1966.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, 6: Manía.
Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina. COPAL.
1966, 07 24-28.
Montevideo. UY.
Relato Oficial.

Garbarino, Héctor; Freire de Garbarino, Mercedes; Mieres de Pizzolanti, Gloria; Maberino de Prego, Vida.
Episodio maníaco en un grupo de niños.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1966.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano, 6: Manía.
Comité Coordinador de las Organizaciones de América Latina. COPAL.
1966, 07 24-28.
Montevideo. UY.

Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Vásquez, Washington.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay.
Grupos terapéuticos y grupos ideológicos; aproximación a una explicación dialéctica.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1961-62.
Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo, 3.
Federación Latinoamericana de Psicoterapia de Grupo.
1962, 07 ?
Río de Janeiro. BR.

Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor.
La adolescencia.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay. APU
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1961-62.

Freire de Garbarino, Mercedes; Garbarino, Héctor; Nieto, Marta; Maberino de Prego, Vida; Prego Silva, Luis Enrique.
Mecanismos y evaluación de la curación en psicoterapia de grupo.
Revista Uruguaya de Psicoanálisis
Montevideo, Asociación Psicoanalítica del Uruguay, 1965.
Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo, 4.
Federación Latinoamericana de Psicoterapia de Grupo.
1964, 10 25-30.
Porto Alegre. BR.

Garbarino, Héctor; Baranger, Willy.
Reactivación de fantasías inconscientes por un hecho traumático real.
Revista de Psicoanálisis
Buenos Aires, Asociación Psicoanalítica Argentina, 1956.
tomo 13, n. 4: p. 409-413.
Congreso Psicoanalítico Latinoamericano.
Buenos Aires. AR.
1956.

El texto seleccionado:
Autor:Garbarino, Héctor.
Título:La introducción del Ser en psicoanálisis.
Fuente:En: Garbarino, Héctor.Espacio y tiempo en las patologías mentales. Montevideo, Roca Viva, 1996. p.p. 13-19.
Está en la biblioteca virtual de APU