Texto por
>> Eduardo Agegas

En Celes Ernesto Cárcamo encontramos una feliz conjunción: la de su historia personal, la de sus ancestros y la de su elección vocacional, fenómenos todos que confluyen tanto en su práctica clínica como en su producción escrita y en la transmisión del psicoanálisis.

Nació en La Plata en 1903. Su abuelo materno, Pedro Aguerre, era vasco-francés; presenció la caída de Rosas, la batalla de Caseros (estamos hablando de mediados del siglo XIX) y como muchos inmigrantes vascos de esa época se instaló en los campos de la Provincia de Buenos Aires, luchando contra indios y malones cuando asolaba las fronteras el Cacique Calfucurá. Esto llevará a Cárcamo a afirmar: “Yo crecí en contacto con este ambiente típicamente tradicional todavía entonces, escuchando como cuentos de hadas los relatos sobre las aventuras y luchas con los salvajes, en la rudeza de los trabajos rurales y los riesgos de aquella vida de campo” (pag.989) (19). Su padre, Roberto Cárcamo, era español, doctor en química y farmacia. Provenía de una familia de muchas generaciones dedicadas a las ciencias médicas. Por afición fue escritor y periodista, siendo su sección la de teatro y literatura en el Correo Español, periódico de su época.

De  modo que en Cárcamo se conjugaron la vocación por la cultura europea y, por otro lado, por influencia de su abuelo materno, el amor por las cosas de su tierra, el campo y las tareas rurales. Habiendo predominado su parte científica y cultural, en su obra escrita se observa la presencia del campo y lo aborigen. Estudió medicina por vocación y fue hombre de campo por tradición.

Interesándole la neuropsiquiatría consideró imprescindible adquirir una buena formación en clínica médica, ingresando para ello en el Servicio de Mariano Castex en el Hospital de Clínicas. Allí daba conferencias y presentaba casos James Mapelli, que utilizaba una psicoterapia sugestiva hipnótica. A partir de allí Cárcamo comenzó a practicar la psicoterapia en su tarea clínica, pero comprobó rápidamente las limitaciones de los métodos hipnóticos. Comenzó por entonces a tomar contacto con la obra de José Ingenieros y así conoció a Pierre Janet y Sigmund Freud, a quienes comenzó a leer con interés y diligencia. Se trataba de un contexto, como subrayaba Cárcamo, movido por el hecho de que, si bien en la medicina académica de esa época había un rígido esquematismo científico, de modo que lo que no entraba en él no era considerado ciencia, lo que hacía que los trastornos funcionales, por ejemplo, no fuesen considerados entidades clínicas que merecieran mayor atención, la práctica clínica lo empezó a enfrentar con los aspectos afectivos de sus pacientes.

De este modo Cárcamo fue acercándose al psicoanálisis desde el punto de vista médico y filosófico.  Su formación filosófica la adquirió concurriendo a los cursos de la Facultad de Filosofía y Letras. De los mismos recuerda especialmente a Coriolano Alberini, un antipositivista que introdujo en Buenos Aires las teorías de Benedetto Croce y de Henri Bergson.

Si bien en Buenos Aires había gente que hacía psicoanálisis, consideró que debía hacer una formación más orgánica, de modo de adquirir una teoría sólida, pero sobre todo habilidades técnicas. Es así que decidió formarse en el Instituto de la Sociedad Psicoanalítica de París, analizándose con Paul Schiff. Con relación a éste hay un episodio reseñable: en plena Guerra, Schiff, perseguido por ser judío, envía una carta a Cárcamo bajo el seudónimo de “Herbelot”, pidiéndole ayuda para emigrar. Cárcamo obtuvo una invitación de la Facultad de Medicina para que su ex analista viniera a Buenos Aires, pero éste, finalmente, se incorporó a las tropas aliadas en Africa, habiendo pasado previamente a España atravesando los Pirineos, envuelto en un poncho regalado por el mismo Celes Cárcamo.

Sus supervisores, en París, fueron Rudolf Loewenstein y Charles Odier, mientras que recibió enseñanza de maestros como Allendy, de Saussure, Parcheminay, E. Pichon, Mme. Morgenstern, Hartmann, Lagache, Lebovici, Nacht, Dolto, Dalbiez y Joan Riviere. Tomó contacto con Anna Freud, Paul Federn, Hesnard, Cenac, Marie Bonaparte y Jacques Lacan. La formación neuropsiquiátrica la hizo con Henri Claude en el Hospital Sainte Anne y estudió neurología con Guillain en La Salpetriére. Recibió su título de Miembro Adherente en 1939 presentando un trabajo clínico: “Dos pacientes en asociación mórbida”, y otro trabajo de psicoanálisis aplicado sobre un tema de la religión precolombina, memorable, que presentaremos como parte de este capítulo: “La serpiente emplumada: psicoanálisis de la religión maya-azteca y del sacrificio humano”.

En París, Rof Carballo le presentó a Ángel Garma, al que alentó a venir a Buenos Aires para ejercer como psicoanalista. Cárcamo volvió definitivamente a la Argentina, con su esposa, en 1939 debido a las circunstancias de la Guerra en Europa.

Una vez en Buenos Aires, el Profesor José Jorge, director del Instituto Médico Quirúrgico de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, en el Hospital Durand, le confió la sección de Psiquiatría y Psicoterapia, en la que trabajó hasta 1943. Hecho importante porque reforzó sus vínculos con la medicina universitaria de Buenos Aires, ahora como psicoanalista. También hizo el Curso Oficial de Especialización en Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y siguió la carrera de médico homeópata, organizada por la Asociación Médica Homeopática Argentina.

Cárcamo, junto a Garma y algunos colegas residentes en Buenos Aires, formó en 1939 un núcleo de profesionales interesados en el estudio y la práctica del psicoanálisis, para finalmente, en 1942, firmar, junto a Garma, Arnaldo Rascovsky, Enrique Pichón-Rivière, Marie Langer y Guillermo Ferrari Hardoy el acta inaugural de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Celes Cárcamo fue el primer director del Instituto de Psicoanálisis, el primer profesor de técnica psicoanalítica y el segundo presidente de la APA.

En 1958 organizó, por pedido del Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, el primer curso de Psicología Médica en la Facultad. Años más tarde, cuando la Cátedra de Psicología Médica de la Facultad de Medicina creó el Curso Oficial para Graduados en Psicología Médica, Cárcamo fue el primer profesor de Psicoterapia, entrando, de ese modo y por primera vez, la teoría psicoanalítica, oficialmente reconocida, en la Facultad de Medicina.

Fue miembro fundador de numerosas asociaciones médicas y perteneció al Comité Científico de prestigiosas publicaciones. Fue designado Socio de Honor de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Profesor Honorario y Vicedecano de la Facultad de Psicología de la Universidad del Salvador, Médico informante extranjero de la Clínica Mayo, EEUU., e introdujo el método del Ensueño Dirigido de Robert Desoille en la Argentina. En 1986 recibió el premio Konex de platino por su tarea pionera en el psicoanálisis argentino.

Celes Ernesto Cárcamo murió el 7 de abril de 1990. Estaba escribiendo las palabras de agradecimiento para el homenaje que se le iba a realizar el martes 10 de dicho mes en la Asociación Psicoanalítica Argentina, día en el que se iba a instaurar, con su nombre, el premio al mejor trabajo para acceder a Miembro Titular de la Asociación. Cárcamo interrumpió la tarea diciendo que se sentía indispuesto, se recostó y falleció.

Gran lector y con una extraordinaria memoria, no era un hombre de escribir mucho; más bien volcaba sus conocimientos en forma casual a través de charlas, de anécdotas, historias camperas, poemas, párrafos de libros, recuerdos personales vividos en la Argentina y en Europa. De todos modos sus escritos nos permiten ver una feliz conjunción entre el  médico, el psicoanalista, el hombre ético y el sujeto inserto en la cultura. Aunque no es fácil aunar en las palabras, dándole plena significación a estos aspectos que lo caracterizaban, en sus textos dichos aspectos resaltan con claridad.

 

El médico y el hombre ético en sus escritos

Dijimos antes que la vida de Cárcamo estaba marcada por el deseo de curar. Probablemente esta cita, extraída de su trabajo “La Medicina Moral” (17) nos muestre plenamente su concepción al respecto: “(…) sería difícil decir cómo debe ser el médico cuya imagen, concepciones de la vida, sistema de valores y comportamientos cambian tanto con las épocas, los progresos científicos de la medicina y las transformaciones socio-económicas que influyen o imponen su modalidad asistencial. Pero un ejemplo nos ilustrará mejor que cualquier disertación sobre el tema. Lo encontramos en un precioso libro de Juan F. Cafferata, titulado La Córdoba de ayer. Su relato nos conduce a la Córdoba de 1904. La ciudad se levanta en armas contra el poder central de Buenos Aires. La revolución es vencida y a su jefe, el coronel Fernández, prófugo, no se lo encuentra. Cafferata indignado por ese insólito desafuero, en su apasionamiento patriótico y político, dice que sus autores deben ser juzgados y sancionados severamente. Un día recibe la visita de un excelente colega que, bajo el más estricto secreto profesional, le confía que está asistiendo al coronel Fernández, quien se encuentra herido y refugiado en el convento de los Franciscanos de la ciudad. Como el colega no es católico práctico, que sí lo es Caferatta, teme que sus frecuentes e inusitadas visitas al convento despierten las sospechas de las autoridades. Le pide que lo sustituya en la asistencia del paciente. Caferatta acepta y desde ese momento cambia radicalmente su ánimo y la animadversión y el apasionamiento se desvanecen. Se olvida de sí mismo como ciudadano para dar lugar al médico y entregarse desinteresada y amistosamente al cuidado del enfermo hasta su curación. Esto es ser esencialmente médico. Es poder acallar todo prejuicio, referencia personal, interés y afectos egocéntricos para darse libre y vocacionalmente al cumplimiento de su misión, viendo sólo en el enfermo a un prójimo que requiere o le pide ayuda. Quien ama al enfermo, dice Hipócrates, el viejo maestro de Cos, ama al arte, es decir a la medicina” (pag.444).

Considero importante lo recién citado pues nos revela, a través de la anécdota en cuestión, su posición ética ante el paciente. Posición ética que se traslada a su práctica psicoanalítica, como podemos ver en la transcripción de un diálogo con Cárcamo que refiere Haydée Faimberg (21), donde nuestro autor le dice: “Durante la presentación, en París, del trabajo clínico “Dos enfermos en asociación mórbida”, un colega me hizo la objeción de que el paciente había modificado su impotencia, pero que continuaba siendo un anarquista. Contesté que nada en su análisis me había hecho pensar que ser anarquista, en este caso, formaba parte de su enfermedad. Usted sabe, yo soy católico, pero no permití jamás que mis convicciones religiosas interfieran en la comprensión del paciente”. Cárcamo afirmaba que la medicina es esencialmente filantrópica, como fue siempre la buena y auténtica medicina.

Más de un escrito de Cárcamo, ya psicoanalista, se realiza en el ambiente médico. Un ejemplo de esto es el ya citado “La medicina moral”, correspondiente al relato oficial en la Mesa Redonda de Medicina Psicosomática del XIV Congreso Argentino de Gastroenterología; trabajo basado en la tesis del profesor de clínica médica Luis Güemes, quien lo presentó en 1879, y en el que “moral” puede entenderse como psicopatológico, y que participa del resurgimiento de la escuela hipocrática, que considera al hombre sano y enfermo como “homo dúplex” que debe ser tratado en su totalidad e íntima unidad. Basándose en dicha tesis, Cárcamo cuestiona las razones de por qué lo psíquico ha de tener menos realidad que lo físico o corporal.

Siguiendo la estela de lo dicho anteriormente, en la línea de sus escritos dirigidos a los médicos, en los que intenta hacer valer lo psíquico en dicho ambiente, tenemos “Contribución psicoanalítica al conocimiento de la jaqueca”, comunicación presentada al 1er. Congreso organizado por la Sociedad de Neurología y Psiquiatría de Buenos Aires, en 1944, que contiene interesantes casos clínicos. En “Estado actual del psicoanálisis” (7), conferencia pronunciada bajo los auspicios de la Asociación Homeopática Argentina, en 1945, nos dice: “(…) ceñiremos (…) a considerar el estado actual del psicoanálisis en relación con su particular desenvolvimiento y con aquellos problemas que a nosotros nos atañen más directamente, que están vinculados con la medicina” (pag.245). Para ello ubica al mismo en contraposición a posiciones asumidas en la época de su surgimiento donde “(…) la escuela positivista no reservaba (a la psicología) ningún valor autonómico en su clasificación de la ciencia” (pag.246), intentando reducir a la misma a algo meramente experimental, sobre la base de un racionalismo llevado hasta el exceso. Desde esta oposición va desarrollándose el psicoanálisis. En “La angustia en las cardiopatías orgánicas”, leído en el Congreso Internacional de Río de Janeiro en 1946, va introduciendo los aspectos psicológicos a través de comentarios generales, para ir especificando y profundizando la cuestión por medio de consideraciones sobre la valoración subjetiva y el sentimiento de enfermedad, y que Cárcamo denomina “el coeficiente neurótico y la relación conflictual profunda”, para arribar al problema del sueño en las cardiopatías, tema sobre el que haremos algunas consideraciones más adelante. Todos estos aportes los debemos encuadrar en una época en que los conocimientos psicoanalíticos recién se estaban introduciendo en la medicina, realizando en ese sentido una verdadera labor de pionero.

En la década siguiente continúan sus presentaciones en ambientes no propiamente psicoanalíticos, en un verdadero esfuerzo de difusión, no sólo del psicoanálisis, sino también de una concepción del hombre como cuerpo y psiquis insertos en un medio social. Así se suceden “Psicodinamismos del proceso analítico”, relato oficial leído en 4ª Sesión Plenaria del Primer Congreso Latinoamericano de la Salud Mental, realizado en San Pablo, en 1954. “Psicoterapia de las anomalías sexuales”, relato oficial en las Primeras Jornadas de la Federación Argentina de Consorcios de Médicos Católicos, realizado en Santa Fe en 1954. “Técnicas de psicoterapia breve”, relato oficial junto a Marcos Victoria, en el Segundo Congreso de Higiene Mental, realizado en Buenos Aires en 1956. “La psicoterapia”, mesa redonda sobre temas de Deontología Médica, realizada en la Facultad de Medicina de la UBA en 1959. Como vemos, toda una década vinculado a ambientes médicos, siendo notable que tanto sus publicaciones como sus intervenciones no se realizan dentro del ambiente psicoanalítico.

A fines de 1959 en el trabajo “Concepto psiquiátrico de las enfermedades digestivas psicogenéticas” (14), relato oficial leído en el V Congreso Argentino de Gastroenterología, podemos encontrar su concepto de salud como modo de reacción de la naturaleza humana. Allí nos dice: “(…) salud y enfermedad no representan cambios substanciales de la naturaleza humana, sino modos de reacción de la misma, formas de existencia y experiencia en las que participa toda la personalidad, aunque la reacción se concretice particularmente y con mayor intensidad en algunos de los sectores o niveles de su organización psicofísica” (pag.372). Insistiendo en la integración de lo psíquico y lo somático, dice: “Lo que llamamos psicológico y somático es el producto de nuestra abstracción, en realidad partes constitutivas de una unidad esencial que arraiga en lo más hondo de nuestra estructura constitucional y biológica” (pag.372).

Cárcamo no ceja en trabajar por la incorporación de los fenómenos psíquicos a los somáticos y en “La medicina moral”, relato oficial presentado en la mesa redonda sobre medicina psicosomática del XIV Congreso de gastroenterología, celebrado en Buenos Aires en 1979, hace una concatenación que nos lleva desde la milenaria observación popular de la influencia de los fenómenos anímicos sobre las funciones corporales, base de tradiciones médico-filosóficas muy antiguas, hasta la medicina empírica del siglo XIX que recoge esta noción, la formaliza doctrinariamente y demuestra, posteriormente, su veracidad por medio de la experimentación de los fenómenos neurofisiológicos provocados por la sugestión hipnótica. De allí surgirán, más tarde, las investigaciones sobre los niveles de la actividad psíquica, el concepto de automatismo mental, la psicología profunda de Freud y sus escuelas derivadas y la reflexología de Pavlov.

En el mismo trabajo, “La medicina moral” (17), nuestro autor realiza una unificación entre el acto médico y la psicoterapia. Dice allí, refiriéndose a la psicoterapia en tiempo de Güemes: “Era (…) empírica e intuitiva, no sistematizada, a pesar de lo cual era eficiente. Sus mecanismos íntimos de acción los comprenderemos mejor al estudiar los tres términos hipocráticos de todo acto médico: el médico, el enfermo y la enfermedad, ubicándolos en el marco histórico-cultural de su época” (pag.428).

 

Cárcamo, el hombre inserto en la cultura

Sus aportes sobre psicoanálisis aplicado versan sobre temas de aborígenes americanos y gauchos. Su primer trabajo forma parte del primer número de la Revista de Psicoanálisis de APA, editada en 1943, aunque fue leído en París en 1939. Su título es “La serpiente emplumada. Psicoanálisis de la religión maya-azteca y del sacrificio humano” (2). Luego de una erudita descripción de la cultura de dichos pueblos, donde muestra un acabado conocimiento del estado del arte al respecto, hace un lúcido estudio sobre dicha religión, a la que postula, en su estructura, como una proyección cosmogónica de la organización psíquica, a la vez que contribuye a la investigación de los símbolos planteándonos el carácter de representación andrógina de la serpiente emplumada. En esta obra podemos observar un estudio de psicoanálisis aplicado donde las conceptualizaciones psicoanalíticas se apoyan en precisos elementos de la cultura maya-azteca, no hay un solo salto al vacío, ninguna petición de principio. En el mismo podemos apreciar la cultura de nuestro autor, sus conocimientos psicoanalíticos, a la vez que su formación científica. Su segundo trabajo sobre psicoanálisis aplicado, titulado “Imagen del mundo en la América aborigen” (3), vuelve a mostrarnos su formación humanística, continuando sus indagaciones psicoanalíticas en la comprensión del aborigen americano. Podemos apreciar en estos dos trabajos un detallado estudio de los símbolos, no sólo los vinculados a la serpiente emplumada, sino también sus aportes sobre el sentido de la cruz y del número cuatro, que trasciende a los aborígenes del continente americano.

Su último trabajo “El drama de Gurí” (20) lo vuelve a mostrar en la conjunción de la cultura y el psicoanálisis,  esta vez adentrándose en la tradición rioplatense, en una exquisita producción de psicoanálisis aplicado. Es un aporte a la comprensión del mundo mágico en que viven los personajes de la historia.

 

Cárcamo y su posición como psicoanalista

A través de sus escritos vemos el afán de Cárcamo en difundir la teoría psicoanalítica y las modalidades y virtudes de su práctica. Propio de su época, y en su carácter de pionero en la instalación del psicoanálisis en la Argentina, podemos encontrar, en su producción, verdaderas recapitulaciones del pensar analítico. Esto lo hace con una fundamentación freudiana que se destaca por su precisión y claridad, hecho que lo destaca como un conocedor profundo del pensamiento de Freud.

En “Psicodinamismos del proceso analítico” (10) nos proporciona su concepción de lo que entiende por psicoanálisis, dice: “Podríamos definirlo conceptualmente diciendo que el “psicoanálisis es conocimiento de uno mismo”. Pero esta definición, con ser breve y cierta, no distingue específicamente nuestra materia de otras disciplinas psicológicas que desde muy antiguo persiguen idéntica finalidad: el estudio de los procesos psicológicos humanos tanto normales como patológicos” (pag.299), para inmediatamente agregar que “el objeto del psicoanálisis es la restitución y armonía de la personalidad, su síntesis psicológica e integración psicofísica” (pag.300).

Esta posición la asume a partir de su concepción sobre la neurosis, a la que considera una disociación del yo producida por el proceso patogénico. En su trabajo “El concepto de neurosis” (15) complementa lo anterior, afirmando que “el neurótico no niega la realidad…pero no obra según las deducciones o consecuencias que le suministra su juicio de realidad” (pag.403). Es interesante señalar que en este trabajo hay una excelente historia del concepto de neurosis

La posición teórica general de Cárcamo puede apreciarse en distintos trabajos. Es así que en “Psicodinamismos del proceso analítico” (10) dice: “(…) se dio un paso más cuando de la concepción psicogenética basada primordialmente en una dialéctica de los instintos y de sus necesidades fundamentales, se llegó a la psicología del yo que estudia en su conjunto la estructura de su personalidad y sus intereses múltiples… La conducta normal y anormal no están supeditadas a las exigencias elementales del instinto” (pag.304). Afirmando que no se puede comprender el problema sexual en términos exclusivamente de cargas instintivas, sino refiriendo tales cargas al yo.

Fiel  a su espíritu, a pesar de su postura favorable a la psicología del yo, no descarta los aportes que  se generaban en otras corrientes del pensamiento como  es el caso de la teoría kleiniana. En el trabajo recién citado vamos a encontrar apoyaturas en dicho modo de teorizar, como cuando hace referencia a la reparación de los objetos internalizados o a la preservación de las relaciones con los representantes de estos objetos en el mundo, así como también en sus consideraciones de la concepción

que hace de la situación depresiva básica el núcleo primordial en la dinámica normal y patológica del psiquismo; en el tomar en cuenta a la proyección de los objetos buenos y malos, que en su vínculo con el analista, le permitirá, al paciente, ir modificando su superyó y, finalmente, en el hecho de que el analizando repite sus mecanismos de identificación proyectiva e introyectiva en la sesión analítica (pag.317).

Sus concepciones acerca de la transferencia le llevan a afirmar que la misma “no puede explicarse sólo en virtud del automatismo de repetición mecánico (…) el analizado repite un conflicto infantil que no ha sido resuelto (pag.310).

Sus posiciones sobre la contratransferencia lo muestran como un autor conocedor del estado del arte de su tiempo (no nos olvidemos que este escrito es de 1954), considerando que la misma es útil para la dilucidación de los conflictos del analizado. Otra conceptualización, que lo ubica dentro de problemáticas que comenzaban a dilucidarse por esa época, se manifiesta cuando dice: “Podemos deducir que el psicoanálisis no debe ser considerado ya exclusivamente como el estudio del inconsciente del analizado en la transferencia, sino como el estudio de la personalidad a través de la observación y vivenciación de la relación psicológica que se establece entre analista y analizado” (pag.316). Planteo que resalta los aspectos intersubjetivos que van a ser tan estudiados a partir de ese entonces.

Fiel a su adhesión a la segunda tópica freudiana describe a la interpretación desde la perspectiva de dicha conceptualización. Son particularmente interesantes sus consideraciones, basadas en los tratamientos con pacientes psicóticos, de que la interpretación clásica, al haber perdido el valor omnímodo que se le concede, demuestra ser fructífera con estos pacientes cuando ciertas variaciones técnicas son realizadas. Junto a lo recién expresado nos dice que si bien “(…) la interpretación conserva todo su valor como real instrumento de la psicoterapia (…) también podemos explicar su eficacia por factores a veces inapreciables que ella dinamiza en determinadas situaciones, constituyendo el vehículo de elementos transferenciales y contratransferenciales, o adquiriendo el significado ocasional para el inconsciente del analizado de una realización figurativa o simbólica. Estos son los elementos que podemos llamar implícitos de la interpretación (…) interpretaciones que no son referidas expresa y directamente al psicoanalista, como exige Strachey que sea para tener carácter mutativo, tienen frecuentemente influencias o efectos mutativos, porque el analizado puede referirlas inconscientemente a los objetos y situaciones internas específicas” (pag.324/5).

Sus posiciones sobre cuestiones de técnica psicoanalítica, no nos olvidemos que fue el primer profesor del Instituto de la Asociación Psicoanalítica Argentina, nos muestran a una persona no sólo al tanto de los conocimientos de su época, sino como alguien que avizoraba planteos que se iban a ir desarrollando con el correr de la investigación psicoanalítica.

 

a) La psicoterapia

En  su trabajo “Medicina antigua y psicoterapia” (18) Cárcamo, en una nueva demostración de su amplia cultura, realiza un exhaustivo e interesantísimo estudio de la psicoterapia desde los principios del hombre hasta la actualidad. Podemos apreciar la estrecha vinculación de la misma con la magia y cómo la psicoterapia revela la importancia que se le dio a lo largo de la historia a los conflictos psíquicos en el desarrollo de las patologías humanas y la necesidad de abordarlos para contribuir a su cura. Es particularmente interesante el uso de los sueños como elemento diagnóstico, tema al que retornaremos más adelante.

Habíamos dicho del interés de Cárcamo por los procesos curativos. Esto lo llevó a explorar distintas técnicas psicoterapéuticas como puede observarse en su trabajo “Técnicas de psicoterapia breve” (12). Allí nos dice que “como arte es muy vieja; como ciencia, muy joven” (pag.347). Nuevamente con una perspectiva histórica (perspectiva a la que era muy afín, como vemos) nos plantea el poder del “shaman” de los mongoles o del “machi” de los araucanos, que a través de la magia adivinatoria realizaban diagnósticos, pronósticos y tratamientos. Luego de un recorrido que toma a la hipnosis, a la hipnosis fraccionada de Kretschmer, el entrenamiento autógeno de Schultz, llega a los aportes de autores psicoanalíticos y los planteos hechos acerca de las llamadas psicoterapias breves, dándonos su posición al respecto.

Primero, de un modo que lo constituye en pionero en estos aportes, enuncia los pasos técnicos de estas formas psicoterapéuticas. Dice: “1) Contacto y desarrollo de la situación transferencial. Aquí influye la autoridad, la seguridad, la confianza que inspira el médico a su paciente. Previo el diagnóstico y una anamnesis minuciosa de tipo genético-evolutivo de la personalidad y de sus trastornos, se tiende a provocar la conciencia de situaciones, la confianza en la terapéutica y la cooperación consciente del paciente; 2) Abreacción y catarsis: también llamada ventilación. Apaciguamiento de la angustia, estudio de los rasgos dominantes del carácter, de los puntos débiles o vulnerables del sistema neurótico defensivo, descubrimiento del problema determinante fundamental; 3) Focalización, estudio del conflicto neurótico actual, interpretación en función de los datos biográficos y situaciones cruciales o traumáticas de la vida. Es importante, aunque no indispensable, su referencia explícita a las fuentes biográficas de su personalidad. (…) La captación, comprensión y dilucidación del conflicto neurótico y del sentido, en función de los mecanismos defensivos fundamentales, suelen ser un paso decisivo en la terapia dinámica breve” (pag.356/7).

Cárcamo precisa las indicaciones de la terapia breve, afirma que: “El método tiene su indicación precisa en trastornos neuróticos agudos o de causa reciente, procesos reactivos, especialmente cuando la personalidad no ha presentado rasgos premórbidos muy marcados, desequilibrios ligeros con conflictos ambientales evidentes o de fácil solución” (pag.358). Concluye que: “La psicoterapia, en cuanto se propone una reestructuración profunda de la personalidad, es tarea larga y difícil”. (pag.359). A través de sus escritos muestra su tendencia al uso de un amplio conjunto de instrumentos técnicos, en un afán curativo que no admite improvisaciones.

 

b) Neurosis actuales, trastornos orgánicos y los sueños

Como era de esperar en un autor tan interesado en acercar al psicoanálisis a los círculos médicos (en los tiempos de instalación del mismo en la Argentina), Cárcamo aborda problemáticas vinculadas de modo directo con la actividad de la clínica médica, incursionando en los problemas de la esterilidad, de las cardiopatías, a la vez que fija una posición sobre las neurosis actuales.

En cuanto a esta última, íntimamente vinculada a lo largo de los años con la psicosomática, fija una posición que parece contrariar estos desarrollos, y aunque es de reconocer que esta evaluación merece una reconsideración de orden histórico conceptual,  veremos en la sección siguiente, en la parte denominada “Dialogando con Celes Cárcamo”, que esta discordancia es relativa.

Dice Cárcamo en “Impotencia psíquica y neurosis actuales” (4):

“1° No existiría una diferenciación de fondo entre las psiconeurosis y las neurosis actuales.

2° No se puede negar de una manera absoluta la acción patógena de las

anomalías de la vida genital. Pero ellas son más bien exponentes de una personalidad neuropática y secundariamente factores morbógenos de la enfermedad.

3° El psicoanálisis de la neurosis actual demuestra que los individuos poseían antes de su enfermedad un equilibrio sexual inestable, organización genital con persistencia de rasgos pregenitales. Cualquier episodio actual (conflicto actual neurótico) rompe el equilibrio y desencadena la neurosis actual.

4° El tratamiento del neurótico actual no debe diferenciarse del psiconeurótico. Aunque en la mayoría de los casos basta la rectificación de los errores de la vida genital, la modificación del conflicto neurótico actual no basta para modificar la base psiconeurótica fundamental del enfermo” (pag.152).

En cuanto al estudio de las problemáticas psicológicas en los pacientes cardíacos (8) es interesante realzar dos aspectos. El primero de ellos está vinculado a una observación clínica y está planteado como un interrogante: ¿por qué ciertos cardíacos llegan a experimentar una premonición no traumática de la propia muerte? Como respuesta propone una hipótesis metapsicológica. Cuestión interesante pues no son pocos los pacientes de distintas patologías que han dado ejemplo de este fenómeno (pag.279).

El otro aspecto está vinculado a la producción onírica. Sin dejar de considerar la posición freudiana del sueño como realizador de deseos, señala la participación de la problemática del órgano en la configuración del soñar. Esta lectura le permite realizar una revisión histórica que lo lleva a Aristóteles que “sugería la posibilidad de descubrir así los pródromos de un cambio corporal inadvertible en la vigilia” (pag.273).

Muchos son los trabajos donde podemos encontrar ejemplos del laborar de Cárcamo con relación a los sueños. Resalta en particular la contextualización de época que realiza sobre el descubrimiento de Freud expresado en su teoría de los sueños. Es particularmente interesante porque nos muestra un fenómeno que para nada es extraño, muy por el contrario, es habitual, y que lo expresa a través de que “la idea estaba en el aire alrededor de filósofos, médicos y psiquiatras. Freud la capta y dejándose llevar por su intuición se introduce en el inconsciente por la “vía regia del sueño” (…)” (pag.405) (15).

En relación a estos temas Cárcamo rescata un precioso trabajo sobre los sueños de Perdicas II que Hipócrates realizó (pag.457) (18), donde podemos apreciar la utilización de los mismos para dilucidar la patología del paciente, generados en lo que hoy llamaríamos un claro conflicto edípico, trabajado todo el proceso  terapéutico en base al seguimiento de las emociones, la biografía y ciertos conocimientos astrológicos hoy desaparecidos. Con esta cita podemos apreciar tanto que el valor de los sueños para una labor terapéutica se origina antaño como el brillante aporte de Freud que le permite dar un paso fundamental como es el del acceso al inconsciente. El uso del conocimiento histórico, gracias a su cultura, que realiza Cárcamo nos permite ubicar en su real valía muchos hechos, como hemos visto, en este caso la originalidad del estudio del fenómeno onírico realizado por el psicoanálisis, no dado por la novedad de tenerlos en cuenta, sino por la forma absolutamente novedosa de hacerlo.

 

c) La magia

Celes Cárcamo, desde muy temprano en su práctica en clínica médica, se interesó por los fenómenos psicológicos y las distintas formas de influir sobre el enfermo desde esta perspectiva. Investigó estos temas en distintos ámbitos. Desde los curanderos, hasta el médico hechicero, artífice de los procesos curativos en los tiempos del hombre de Cromagnon. Su interés lo llevó por diversos senderos. Uno de ellos lo marcan los fenómenos mágicos curativos, o no, que se ejercen sobre el ser humano. En su trabajo sobre “Psicoanálisis de la esterilidad femenina” (5), en el capítulo dedicado a la “Tradición médica. Ritos mágicos. Psicología del antojo” (pag.163), encontramos un interesante estudio sobre la mandrágora, vinculada a sus virtudes y su uso en la magia sexual. Allí concluye que estudiando las viejas prácticas de la magia que se destinaban a impedir el embarazo, comprobamos que ellas se basan en una actitud negativa de la castración y en las afirmaciones de la posesión del pene.

Estos desarrollos transitan de manera marcada en su último trabajo, “El drama de “Gurí” (20), donde encontramos un precioso estudio de psicoanálisis aplicado en el que los fenómenos mágicos ocupan un lugar central no sólo por sus efectos, sino por su precisa ubicación en el contexto cultural del personaje central, cuya psicología difícilmente podríamos comprender sin tenerlos en cuenta.

Podemos seguir citando aportes de nuestro autor como por ejemplo sus contribuciones sobre el suicidio, pero ha llegado el momento de una conclusión. En la obra de Celes Cárcamo encontramos una conjunción de quien era él, un apasionado por el curar, un hombre culto y ético con una visión integral del hombre. De ahí su transcurrir por un conjunto de temáticas donde podemos ver expresada tanto su personalidad como su conocer, apoyado en lo histórico, sobre un presente sólidamente fundamentado y abierto al futuro.

 

Intercambiando ideas

En esta tercera parte del capítulo dedicado a Celes Ernesto Cárcamo vamos a hacer unas consideraciones generales, para pasar luego a un diálogo con el autor, en el que veremos cómo sus planteos encierran potenciales que se fueron desarrollando a través del tiempo. Con una perspectiva de más de 50 años en relación al momento en que fueron escritos muchos de estos trabajos, podemos hacer algunas consideraciones interesantes.

La primera de ella es ubicar los mismos en su contexto histórico, evitando de ese modo un aplastamiento cronológico, cayendo en una descontextualización que invalida las consideraciones que se puedan hacer. Actitud en la que se puede caer dando lugar a una crítica equivocada de la obra en cuestión. Es así que podemos observar que Cárcamo es fiel a los conocimientos de la época (ya lo habíamos señalado en la segunda parte de este capítulo), conoce bien la teoría freudiana y los desarrollos que se estaban produciendo.

Justamente por ello podemos comprobar la penetración de las concepciones de época en la elaboración de los pensadores, no sólo de los psicoanalistas. Estar por fuera de las limitaciones de los desarrollos culturales en que se está inmerso se da sólo en forma excepcional. Recordemos a Fairbain haciendo notar que Freud, al utilizar el modelo físico que escindía la energía del objeto para caracterizar a la representación y al afecto, quedaba condicionado por un conocimiento de época. Estas cuestiones las podemos apreciar cuando Cárcamo, al referirse a las patologías sexuales, utiliza concepciones acerca de las mismas que en la actualidad se plantearían de otra manera, cuestión que para nada significa que en esta época no estemos condicionados de la misma forma. Seguramente dentro de unos años, a lo mejor menos de cincuenta, dirán lo mismo sobre las producciones actuales.

Así, Cárcamo nos habla de deformaciones morales, de paralogismo ético de la aberración, al referirse a determinadas elecciones de objeto. Posición que determina la postura del psicoanalista en la investigación clínica y teórica de dichas problemáticas al darle un valor ético, aunque era propio de la época.

Iniciemos ahora un diálogo con Cárcamo a partir de uno de sus desarrollos.

 

Dialogando con Celes Cárcamo

Para este intercambio, con varias décadas de diferencia, nos apoyaremos en el trabajo “Impotencia psíquica y neurosis actual” (4). Escrito en los albores del psicoanálisis argentino, data de más de 50 años, y en él, entre los diversos aspectos que podemos destacar, resaltan los siguientes: un conocimiento acabado del saber psicoanalítico de la época, una capacidad para integrar elementos conceptuales de otras disciplinas que van desde la medicina hasta los desarrollos culturales que se vierten en el análisis de Onán, todo esto junto a un planteo que revisa algunas teorizaciones de ese momento acerca de las neurosis actuales, ubicándolas no como el resultado de una mera disfunción de la actividad sexual actual (sin descartar su capacidad patogénica), sino como el efecto de una estructuración psicopatológica que se expresa a través de las manifestaciones clínicas en cuestión.

La posición sustentada por Cárcamo y expresada del siguiente modo (pag.124): “(…) lo corporal y lo anímico se confunden y unifican en su común raíz psicosomática”, sostiene el desarrollo que va a plantear, pero lo interesante a destacar es que en el escrito encontramos, en germen, muchos conceptos que han adquirido dimensión con ulterioridad.

Veamos: en la página 125, siguiendo la teoría clásica del momento, nos dice: “(…) las neurosis actuales (…) originadas por prácticas sexuales anormales que conducen a trastornos en la economía de la libido”. Resalta de este modo lo que denominamos un trastorno en la tramitación de la pulsión, fenómeno de índole económico, aunque no sólo tal. A la vez nos advierte que: “(…) experiencias posteriores llevaron a Freud a rectificar su concepto sobre la angustia, las que lógicamente hubieran de conmover la noción primitiva sobre la actual neurosis (…) Además, en la primera teoría sobre el mecanismo de la represión y de la angustia no se consideraban los impulsos destructivos, cuya intensificación también es capaz de producir angustia y engendrar por lo tanto los síntomas de las neurosis actuales” (pag.128-9). Agregando: “En cuanto a los mecanismos psicogenéticos de los síntomas actualneuróticos, como el insomnio y la angustia producidos por la abstinencia sexual voluntaria o forzosa, tampoco pueden resolverse con la explicación exclusiva de la acumulación libidinosa y su transformación subsecuente en angustia (…) en la forma ansiosa de la actual neurosis, originada como se cree por el trastorno sexual, faltaría explicar la causa intrapsíquica de la represión que conduce a la imposibilidad de descarga. Al hacerlo disminuye la distancia entre los mecanismos genéticos de la psiconeurosis y de las neurosis actuales.” (pag.133). Inmediatamente concluye que “(…) en todo fenómeno angustioso es menester considerar dos factores fundamentales que condicionan su desarrollo: la estructura del yo y la naturaleza de las pulsiones reprimidas.” (pag.133).

En síntesis, Cárcamo nos plantea problemas en la tramitación pulsional, la participación de elementos agresivos en el cuadro, la insuficiencia de la descripción de los mecanismos intrapsíquicos para dar cuenta de la falla en la descarga pulsional, hecho que se relaciona con la estructura del yo, disminuyendo la distancia entre las psiconeurosis y las actualneurosis. Finalmente trae a consideración no sólo la participación de las pulsiones agresivas, sino que abre el abanico pulsional, como se puede ver en otras partes del trabajo donde refiere la participación de pulsiones pregenitales.

Estos replanteos están dentro del conjunto de desarrollos que ha sufrido el concepto de neurosis actual a lo largo de estos años, considerándoselo como modelo conceptual básico para entender los trastornos psicosomáticos. Aunque es conveniente dejar constancia que a partir de la falla en la tramitación pulsional se han incluido otro conjunto de patologías de difícil clasificación, como por ejemplo: las toxicomanías en sus diversas expresiones, las traumatofilias, las epilepsias, entre otros cuadros, todo esto bajo el nombre de neurosis tóxicas, producto de la estasis pulsional (Maldavsky).

 

Falla en la tramitación pulsional

A partir de determinadas observaciones, las del pensamiento operatorio (Marty y De Múzan), las de la alexitimia (Sifneos y Nemiah), y de los desarrollos teóricos correspondientes, se pudieron establecer ciertas características de un grupo de pacientes, en este caso, psicosomáticos. Adolecían de una falla en la expresión de su mundo afectivo, una relación intersubjetiva donde prevalecía una ausencia de la propia subjetividad, afirmándose la existencia de una patología del preconciente que impedía una adecuada tramitación de lo inconciente.

De todos modos estos valiosos desarrollos no describen más que una parte de una profunda y compleja falla en la tramitación pulsional. Se han hecho variados y ricos aportes en este sentido que apuntan a la disociación mente-cuerpo (Winnicott), a las expresiones pregenitales y arcaicas de la sexualidad (McDougall), y muchos otros, pero es de resaltar la problemática que gira alrededor de la constitución de los afectos, que anclan en el soma y tienen un papel central en la constitución del cuerpo erógeno. Se acepta hoy en día que el mundo representacional no puede dar cuenta en este conjunto de patologías de la libido somática, habiendo cierta discusión sobre la constitución o no de la pulsión, pero la intención en remarcar la problemática de la constitución de los afectos se basa en que estos son los primeros representantes de la pulsión, vinculados a la conciencia originaria y a la vivencia de sí.

Como resultado de una falla en el vínculo materno–filial se produce una desestimación de los afectos, que daría origen a un impedimento en la constitución psíquica de los mismos y dándose sólo su expresión a nivel somático, con el consiguiente trastorno a nivel de la conciencia original y el sentimiento de sí, ya manifestado. Triunfo en el plano pulsional de lo destructivo, según las conceptualizaciones de Cárcamo.

Estos planteos nos llevan hacia dos problemáticas: una ya planteada por Cárcamo que se refiere a la estructura del yo y que la consideraremos bajo el tópico de organización yoica, fijación al trauma y defensa, siendo la otra la vinculada al objeto, también observada por Cárcamo, pero en este caso ya en un nivel clínico y como repetición de patrones primitivos, como veremos más adelante al realizar algunas consideraciones sobre el material clínico.

 

Organización yoica, fijación al trauma y mecanismos de defensa

¿Qué organización yoica se postula como propia de estos cuadros de neurosis actuales que dan origen a las denominadas neurosis tóxicas por imposibilidad de tramitación de la pulsión? La propia del yo de realidad inicial (Maldavsky), aquel que discrimina los estímulos en función de que sean apartables por la acción muscular o no, resolviendo los estímulos internos por alteración interna, sin procesamiento psíquico propiamente dicho.

En este tipo de organización yoica fracasarían los sistemas proyectivos primarios (Sami-Ali) que permiten la constitución de las zonas erógenas y abren a la vinculación con una sensorialidad externa y a un vínculo con el objeto, permitiendo que la consideración de los estímulos como elementos sólo cuantitativos (ritmos, frecuencias, números) pase a ser la de elementos cualificados y por lo tanto diferenciados. Cuando fallan estos sistemas proyectivos primarios persiste un mundo de frecuencias y números.

Por otra parte fracasaría, en la medida que se resuelven los estímulos por alteración interna, la constitución de una vivencia de satisfacción, predominando la vivencia de dolor con la consiguiente huida a todo intento o posibilidad de representación, lugar sobre el cual la libido hubiera debido recaer (la representación-cosa, la representación-cuerpo).

Es aquí donde se plantea una pregunta, ¿porqué se da la fijación al trauma que determina está alteración del aparato psíquico? La respuesta no puede dejar de lado al objeto.

 

El papel del objeto

Los desarrollos actuales nos permiten afirmar que la estructuración del aparato psíquico es solidaria con la interacción con el objeto, lo intrasubjetivo y lo intersubjetivo hacen a la estructuración del psiquismo humano. De modo que los procesos cualificadores, al fin y al cabo de eso se trata (tanto cuando hablamos de la instauración de los afectos, en tanto psíquicos y diferenciados, como de la instalación de las huellas mnémicas que darán lugar a la representación en tanto sean investidas por la pulsión), dependerán en buena parte de la respuesta del objeto primario.

El fracaso de éste en investir al infans favorecerá la fijación antedicha y las consiguientes alteraciones previamente planteadas. Se genera de esta forma un vínculo donde predomina la indiferenciación, lo no cualificado, en un verdadero proceso de desubjetivación, no sólo del sujeto, sino también del objeto. En gran parte respuesta en espejo por parte del sujeto del modo en que fue tratado por el objeto, descripción no valorativa, sino la resultante de un fracaso, aunque sea parcial del vínculo materno filial.

Retomemos en este acápite las afirmaciones de Cárcamo. Nos dice el autor: “(…) Como suele suceder en los matrimonios que realizan el coitus interruptus, en los que sucumbe el cónyuge más neurótico, la mujer (frígida) presentó trastornos funcionales dismenorreicos (…)” (pag.142). A esto debemos agregar que en páginas anteriores, haciéndose solidario con observaciones de Steckel, aporta que aquellos que practican el coitus interruptus como solteros no presentan a menudo molestias, pasándolas a tener cuando se casan.

Creo que en este punto caben las siguientes consideraciones: la pulsión no sólo recibe tramitación intrapsíquica, sino que también se realiza la misma a través del vínculo intersubjetivo, pudiéndose alterar un logro satisfactorio y de modo especialmente notable cuando entran en juego áreas del psiquismo donde participan procesos defensivos, como la desestimación y la desmentida, que alteran en forma significativa el vínculo con la realidad consensuada. De ahí la validez de la observación de Cárcamo que no se limita a plantear la problemática de su paciente, sino que señala la de su cónyuge y no a modo de coincidencia sino, como se infiere a partir de la cita, como un trastorno que hace a la pareja. En  estos vínculos se da una repetición de procesos arcaicos.

 

A modo de síntesis

Podemos por lo tanto afirmar que en este trabajo no sólo hay un replanteo, para su época, de las neurosis actuales, sino que hay una serie de desarrollos potenciales que se han ido desplegando a lo largo de estos años. Cárcamo deja planteado que no hay tanta diferencia entre las psiconeurosis y las actualneurosis y que ésta debe ser buscada en las fallas del desarrollo psíquico, en la estructuración del aparato psíquico y, además, afirma que no es sólo la libido genital la que está en juego, sino otros tipos de voluptuosidades más elementales, pudiendo apreciarse que la pulsión no sólo se tramita intrapsíquicamente sino también intersubjetivamente. En estos sentidos se ha dirigido la investigación psicoanalítica y todo esto ha devenido en conceptualizaciones que permiten una cada vez mejor comprensión de las patologías, no sólo la psicosomática, sino otras como las toxicomanías, las traumatofilias y las epilepsias.

Este trabajo es un reflejo de la riqueza y del potencial del pensamiento psicoanalítico argentino en sus inicios, pensando con amplitud la teoría desde la clínica.

1) Cárcamo, Celes E. Mecanismos patogénicos de impotencia psíquica masculina (1942) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psiquiatría y Criminología. Año VII, N°39 Setiembre-Octubre 1942, Bs As Ed. Celta 1943

2) Cárcamo, Celes E. La serpiente emplumada (1939) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis. Año I, N°1,1943 Bs As

Publicado en la Revue Francaise de Psychanalyse I-III, 1948

3) Cárcamo, Celes E. Imagen del mundo en la América aborigen (1943) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis. Año I N°2, 1943 Bs As

4) Cárcamo Celes E. Impotencia psíquica y neurosis actuales (1944) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis, Año I N°3, 1944 Bs As

5) Cárcamo, Celes E. y Marie Langer Psicoanálisis de la esterilidad femenina (1944) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis, Año II, N°1 1944, Bs As

6) Cárcamo, Celes E. Contribución psicoanalítica al conocimiento de la jaqueca (1944) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis, Año II, N°4, 1945, Bs As

7) Cárcamo, Celes E. Estado actual del psicoanálisis (1945) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Resumen publicado en Homeopatía XIII, 26, 1945, Bs As

8) Cárcamo, Celes E. La angustia en las cardiopatías orgánicas (1946) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Psicología Médica, Vol. V, N°2, 1980, Bs As.

9) Cárcamo, Celes E Higiene mental y vida familiar (1951) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Psicología Médica, vol. IX, N°1, 1987, Bs As.

10) Cárcamo, Celes E. Psicodinamismos del proceso analítico (1954) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Acta Neuropsiquiátrica Argentina, 2, 1956 Bs As

Publicado en Psicología Médica, vol. II, N°1, 1975, Bs As.

11) Cárcamo, Celes E. Psicoterapia de las anomalías sexuales (1954) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992. en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Problemas de Higiene Sexual. Ed. Compañía Impresora Argentina, 1956, Bs As

12) Cárcamo, Celes E. Técnica de psicoterapia breve (1956) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Acta Neuropsiquiátrica Argentina, 2, 1956, Bs As

13) Cárcamo, Celes E. La psicoterapia (1959) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en La Prensa Médica, vol. 46, n°24, 1959, Bs As

14) Cárcamo, Celes E. Concepto psiquiátrico de las enfermedades digestivas psicogenéticas (1959) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en las actas del V Congreso Argentino de Gastroenterología. Editorial Interamericana de Argentina y Editorial Viracocha, 1960. Bs As

15) Cárcamo, Celes E. El concepto de neurosis (1961) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Psiquiatría IV 1, 2, 3, 4, 1961, Bs As

16) Cárcamo, Celes E. El suicidio (1978) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Iatria Año 49, N°170, 1978, Bs As

Publicado en La Semana Médica. Año XCIV, N°5444, Tomo 171, 1987, Bs As

17) Cárcamo, Celes E. La medicina moral (1979) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Psicología Médica, V, 2, 1980, Bs As

18) Cárcamo, Celes E. Medicina antigua y psicoterapia (1984) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en Psicología Médica, IX, 2, 1989, Bs As

19) Los pioneros Entrevista a los fundadores (III): Celes E. Cárcamo (1984) en Revista de Psicoanálisis, tomo XLI, N°6,1984, Bs As

20) Cárcamo, Celes E. El drama de “Gurí” (1988) en Escritos, Ediciones Kargieman Bs As 1992.

Publicado en la Revista de Psicoanálisis, tomo XLVI, N°1, 1989, Bs As

21) Haydée Faimberg Obituario (1990) en Revista de Psicoanálisis, tomo XLVII, N°1, 1990, Bs As